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martes, 24 de mayo de 2011

Hija de la verguenza


Convivo con una mujer de 84 años que me hace partícipe de su historia. Rememora y se rememora en una retrospectiva que pone ante mi una cultura y una educación fuertemente determinantes en la construcción de su personalidad y en su modo de vivir: sus prioridades, sus elecciones, sus renuncias; su modo de amar, sus creencias, sus juicios sociales y morales. Sus conductas,  su mundo emocional, su forma de percibir la realidad, a si misma y a los demás, pasan por dicho tamiz cultural que parece haber sido inciso a fuego durante su infancia. Toda ella, en suma, responde a un rígido molde concebido como la verdad y punto (ya sabemos, antaño la verdad existía inamovible). Certezas dictaminadas por padre y madre, figuras indesmentibles y endiosadas con el telón de fondo de una sociedad de la cual ellos mismos fueron inequívocos espejos. Sumisión e ingenuidad parecen confabularse en este dogmático aceptar lo impuesto. Intransigencia y segregación a todo lo que se escape de esa horma, sus secuelas. 


Evidentemente todo individuo carga con sus propios condicionamientos educacionales y culturales, en toda época y en todo lugar. Pero, sin duda -al menos en el terreno de lo íntimo y de la construcción del si mismo- la posibilidad de rebelión, de autodeterminación, de mayor discernimiento ante las imposiciones socioculturales, hoy existe mucho más que antes. 

La cultura a la cual esta octogenaria pertenece, puede abreviarse sobre todo para el género femenino en un sólo sentimiento de base: La Verguenza. Culpa y miedo son sus incondicionales aliados. Como todo concepto, su significado posee diversas variantes, desde su definición convencional en el diccionario de la Real Academia de la Lengua "la turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena", pasando por la acepción filosófica, con Aristóteles: "la verguenza y el rubor son indicios irrefutables de la presencia del sentimiento ético", hasta su sentido en cuanto afrenta, humillación, deshonra, abyección, infamia, ultraje, escándalo, degradación... la naturaleza humana contempla la verguenza como un componente innato, en su justa medida positivo y necesario, asociado a la conciencia de los propios actos y al comportamiento de los demás; funciona -por tanto- como un regulador social. Baste observar como constitutivamente, niños y niñas pasan por la edad del rubor, esa en donde se esconden tras la madre cuando alguien les saluda y baste también recordar experiencias personales en donde la piel del rostro se nos ha transformado en un tomate. ¿Y quién, salvo un psicópata, no se ha avergonzado de si mismo sintiendo remordimiento ante una negativa acción que ha causado daño?. 


Mas, La Verguenza a la que aludo es de otra índole;  se trata de la conculcación absoluta del derecho a equivocarse, es la supremacía del enjuiciamiento, castigadora y correctiva a priori de las actitudes o situaciones  reprobables, un "parche ante la herida" que no hace más que reconocer lo humano para enseguida negarlo. Instituida como una forma de crianza, como una manera de edificar el Ser Femenino; imagen y autoimagen de "La Mujer", estereotipo creado para el estereotipo masculino también artificioso e inducido. Conjeturo responde a la costilla adánica, la manzana aquella, la expulsión famosa y a todo el andamiaje que a partir de aquello se alza. Y como nadie calza en una plantilla forzosa y como dicho calce es considerado lo correcto, la primera verguenza es, precisamente, esa constatación: no calzar. Lo que sigue es disimular, ocultar, cercenar y reprimir: la raíz de una sociedad fundada en el doble estándar y en las apariencias. Guardarlas a toda costa, termina siendo más importante que, efectivamente, responder a las exigencias del modelo. Fingir para evitar el que dirán, parecer en vez de ser; que nadie se percate de alguna individual diferencia, que no se note tal o cual sentir censurable, que no se sepa de determinada enfermedad o de un matrimonio mal habido o de un bastardo... que no parezca que algo en la propia vida no anda como dios manda.  


Es lo que le enseñaron. Buena alumna y obediente, lo aprendió al revés y al derecho e intentó como todos y todas -hoy, ayer y siempre- buscar la felicidad en medio de una estructura apabullante. Para ella, tan distinta a mi, todo mi respeto.

lunes, 18 de abril de 2011

Venenosa Amargura


" La tristeza, un apetito que ninguna desgracia satisface". E.M. Ciorán


Cuando la alegría de los demás genera rechazo y malestar, cuando es imposible aceptar que la persona "amada" ame a su vez a otros, cuando la capacidad de disfrute está considerablemente mermada o anulada por completo, cuando todo se vivencia como una carga y una obligación y el aprecio se manifiesta desde la angustia y la preocupación; cuando el pesimismo, la crítica intolerante y la negatividad cunden, cuando -en suma- siempre la mancha en el cristal por más ínfima que sea, es poderosamente más visible que el  vasto y transparente espejo, estamos ante La Amargura. Sus tóxicos son dramáticamente corrosivos: carcomen sobretodo a quien los segrega y también a quienes se ven emponzoñados por dichos efluvios; pueden horadar hasta los afectos más leales y férreos, mortifican y destruyen cualquier convivencia. Una ingratitud ciega que no ve ni dones ni dádivas convirtiendo en acre, agria y áspera a la existencia. 

Las emociones no son ni buenas ni malas, son. Y son constitutivas de nuestras fuerzas vitales: alma y mente. Mas, han de ser como las olas del mar para que cumplan su  labor de modo benéfico. La enfermedad emocional sobreviene cuando ese oleaje pierde su connatural movimiento y en vez de ese ir y venir, de ese arribar intenso y su posterior y drástico alejamiento; el agua se estanca, se empoza, se detiene y permanece; allí, entonces, se ensucia, se enturbia, y termina pudriéndose. La Amargura viene a ser como una cisterna que contiene a un brebaje concentradísimo de emociones destructivas que se han transformado en una forma de ser, de sentir y de vivir. El engendro nacido de arraigados resentimientos, de crónicos egoísmos y permanentes envidias y codicias.  

Si las palabras fueran pájaros de desplegadas alas podríamos decir que con una de ellas tocan el  anverso de un  significado y con la otra su reverso. Así, pasión, por ejemplo, se posa tanto en el placer como en el sufrimiento y Amargura nos muestra su rostro de rencor y destrucción tal y como nos lleva a su dolorosa génesis: tristeza y sufrimiento. Sinsabores, disgustos, aflicciones, tormentos y desconsuelos; desengaños, tribulaciones y pesares. Consternación... como si sobre la vida se hubiese colocado un negro velo que no permite despojarse de aquel luto para apreciarle. 


Claramente todos y todas la hemos experimentado. Esta Eva, hace años y durante años, tuvo a La Amargura pisándole los talones hasta que comprendió que la aceptación -de si misma y de los acontecimientos-, el reconocimiento de lo bueno, de lo recibido y lo otorgado; la plena conciencia de ser el daño una experiencia que se soluciona en el adentro y que desde ahí mismo se imposibilita o se invalida -sean cuales sean los hechos externos y por más funestos que parezcan- hasta que entendió que siempre hay salida aunque lo percibamos como un imposible en determinado momento, hasta que discernió que lo fundamental es la disposición interna que se tenga día a día: o soy una amargada o me acerco a la felicidad lo que más pueda y constantemente. Siento que la esencia de mi Ser, esa que parecía condena, fue mi salvación y creo que hay naturalezas más proclives a La Amargura o, si se quiere, más amargadas por naturaleza: aquellas personas que consideran que su modo de percibir y de actuar es el correcto, hiper-estructuradas, inflexibles y rígidas, por tanto cerradas a la constante transformación que es la vida misma. Personas que confunden amar con poseer, personas que esconden en vez de develar, personas que se irritan porque las "cosas" no son lo que ellas quieren o pretenden, personas que desean privilegios y derechos y no están dispuestas a la entrega y la renuncia.


La Amargura es un Punto Muerto dentro de la Vida. Estancado (y estacado)  en la muerte, sin posibilidad de resurrección. No es una muerte que traiga más vida como es la muerte en su esencia. Es una muerte en vida porque mata al amor, el amor hacia si mismo/a y, por ende, la bella opción de amar a los demás.  


E.M. Ciorán.

"Si exprimimos el cerebro de un loco, el líquido obtenido parecería almíbar al lado de la hiel que segregan algunas tristezas"

miércoles, 13 de octubre de 2010

Diga 33... no caiga en el engaño.

No sé de a donde vendrá esta pequeña frase  ampliamente divulgada en Chile: "diga treinta y tres", refiriéndose a lo que un mítico galeno solicita a su paciente para ver si pulmones y bronqueos funcionan como corresponde.  Es un lugar común  la imagen del torso desnudo del paciente y la del doctor  aplicando el estetoscopio en la espalda del enfermo repitiendo "diga 33". El número en cuestión, a partir del momento en que el derrumbe de la mina San José dejó sepultados, precisamente, a 33 trabajadores mineros, ha adquirido un mega cariz que ha traspasado idiomas y fronteras.  Comprendo y comparto que el haber sacado con vida a estos hombres sea una alegría para todos, sobre todo en esta humanidad donde cunde la muerte y donde los noticieros llaman continuamente a la impotencia y a la desesperanza. Admiro el ejemplo que estas personas han dado en cuanto a su resistencia mental, emocional y física así como la lección de compañerismo y organización colectiva que han mostrado en este tiempo bajo la tierra.  Espero que se mantengan firmes en el mensaje que enviaron desde la oscuridad  y que es lo único cuerdo que he escuchado hasta ahora: "somos mineros, no somos ni divas ni estrellas de rock". 


Lamento con este post quitarles a muchos la ilusión de estar ante una nación que en el poto del mundo funciona de manera tan eficaz, virtuosa y altruista, excelente propaganda para la imagen-país, pero bajo ningún punto de vista una realidad nacional. 


Estos ya famosos 33 se supone representan a los mineros de Chile. Yo, tras todo lo ocurrido, me atrevo a aseverar como chilena que soy, que no los representan para nada. Si hubiesen muerto en el silencio o hubiesen sobrevivido algunos días a duras penas en la oscuridad y en el desamparo, si sus estertores hubiesen sido finalmente deglutidos por las entrañas de la tierra, si nunca nada hubiésemos sabido de ellos, si las familias hubiesen enfrentado esta tragedia en soledad sin  haber obtenido ni media línea en la prensa escrita y mucho menos alguna mención televisiva, si hubiesen llorado anónimamente sus pérdidas, si hubiesen sido tramitados por la burocracia estatal sin compensación alguna y, finalmente, desterrados  al olvido también en el anonimato, entonces sí podríamos asegurar que reflejan no sólo la situación de los mineros en su conjunto si no también la de todos/as los trabajadores/as y profesionales en las más diversas áreas, que soportan a diario condiciones laborales inhumanas, excesivas e injustas. Porque esta situación límite no es la única situación límite que existe (estamos repletos de situaciones límites cotidianas que no son noticia) es la más límite en tanto es la muerte la que ronda y ronda por la negligencia de los dueños de esta mina y ronda ante la vista de la ciudadanía lo que impide hacer la "vista gorda" como se hace sistemáticamente frente a innumerables abusos, malos tratos y prácticas corruptas. Si esto no fuera así no hubiese sucedido esta desgracia. Pero esto ha sido extremado, extremadamente evidente, extremadamente visible. Demasiado como para resistirse a sacar provecho. Demasiado como para no transformarlo en producto de exportación.


Lo que históricamente ha sido el destino minero en nuestra patria está en el polo opuesto del trato privilegiado que se le ha dado a estas 33 personas que no son héroes si no víctimas. Con ello no quiero decir que no sea lo apropiado la atención y los cuidados que se les ha brindado, digo que aquello está en la antípoda de la conducta gubernamental y social que se ha sostenido continuamente ante el oficio minero y ante los asuntos laborales en general. Al parecer hay que estar muriéndose colectivamente y ante la inevitable mirada del planeta para acceder a un trato honorable. Ha sido tanta y tan desmedida la publicidad épica que se ha realizado en torno al suceso, que, finalmente se olvida la homicida y denigrante condición en la que estaban trabajando estos mineros, y en la que ahora mismo continúan trabajando mucho más que 33 personas a lo largo y ancho de este país. Convertirlos en héroes sirve para enterrar bajo la tierra la realidad de víctimas de un sistema que sí representa a una mayoría en Chile.


La eficiencia tecnológica y política con la que se ha abordado esta contingencia, eficacia que, es cierto, ha salvado las vidas de estos hombres,  pero que además y sobre todo es un capital electoral para el actual gobierno, ha pemitido que haya caído un  manto de mutismo en torno a lo importante.  Lo importante es que existan a la brevedad cambios profundos en el trato y en las medidas de seguridad que los empresarios mineros dispongan para sus faenas, lo importante es que los miles  - no los 33 -  los miles que han entregado, entregan y entregarán su vida a las minas de nuestro país, extrayendo el llamado sueldo de Chile, trabajen en las condiciones adecuadas que impidan, entre otras situaciones, ser aplastados por la tierra. Lo importante es que los dueños del capital  tomen conciencia de su deber y responsabilidad ante  sus trabajadores, lo importante es que se les sancione con el rigor correspondiente si hacen caso omiso del respeto que han de tener para con sus empleados, lo importante es que asuman que no es correcto enriquecerse con el lema del "todo vale", que no pueden llenarse los bolsillos infringiendo normativas legales y éticas, que no tienen el derecho de acumular riquezas poniendo en riesgo la salud y la vida de sus trabajadores. Lo importante es que el Estado regule y fiscalice como corresponde sin hacerse cómplice. Ese debiese ser el debate, la conversación privada y pública y no el llanto de tal o cual, no las imagenes de los mineros haciendo tal o cual cosa en las profundidades, no la morbosidad farandulera, no las invitaciones a estelares de la televisón, no los medios que como hordas se avalanchan encima, no el dinero ni los beneficios diversos que ahora se ofrecen a destajo. Lo que estos 33 mineros representan es la victimización de los trabajadores bajo la codicia y el egoísmo de los empresarios. Ese es el tema.

La muerte, la invisibilidad y la orfandad con la que durante siglos el oficio minero se ha ejercido, irrumpe con fuerza ante el alma de quienes no caen ni en las argucias ni en las manipulaciones políticas ni en el engaño mediático.  A partir del Siglo XVI y en manos de los conquistadores españoles comienza la historia de la minería en Chile mediante la explotación de los lavaderos de oro, luego vendrán la plata y el cobre. Desde allì comienza a gestarse el enriquecimiento de unos pocos basado en el arduo y esclavizante trabajo de unos muchos. Posteriormente vendrá la "gloria" del salitre que, a parte de llenarle los bolsillos, nuevamente a unos cuantos, nos trajo como regalo una guerra que tiene secuelas hasta el día de hoy con nuestros hermanos peruanos y bolivianos.  


¿Cuando había habido tanta preocupación por la alimentación saludable y equilibrada de un puñado de chilenos si la mayoría vive con un sueldo mínimo que alcanza para tallarines, papas y arroz y para la mitad del mes?, ¿cuando tanta tecnología de punta al servicio de unos obreros?, ¿cuando tanta preocupación por la salud de las personas si los consultorios no dan a basto, si  la posibilidad de acceder a un especialista puede demorar meses y también años, cuando tanta atención a la salud mental y emocional de unos trabajadores, si  éste no es un tema que esté en la agenda pública y para atenderse con un psicólogo sólo existe un requisito: dinero?. Se me retuercen los intestinos al pensar que a lo mejor habrán algunos o muchos que en estos momentos se recriminan por haber salido ilesos del derrumbe. La desgracia se transforma finalmente en un golpe de suerte. Los 33 se han sacado la lotería, un premio mayor que les cambiará la calidad de vida y abrirá sus expectativas impensadamente. Ni con el trabajo de toda una existencia, un minero chileno podría aspirar a lo que estos 33 afortunados accederán de ahora en adelante. Se me retuercen también sabiendo que los estrujarán a más no poder sacándoles sus vivencias para venderlas al mejor postor, se me retuercen porque los homologo a esas pobres creaturas encandiladas por la fama y los honores, después de haber salido de un reality show.  Ruego al Altísimo para que estos 33 mineros no olviden quienes son ni porqué llegaron a vivir esta dura experiencia, ruego para que no caigan en la trampa, ruego para que los responsables directos de este drama no salgan libres de "polvo y paja" y ruego para que se legisle y se tomen las imprescindibles medidas que se requieren urgentemente. Ojalá, terminado el espectáculo, algo cambie.


Por favor diga 33 y  no escuche necias algarabías diseñadas para el ego del gobierno y para el negocio de los medios masivos, diga 33 y escuche la enfermedad de los pulmones y bronqueos de Chile.


PD: Tras el terremoto y maremoto de febrero aún existen miles de personas que en solitario sufren por lo perdido y esperan las ayudas gubernamentales prometidas. Ya no son noticia. Los desplazados de Chaitén debido a la erupción del volcán permanecen luego de años en situaciones muy complejas. Ya no son noticia. Nuestros pueblos originarios esperan desde hace siglos, los pobres de este país esperan día a día. Pero no son situaciones que devengan dividendos de ningún tipo, por el contrario, es el feo y sucio rostro de Chile. No son noticia. 

viernes, 8 de octubre de 2010

Mismidad y Otredad : Con Vivir

 
"Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres el espejo y la réplica
de quienes no alcanzaron tu tiempo
y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra."

Inscripción en cualquier sepulcro.
Jorge Luis Borges. 


La convivencia mata, reza una sentencia popular referida a como el enamorado nexo entre dos personas, suele fenecer en el convivir cotidiano. A partir de lo más prosaico y práctico hasta lo emocional y lo más constitutivo de cada cual, pasando por los códigos sociales y culturales que condicionan nuestros pensamientos y conductas, se configura un entramado de conflictos y desencuentros donde el sentimiento de unión, de concreción del nosotros, cae atrapado y zozobra. Sin embargo y a pesar de este impedimento que muchas veces termina por convertirse en absoluta imposibilidad, el anhelo del otro viene a ser tan fuertemente inherente a nuestra naturaleza, como el yo y su ego que complejiza su alcance. Es esta contradicción el desafío de toda convivencia y dicho reto se libra en un campo de batalla donde, en suma, despejando del asunto a un sinnúmero de factores de múltiples índoles que tienen aquí implicancia, yendo al hueso, donde se enfrentan dos pulsiones innegablemente humanas: el amor y el egoísmo. Y son estas mismas fuerzas vitales presentes en el amor erótico, las que rigen las dinámicas en todo tipo de vinculaciones  incluidas las relaciones entre países y lo que podríamos denominar la convivencia planetaria.

Que puede llegar a matar, que duda cabe. A diario somos testigos del fracaso en la conciliación de lo uno y de lo otro, tanto en lo privado como en lo público, en lo individual como en lo colectivo, en lo nacional como en lo mundial. En definitiva, ¿qué es una guerra si no la victoria de un máximo egoísmo?, ¿Y la pobreza y su hambruna, los abusos y las discriminaciones, la vulneración de derechos, las injusticias e inequidades?. Mala convivencia, más bien, ausencia de ella, reino egoísta que trae sufrimiento y degradación. Si revisamos la historia de la humanidad, podemos percatarnos como, en gran medida, hemos escrito la historia del egoísmo humano. ¿Por qué, desde nuestros albores, tan escaso ha sido un armónico acuerdo, un convivir entre el si mismo y el ser de los demás? ¿Por qué si entre ambas partes existe un fundamento ontológico que los destina a unirse para completarse y significarse?. El individuo, ese ser producto de la escisión con la totalidad, como tal, esencialmente solo y fragmentado; los demás: esa totalidad perdida. La contrariedad se produce al olvidar que la toma de conciencia de la propia individualidad sólo se produce al constatar el existir del otro, es a partir de lo que no soy yo, de la presencia de lo ajeno, que me descubro y delimito como un aparte. Descubrir la Otredad, entonces, permite la revelación de la Mismidad, y en la fraternidad de ambas se trasciende la pérdida de Unidad del Ser. Ese es el tremendo obsequio que el convivir puede otorgarnos. Esto, dice Octavio Paz es un acto que exige ante todo generosidad, desprendimiento que nace cuando vemos y sentimos a los otros como lo que son: mis semejantes escindidos, que al igual que yo, van en busca de la totalidad perdida de la cual también soy parte. 

No en vano la palabra Con Vivir se nos muestra gráficamente como un signo unitivo, de alianza, de convivencia precisamente entre dos partes que al solidarizar entre ellas, que al enlazarse amorosamente, permiten la germinación de un sentido para la vida, un sentido que trasciende el autárquico espacio del yo abriéndole horizontes en, para y con los demás. De aquí surge la paz y las ilimitadas posibilidades evolutivas de nuestra especie.


Con este post me sumo a la iniciativa Convivencia pues en el sumarse y en el participar hay un paso que nos acerca al Con Vivir.

viernes, 1 de octubre de 2010

La bolsa Y la vida... De Evas y Carteras


Tras haber sido expulsada del edén, tomó su cartera, echó unas cuantas manzanas y se largó. Quizás se le quedó la hoja de parra pero la cartera no. Y probablemente en ese instante miró a la serpiente, deshollada se la imaginó y fraguó la idea de un nuevo modelo con su pellejo provocador. Difícil concebir que esta Eva anduviese por la existencia sin este adminículo femenino por antonomasia,  aunque fuese para echar hojas y guijarros cono hacen las niñas/os, aún más a la hora de salir del que era su hogar ,para ganarse el pan con el sudor de su frente. 

La innata condición "faber" - fabricante, hacedor de cosas - de la especie humana, prontamente creó un mundo de objetos que aunaron lo utilitario con lo ornamental buscando que diseño y función se aliaran en su beneficio, satisfaciendo así necesidades de toda índole. La construcción de civilización y cultura si bien se enraiza en paradigmas inmateriales, evidentemente se sustenta y encarna en productos concretos. Cabe conjeturar que ya en los orígenes nómades contar con "algo" que permitiese trasladar lo recolectado, transformó a ese bolso o alforja o cartera primigenia en un artículo de primera necesidad que, a partir de ese momento, nos acompañó en la construcción de nuestra historia y del cual, la mujer se fue apropiando, hasta hacerlo parte de su más íntima y cotidiana identidad. Evidentemente su funcionalidad explica este apego, sin embargo éste trasciende con creces el mero uso que de ella hacemos. Baste ver -si es que te lo permite- que lleva una mujer en su cartera, para acceder a un conocimiento que excede lo pragmático y lo doméstico. Nuestro género se expresa allí en todas sus diversas gamas, en lo que nos asemeja y en lo que nos diferencia. Las carteras de las Evas son tan disímiles, variadas y versátiles como nuestros cuerpos, rostros y temperamentos. Como nuestra crianza, nuestro suelo natal, nuestras creencias, nuestra raigambre social y económica. Las hay para distintas ocasiones, artesanales o industrializadas, de innumerables tamaños, formatos y materiales, y siempre tenemos alguna que es la regalona aunque no sea ni la más nueva ni la más linda ni la más fina. Se puede tener una por un poco más de lo que vale un kilo de pan y existen otras que cuestan más que el sueldo de la mayoría.

Para descubrirnos en virtudes y pecados nada mejor que hurgar en nuestras carteras, por ello que otras manos la revisen es un ultraje y, aunque tengamos el debido permiso, que las nuestras irrumpan en dicho espacio privado, siempre provoca una extraña y agitada sensación. Es una tragedia que nos "cartereen", lo que en Chile, en el lenguaje del hampa significa robar carteras o elementos guardados en ella sin que la dueña se percate; experiencia ésta última aún más traumática que el vernos despojadas explícita, radical y definitivamente de ella. Eso de constatar más tarde que nos han violado sin que ni nos diéramos cuenta  es altamente perturbador. La amenaza de "la bolsa o la vida" viene a ser una absoluta contradicción en tanto vivir sin bolso es un despropósito imposible y vida y cartera parecen homologarse en el inconsciente colectivo femenino cual arraigada categoría ontológica. Es: la bolsa Y la vida o  inconcebible la vida sin bolsa. 

Prototipos de caracteres y costumbres pueden inferirse según el conjunto de cosas que se albergan en una cartera, la cantidad de las mismas, la presencia de lo innecesario y/o lo imprescindible, la organización o el desorden que en ella reinen. En mi caso particular, cada cierto rato siento la irrefrenable necesidad de ordenarla y limpiarla, suelo acumular papeles, desde boletas a las cuales no daré ninguna utilidad hasta documentos importantes. Ella es el primer lugar al que recurro si se trata de encontrar algo perdido y el sitio más seguro para guardar algo importante. Cuando mi mente se ensucia y se atiborra, el ritual de asear mi cartera pareciera me ayudase para reencontrar el centro. 

Desde su exilio del paraíso hasta la fecha, Eva con su cartera a cuestas,  ha recorrido muchos caminos, ha sufrido fuertes dolores, abusos y pérdidas, ha parido seres que perpetuan la especie, ha sido quemada en hogueras, discriminada y ninguneada,  se ha transformado y ha provocado enormes transformaciones, ha luchado, se ha empoderado e independizado y  así, hoy por hoy, ya no sólo es dueña de su bolsa personal si no también maneja carteras de clientes, carteras de proyectos y carteras ministeriales.
Nuestra cartera siempre tiene una doble faz, una dual significancia que la define: es un contenedor a la vez que también es lo que contiene. Cuando decimos "mi cartera" señalamos no sólo su aspecto físico, lo que ella es independiente de nosotras, también nos indicamos a nosotras mismas en tanto somos las pertenencias que ahí guardamos, desde lo que cada cual considera indispensable para el día a día, hasta fetiches de nuestro mundo emocional, nuestras vivencias y afectos. Quizás esta naturaleza contenedor-contenido, reminiscencia uterina de nuestra psique, explique la honda ligazón que tenemos con este objeto.

domingo, 16 de mayo de 2010

"Una Idea, Mucho Arte": Creatividad a toda prueba.






En  un planeta hipercomunicado que a la vez y paradojalmente sufre de una hipertrofia en las relaciones humanas, aquí, donde cunde el aislamiento y la individualidad exacerbada, el  más loable resultado que pueda esperarse de la tecnología que la blogósfera nos ofrece, lo constituye la conformación de espacios comunitarios donde converger desde intereses, inquietudes, búsquedas y oficios comunes.  Una Idea, Mucho Arte  es un blog que, precisamente, convoca a la construcción colectiva y participativa de un reducto virtual donde la creatividad bulle y se expresa en toda su esencia: versátil, dinámica, emprendedora, libre. Creativo es el método mediante el cual se invita a pintar a los pintores/as, creativas las propuestas que acuden a dicho llamado, diverso, heterogéneo y múltiple el entramado visual que -de este modo- se va conformando... espejo de la esencia del Arte.
Cual si de una pintura por encargo se tratara, se plantea un pie forzado (hasta el momento se ha trabajado con fotografías y un texto) y a partir de allí, los artistas realizan sus proposiciones plásticas con total albedrío pero sin olvidar los límites de este juego: las imágenes o las palabras de base han de presenciarse de algún modo en la nueva obra que surge de ellas. Desde lo mayormente explícito e imitativo hasta lo menos manifiesto; interviniendo, sintetizando, fragmentando o tergiversando en demasía o minoritariamente; el punto es que han de contenerse siendo así mismo, distintas. El "como" se logra dicho objetivo, abre el infinito espacio de la creación, distingue a cada participante y siembra identidad en cada una de las obras, tal y como puede constatarse  no tan sólo en la pluralidad iconográfica que surge desde un idéntico basamento, si no también en lo disímil que pueden llegar a ser estas recreaciones. Es, trabajo de taller en suma, que, como tal, ofrece numerosos beneficios a los artífices: la práctica sistemática del oficio, el rigor necesario para abordar variedad de motivos y temáticas huyendo del encasillamiento "de lo que ya se sabe hacer" y de las fórmulas previamente encontradas, inventiva para solucionar plásticamente los distintos desafíos que cada modelo propuesto conlleva y así mismo permite profundizar en un estilo propio como también experimentar otros hallazgos estéticos, otros materiales, otras técnicas. Esta praxis además se ejerce en compañía y no en solitario, es decir teniendo la oportunidad de apreciar los resultados de los demás participantes generándose una retroalimentación invaluable. Un artista, en este contraste -mi obra/las otras obras- accede a un enriquecedor aprendizaje. 
Entonces, no estamos frente a una mera exposición de pinturas ni ante un museo que nos muestra sus colecciones; Una Idea... es una pinacoteca viva, en constante expansión, así como un soporte difusor del quehacer pictórico de artistas actuales en plena producción, oriundos de distintos países, internautas de nuestra blogósfera.
Este original lugar, también ha incorporado en su tarea a la Crítica de Arte, asunto éste de fundamental importancia considerando que, si escasos son los espacios donde pintores y pintoras puedan confluir, más exiguos si no inexistentes, los sitios donde coexistan pintura y crítica. Un contrasentido éste ya que ambas disciplinas florecen en esta labor mancomunada y el público recibe una orientación que -más allá de los contenidos específicos- tiende a establecer una actitud para la percepción y apreciación de las obras. Esta convivencia rompe con muchos y perjudiciales prejuicios en torno a la incompatibilidad e incluso rivalidad entre dichos ámbitos,  enaltece el rol educativo de la crítica en pro de los espectadores, quiebra la arraigada creencia en torno a que el trabajo de un crítico consiste en enjuiciar estableciendo de ese modo "lo bueno" y "lo malo", aclara que no se trata de fallar a favor o en contra si no de un acto tan creativo, reflexivo e interpretativo como las propias obras que le ocupan; pues el crítico es ante todo un escritor que se relaciona con el arte poética y ensayísticamente.  La crítica lucha contra esa ausencia de respuesta a la que generalmente suelen enfrentarse los creadores, niega dicho silencio afirmando una posible contestación. En este ejercicio el artista puede o no reconocerse, tomar para si lo que adquiera sentido y desechar lo que estime inútil.
Como participante de Una Idea, Mucho Arte, me permito señalar dos deficiencias que considero habrían de superarse para que este magnífico blog cumpla a cabalidad con su cometido:
- Mayor participación de los artistas que se han ido integrando a este blog colectivo, entendiendo que dicha pertenencia no termina con la entrega de su obra, si no que también requiere de diálogo, debate, conversación, intercambio de ideas, sugerencias y opiniones; es decir que cada pintura que se presente sea un trampolín para ello. De esta manera dinamizamos aún más, aprendemos aún más, creamos aún más.
- Mayor participación del público, lo que presupone quizás una difusión más amplia y/o más certera del sitio, pero, sobre todo implica propiciar el surgimiento de un espectador proactivo y opinante que comprenda que el bello círculo de la creación artística se completa en y con él; que la creatividad no es un talento privativo de los artistas ni está circunscrita a ningún tipo de élite; se trata de una innata cualidad humana que ha de expresarse en la vida cotidiana continuamente, toda vez que nos adaptamos a una situación, resolvemos un conflicto o emprendemos una nueva iniciativa. Podemos vivir o no creativamente, pero dicha capacidad nos es constitutiva y habita en esa zona intangible que nos hace ser más que materia, más que cuerpo. Ser público no significa ser un mero receptáculo, un ente pasivo que observa. Para apreciar el arte, las personas han de recurrir a su propia creatividad ya que apreciar el arte es también un acto creativo.
Les invito -desde esta perspectiva- a visitar Una Idea, Mucho Arte,  sugiero recorrerlo para comprender su mecánica y funcionamiento; estoy segura disfrutarán de sus obras y espero quieran contribuir en la difusión de este novedoso proyecto. Todos los pintores y pintoras que se motiven con este emprendimiento creativo, son y serán siempre bienvenidos.

Les convido también a leer las críticas realizadas en torno a las obras de Santi Aguin, Lucía García, David Rubio y Esther Morales haciendo click en el siguiente enlace. En el blog podrán observar las fotografías que propulsaron la creación de estas pinturas y, en el caso de la última convocatoria, podrán leer el texto que sirvió de motor para la misma.

VIVA EL ARTE Y LA CREATIVIDAD 

viernes, 15 de enero de 2010

El Arte de Amar

 "Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor  como tal no produce amor  y no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, una desgracia"
 Erich Fromm

Este post lleva el título del famosísimo libro de Erich Fromm pues siento que efectivamente el amor requiere de aprendizaje, rigor, creatividad y oficio como cualquier disciplina artística. El enamorarse, sucede. Es instintivo. Sin embargo, el amar, se aprende. Este autoeducarse implica perfeccionar el propio Ser con la rigurosidad necesaria para no desfallecer en el intento; aplacar el ego, desarrollar la aceptación, la empatía, la asertividad; crear permanentes vías de solución a los conflictos, sendas de acercamiento tras las rupturas, estrategias para la armonía y la estabilidad. Es, en suma, la adquisición de un fino oficio. El de evolucionar mental, emocional y espiritualmente; ser una mejor persona. Esta ejercitación únicamente puede realizarse productivamente a lo largo del tiempo. Si nuestra vida amorosa consiste en un ir y venir  de enamoramiento en enamoramiento, jamás encontraremos lo que buscamos, pues en el momento de comenzar a practicar, es decir ante la adversidad y la incomprensión, emprendemos la huída.

Este enfoque puede sonar muy "matapasiones". Pareciera nada tener que ver con las pulsaciones aceleradas del corazón ni con las maripositas en el estómago ni con esa corriente química-eléctrica del fuego y del deseo. Cierto. En apariencia. Pero no tan cierto, ya que no hay nada más destructivo para ese fuego y ese deseo que los enfrentamientos permanentes, el daño que causamos y nos causan, el desentendimiento cotidiano, la mala convivencia. Sin duda, quizieramos que nuestro amor -el que damos y el que recibimos- se perpetuara mágicamente,  sólo con la chispa de la atracción inicial. Sin embargo, a poco andar, comprendemos que hemos de trabajar con nosotros mismos si queremos conservarlo... recién aquí se empieza a amar.

Pero, ¿de dónde surge esta necesidad humana, este impulso que nos lanza en búsqueda del amor?.

De donde mismo nace toda la médula esencial de nuestra vida: la conciencia, y con ella el conocimiento de lo que este autor denomina separatividad. Yo prefiero llamarle: la escisión. Esa que en el relato bíblico se metaforiza como la expulsión del  paraíso ( aunque hayan querido culpar a mi homóloga, la primera Eva). Ser concientes implica sentir que somos arrancados del Todo, si se quiere del Uno; como si una fuerza inexplicable arrebatara a un recién nacido del regazo de su madre.

Tras el amor, siempre, está la cicatriz de este dolor primero. Y como infantes ingenuos y ávidos nos acercamos llenos de buenas intenciones, sentimientos bondadosos y pensamientos virtuosos. Estamos seguros que esa magnífica energía que nos moviliza será inagotable, curará los males y nos brindará la felicidad que añoramos. En el fondo más hondo de nuestro psiquismo, aspiramos a borrar la herida  primigénia, fusionándonos, fundiéndonos con él o con ella para regresar al hogar del que fuimos expulsados. Trágicamente paradojal resulta que esta sed de "cielo", suela convertirse en un infierno.

Plantea Fromm que sólo se ama lo que se comprende... ¿recibimos educación y orientación para aprender este Arte? ¿vivimos en un sistema que nos de ejemplos de ello? ¿antes de amar, sabemos a ciencia cierta lo que esto requiere y significa?. Claramente, no.  Relaciones rotas, infidelidades, tristeza y sufrimiento; violencia y asesinatos son escenarios que en su nombre vemos con frecuencia. O la ausencia de vínculo, un acercamiento al amor superficial y vacuo, un hondo temor al compromiso y a la permanencia. Un pasatiempo, no un arte.

Recuerdo un cuento que simbólicamente nos habla sobre el amor; dice más o menos así:
Una vez un hombre (o una mujer) salió muy temprano a pescar. Su corazón iba lleno de alegría y entusiasmo, el paisaje era maravilloso, ya sacaba cuentas de cuantos gordos pescados lograría atrapar. Comenzó su tarea con mucha dedicación y paciencia, su ánimo y su esperanza no decrecieron aunque el mar estaba reacio a entregarle lo que buscaba. Pasado un largo rato, comenzaron a picar, pero no caía en su anzuelo el especímen que imaginaba y deseaba. Hasta que su espera fue recompensada. Seguro es muy, muy grande pues tira con mucha fuerza -pensó- al tiempo que lidiaba con la caña imprimiendo en ello toda su energía. Tras largos minutos de batalla con su presa pudo ver su preciosa conquista: un gran pez carnoso, uno bello e inusual, enteramente suyo, ganado con el sudor de su frente. Una vez calmada su excitación, terminó de recoger el hilo del carrete y tremenda fue su sorpresa al ver que junto a su trofeo también había pescado a un esqueleto. Sí, un esqueleto. Lo invadió el pánico a tal punto que no le importó abandonar su ganancia, soltó la caña y emprendió la huída despavorido. Pero, sin saber como, caña, pez y esqueleto  quedaron enredados en uno de sus zapatos y por más que intentaba zafarse no lo lograba. Corrió, corrió y corrió sintiendo su tintinear a las espaldas. Dando vuelta la cabeza de tanto en tanto y sin detenerse, veía a la osamenta dando tumbos , desvencijada pero firme sin seña alguna de soltarse; fuesen cuales fuesen los giros que hiciese, corriese por valles o montañas, allí seguía, atrás, con el sonido de los huesos entrechocándose. Del pez gordo y sabroso nunca más se supo. Cuando el cansancio lo venció, entró en una caverna y se desvaneció en un profundo sueño. Al despertar, el atado de huesos estaba a su lado, la calavera apoyada en su hombro, las huesudas manos sobre sus manos... conmovido, abrazó a la criatura musitando amorosas palabras y entonces el esqueleto volvió a la vida, su cuerpo se cubrió de carne y su alma se encendió de luz.



sábado, 5 de diciembre de 2009

INTERNAUTAS: ¡ PELIGRO ! ¡ DESPERTEMOS !

ESTE ES EL PODER Y SUS TENTACULOS CON SU ARTIFICIAL SONRISA DEMOCRATICA Y SUS OJOS OMNUBILADOS.


Escribo este post con pena a propósito de la desafortunada experiencia que vivió Felix Casanova - bloggero al que respeto y estimo y al cual agradezco el cuantioso aporte que realiza a través de "Historias de nuestra historia"- quien, avistando que el proyecto de ley que existe en España relativo al "ordenamiento" del mundo virtual, puede abrir una puerta (¡otra más!) para vulnerar derechos ciudadanos e imponer (¡que raro!) las restricciones, censuras y castigos necesarios en pos de mantener el stablishment, que no es más que la protección a los monopolios y a los macro poderes políticos y económicos; fue el único ¡sí, el único! que acudió a una convocatoria para manifestarse al respecto. Esta misma ingrata sensación la he vivido en carne propia aquí, en mi país, Chile; en función de otros temas sociales a los que me he sumado con pasión, solidaridad y entrega activa para encontrarme finalmente "sola en el desierto". Es ahí cuando una se pregunta si la causa de tantos males y tantos daños en los que se ve sumido el mundo, es del "chancho o del que le da el afrecho". El chancho, evidente, serían todos aquellos agentes de poder que, en todas las áreas, sostienen, defienden y propagan el sistema con todas sus lacras, un animal al que no le gustan las transformaciones socio-culturales ni la evolución mental de los individuos porque aquello lesiona sus intereses, posiciones y ganancias. Y el que le da el afrecho: obviamente penoso, nosotros/as, todos y todas sin excepción al hacernos cómplices del mismo que nos abusa, nos discrimina o decide por nosotros. Lo alimentamos y lo hacemos engordar y robustecerse a costa de nuestra pasividad, nuestra falta de compromiso real y fidedigno, nuestra lamentable tendencia a quedarnos en las palabras y llenarnos de excusas y justificaciones a la hora de dar la lucha en la calle o donde haya que darla. Nuestra ausencia de participación ciudadana y de resistencia  y desobediencia civil adereza al puerco y lo mantiene en nuestra mesa.


¿ Por qué me importa y me afecta la posibilidad que esta ley española sea aprobada? ¿Por qué me importa y afecta que ante ello los usuarios de internet, propietarios de sitios web y de blogs, internautas en general que tenían la posibilidad de asistir en masa a dicha convocatoria para manifestarse, hayan brillado por su ausencia, a pesar que virtualmente todas las voces se hayan alzado y protestado?.

Por tres  razones principales:
1.- Porque Chile, como país "sudaca" que es, dependiente absolutamente de las resoluciones que las naciones "desarrolladas" tomen en todo orden de cosas, anclado aún en la mentalidad de los colonizados, aunque esto se haya maquillado con "progreso" y "modernidad", seguirá inexorablemente los pasos de la "madre patria" en esta materia.

2.- Porque constato que, tristemente, nos hermanamos en las actitudes que perpetúan al poder imperante, que tenemos cero voluntad de cambio, cero voluntad de lucha y cero espíritu de cuerpo.

3.- Porque tengo claro como funciona el poder (que es poder precisamente porque así funciona): mete primero un dedito, una garra disfrazada de dedo democrático y de orden público, y tras ello arremete con todos sus tentáculos.  El control es su norte siempre y el censor es su mejor funcionario,  internet no se escapará de su brutal  intromisión, menos aún habiéndose configurado como un potente aglutinador comunitario, como una poderosa arma en contra de la desinformación y las "verdades" oficiales, como un entretejido de redes que permiten un educador y sano contrapoder civil. Además la creación, la libre expresión, la cultura, la identidad, el conocimiento, y ante todo, la posibilidad de una sociedad internauta comunicada y organizada, son una terrible amenaza para su perpetuación y para sus fines. 


(Que, según el proyecto de ley mencionado, sea el Ministerio de Cultura el estamento coercitivo, censurador y castigador me pone los pelos de punta, es francamente aterrador)

3.- Porque como persona creativa, ligada a las artes y a una sana sed por el aprendizaje y el intercambio de saberes, no quiero que se me cercene, se me atropelle, se me censure, se me impida, se me violente, se vulnere mi libertad y, sobre todo, porque como usuaria de internet tengo derecho a influir y hacer valer mi opinión en las decisiones respectivas a las directrices que nos rijan.  

Si no nos manifestamos con antelación, previendo, avizorando, teniendo lucidez, comenzaremos mas pronto que tarde a ver como nuestro planeta virtual, tan real e irreal como la vida misma, se nos arrebata sin contemplaciones.

Los convoco a  informarse más profundamente en http://felixcasanova.blogspot.com y a escribir entradas  con vuestras opiniones y sentimientos al respecto.

¡ Querido Félix, de nada te sirve, sin embargo quiero que sepas que Eva Magallanes habría estado vociferando en esa plaza !.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La madre del cordero II: Doña Muerte madre de la vida.


Recientemente bípedos, un hombre y una mujer recorren el exhuberante paisaje recolectando jugosos frutos de los árboles, atentos a todos los sonidos, sobre todo a los más imperceptibles se ponen en posición de ataque cada vez que sus aguzados oídos detectan alguna vibración que les parezca nueva. Pero, esta vez, no es un ruido el que hace funcionar sus mecanismos de alerta...  el hedor, penetrante ingresa en sus olfatos. En esta ocasión no se trata del cadáver de un animal. Es uno de ellos. Un ser humano. El cuerpo muerto de un semejante. Y el horror estalla. Estalla pues sus conciencias se iluminan hacia la comprensión de su propio destino. Y dicha verdad es aterradoramente violenta. Tal como ellos, lo que tenemos más a mano de nosotros mismos es la materia que nos hace autopercibirnos como existentes; que dicho material animado pase de pronto a ser un elemento inerte, que se descomponga y se pudra hasta llegar a ser huesos solamente, es una imagen pavorosa sobre todo porque -como plantea el filósofo post moderno Georges Bataille- "... nos arranca de la obstinación que tenemos por ver durar el ser que somos. Desfallece nuestro corazón frente a la idea de que la individualidad que está en nosotros será aniquilada súbitamente... Somos seres discontinuos, pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida. La muerte tiene el sentido de la continuidad del ser." 

Lo que llamamos la muerte, es básicamente, la conciencia que tenemos de ella. Y he aquí la madre existencial del cordero. Y su paradoja, pues la comprensión de nuestra finitud configura el salto evolutivo imprescindible para constituirnos en la especie que somos, mas, dicha constatación se inscribe en nuestra mente colectiva como pánico instintivo y ancestral. Sin embargo, ¿qué hicieron dicho hombre y dicha mujer del origen ante el difunto?. Tras el pánico y el asco, lo enterraron.  Para no verlo ni contaminarse echaron tierra sobre sus despojos. Pero además marcaron simbólicamente el lugar y lo veneraron. A pesar del rechazo que la putrefacción de la carne provocó en ellos, también sintieron que había allí un grandioso misterio consustancial a la vida, como ésta es consustancial a la muerte. Intuyeron que el muerto ha accedido a lo olvidado y por consiguiente lo honraron y crearon a su alrededor una vivencia sagrada, costumbre que pervive hasta hoy día, aunque muchas veces despojada de su sentido más profundo y primordial. El punto es que el horror esencial, da paso a un ineludible diálogo con nuestro sino que hace germinar lo humano, de esta certidumbre surgen los primeros ritos y en ella está la base de las civilizaciones, el mito, la historia y el arte.  Nuestra humanidad se edifica sobre este despertar espiritual. La conciencia de muerte da vida al espíritu. Y es ésta, nuestra radical diferencia con los animales.

Las culturas pre históricas así como las civilizaciones antiguas y paganas se relacionaron con la certeza de la muerte incorporándola en la existencia de manera vital, buscando diversas salidas al asunto y generando a través de ello creación e identidad. Obviando diferencias y peculiaridades, podría establecerse que la visión que se instaló fue circular, vida y muerte como un eterno retorno, inseparables: la muerte no trae más muerte, la muerte llama a la vida como la vida a la muerte, morir es regresar al sitio de donde venimos, la disolución del ego, el paso de la discontinuidad a la continuidad del Ser y con ello, el fin de la escisión y el desgarro.

El establecimiento monopólico de las premisas católicas en el mundo occidental, rompió esta sincronía (no Jesús si no su iglesia). Muy extenso sería detallar este argumento. Cierto es que para muchos/as, dichas premisas y su accionar en la tierra, han caído en un irreversible descrédito. Sin embargo, aunque no nos demos cuenta, cargamos con esa herencia dañiña que se suma a nuestra condición de siervos de un sistema social, político y económico que endiosa al dinero y al consumismo, al exitismo y a la frivolidad crónica. Hoy en día, el miedo se apodera de la humanidad de un modo más subtrepticio y por ello mismo mucho más amenazante. La inevitable propia muerte se asume aparentemente sin grandes conflictos, más bien no es tema y se impide que lo sea, no se le menciona y hasta es de mal gusto referirse a ella, no está viva en la educación ni en la cultura, se le elude porque está cargada de connotaciones negativas y se le concibe como a una antagonista. Es el pánico esencial pero sin salida. Es la perpetuidad del desgarro. El círculo ha perdido su flujo y la energía ha quedado estancada provocando más miedo y sufrimiento.

¿Cómo se expresa este temor silenciado?. Temiendo a todo lo que de un modo nos haga visualizar a la muerte. A esa muerte atentatoria de nosotros mismos que llevamos malamente inscrita. Todo lo que nos signifique pérdida y dolor en la medida que sea. Desde lo más prosaico hasta lo más fundamental. Pero tales pérdidas y tales dolores no son tales si volvemos a comprender y a vivenciar -como en nuestras raíces- que la vida llama a la muerte como la muerte a la vida y que nuestro hondo temor es realmente un hondo canto. Que es un ciclo dinámico como el del alba y el ocaso, como el de los instantes felices y las penas. Basta con observar nuestra historia individual y nuestro transcurrir cotidiano .. ¿cuantas veces hemos muerto?, ¿nuestra búsqueda y crecimiento interior no son acaso una aventura que también va de la mano de la muerte? ¿es que no la experimentamos en el amor, en el erotismo, en nuestra creatividad y en nuestras labores productivas?  ¡la hemos sentido viva muy dentro de nosotros! ¿y con que fuerza y en qué magnitud, la misma muerte nos ha traído a la vida más lúcidos, más grandes, mas fuertes?.

Ante el horror a la muerte se ha levantado una industria poderosísima, otro de los negocios usureros de nuestra sociedad desarrollada: el de la salud. Esta empresa, además, contribuye grandemente a la desigualdad y a la injusticia existentes en el mundo. Por supuesto que no se trata de estar en contra de los avances científicos y tecnológicos que contribuyen a la mejoría de los seres humanos (de algunos habría que agregar) y que nos recuerdan el don de la especie para conocer, descubrir y perfeccionar nuestra naturaleza.  Pero este afán por hacerle el quite a la enfermedad y al dolor, en suma por arrancar de la muerte como caballos desbocados, ha ido adquiriendo ribetes insanos que intensifican la equivocada y perjudicial relación que hemos establecido con ella. La salud resulta ser una suerte de lucha, una oposición, un enfrentamiento entre la vida y la muerte. La mágica energía que ha de reciclarse entre ambas se obstruye. Mientras no se sane ese vínculo y el miedo sea quien lo lidere, seguiremos enfermando tanto del cuerpo como del alma, a pesar de los progresos de la medicina y los adelantos tecnológicos. La raíz de la enfermedad está en ese mismo miedo, adentro de cada uno de nosotros y no hay mejor fármaco ni tratamiento que  sanar la angustia, la violencia, el egoísmo, los excesivos apegos y deseos. La verdadera sanación comienza por casa. La salud y la enfermedad, así como la vida y la muerte están en nuestro espíritu.

Los invito a conversar con Doña Muerte, a darle cabida armónica en nuestra existencia, ella es tan vieja y tan sabia como la vida, no viene de manera antojadiza ni por mero capricho. Su causa es natural pues un ciclo se completa.  Al respecto, mucho tenemos que aprender del pueblo mexicano que de un modo, a la vez  sacro y profano, la integra y la mantiene cerca. Y para terminar recojo una frase del generalmente incomprendido Marqués de Sade: "No hay mejor medio para familiarizarse con la muerte, que aliarla  a una idea libertina".
















martes, 17 de noviembre de 2009

¿Cual es la madre del cordero?

El miedo. El miedo y sus derivados e intensidades, desde el temor más sutil hasta el pavor más horripilante.

La expresión "la madre del cordero" viene a enunciar metafóricamente la raíz de una cuestión, la explicación sustancial, aquello que saca a la luz la significancia más relevante de una situación. Siendo así, reveladoras me parecen las imágenes de madre y de cordero en esta frase. Y como no, si este animalito precioso, especímen infante medio enclenque y asustadizo, emblema de la pureza y de la inocencia, símbolo de la mansedumbre, viene a ser el blanco perfecto para el engaño, el sacrificio, la matanza y la inmolación. Su balido estremece pues parece encarnar al más angustioso ruego de piedad ante el sufrimiento y el acecho de la muerte. Pero, ante todo, representa  el escalofriante sonido del miedo. Y que decir de la palabra madre con todas sus atávicas y permanentes connotaciones: de este modo la matrix, el útero, la causa primera. Seguramente al nacer lo vivenciamos de un modo tan traumante que no quedan registros conscientes de dicha experiencia.

Emoción primordial, instinto básico, asentado en la base del cerebro, el miedo es connatural a la esencia humana. Y necesario. Si nos resituamos en aquella remota época cuando iniciamos nuestro proceso de desprendimiento de la animalidad (la evolución darwiniana), en aquel tiempo del origen en que el ser humano toma conciencia de su ser y de lo que le rodea, cuando hubo de convivir con un entorno prolifero y dadivoso pero a la vez hostil y desconocido, cuando tuvo que procurarse el alimento lidiando de igual a igual con  otros mamíferos feroces igualmente hambrientos, cuando las inclemencias climáticas y los fenómenos de la naturaleza eran grandes incógnitas, inasibles y temerarias, cuando aún sin dios esta entidad emergente pugnaba por sobrevivir guiado por ese impulso de vida con el que fue dotado... sentir temor, experimentar el pánico, no debe haber sido tan sólo una experiencia cotidiana, si no también absolutamente imprescindible para dicha sobrevivencia. En tal contexto, el miedo es una alerta potente ante el peligro que  prepara al organismo tanto física como mentalmente para la reacción adecuada. Coexistir junto al terror y ganarle la batalla debió ser una consigna primitiva. Sin ese horror fundamental, la especie no hubiese pervivido. Así, lo llevamos inscrito en nuestro adn más profundo pero, sin duda hoy, nos relacionamos con esta emoción de un modo muy distinto al punto de haber desvirtuado sus beneficiosas funcionalidades.  Evidentemente, milenios más tarde, otras son las circunstancias. No tenemos que salir a cazar para alimentarnos ni nos apanicamos ante un trueno, como nuestros antepasados prehistóricos. La civilización y con ella el aprendizaje y el conocimiento, permitieron dar mayor tranquilidad y amparo a la humanidad,  Así, la cultura fue atenuando el impacto del afuera en la emocionalidad humana, dando paso a nuestra propia barbarie en contra de nosotros mismos, de nuestros semejantes, de los animales y del planeta. Es cierto que las catástrofes naturales continúan acaeciendo e incluso acrecentándose en respuesta al daño medio ambiental que el denominado progreso ha generado, y es tristemente cierto también que millares en el mundo no tienen cubiertas sus necesidades más elementales; pero más allá de esas realidades, y considerando además que el sistema en el que estamos insertos puede ser tanto más atemorizante, belicoso y desgastador que el cavernícola provocando en muchas personas la sensación de estar bajo una inminente amenaza, en un gran porcentaje, los temores actuales están  vinculados con nuestra interioridad: nuestros propios fantasmas, nuestros traumas infantiles, nuestras debilidades, nuestros círculos no cerrados. La estructura imperante lo sabe y desde allí nos manipula y nos doblega. Se autoconstruye y se perpetua en este caldo de cultivo: en el temor que nos hace mansos y nos convierte en rebaño, el que nos resigna y nos enajena, por el cual los macros poderes de toda índole imponen sus tiranías. El lobo nos engulle día a día disfrazado muchas veces de inofensiva oveja.

Hoy, el miedo, más que activar, paraliza. Más que convocar a la superación del mismo y con ella a la transformación personal y de lo que nos rodea, el miedo hoy nos convierte en entes pasivos que prefieren   aceptar lo inaceptable, que se conforman y se acomodan cobardemente. Lleva a la evasión y a las adicciones. Más que propulsar una acción que nos saque del atolladero, de la encrucijada; se convierte en ansiedad, en stress, angustia y depresión.  Enfermamos de temor y vivimos como corderos degollados. ¿Y a qué tememos?; podría confeccionarse, sin contar las fobias, una lista interminable: miedo a no ser amados, miedo al ridículo, miedo a la gordura, a la vejez, a la enfermedad, miedo a perder el empleo, miedo al "qué dirán", miedo a no cumplir ni con las propias expectativas ni con las de los demás, miedo a perder lo que se ha acumulado, miedo a los delincuentes, a ser gordo, a ser feo, a ser distinto; miedo al compromiso, miedo a la soledad, miedo a sufrir, miedo a ser vistos en toda nuestra humanidad.

Para terminar quiero relatarles una situación de la que fui testigo hace poco, tragicómica por cierto. Un hombre de 79 años se siente algo afiebrado, se toma la temperatura y efectivamente tiene un poco de fiebre, escasos 37.4 grados.  Al cabo de un rato, se coloca nuevamente el termómetro que ahora marca 38.4. El hombre es diabético e hipertenso, ya tuvo un infarto y le extirparon la próstata (nada fuera de lo común en estos tiempos), vive apegado a su bolsa con remedios, mirando el reloj a cada rato para recordar las numerosas ingestas que debe realizar. A pesar de ser éste un estado febril fácilmente controlable con un antipirético común, su señora llama al servicio de atención médica a domicilio al cual están suscritos y que cancelan religiosamente todos los meses. La doctora considera que hay que hospitalizarlo debido a su edad, a sus dolencias crónicas, a que fácilmente podría descompensarse; habría que hacer un estudio para buscar las causas, podría estar incubándose un cuadro infeccioso de alto riesgo, postula algunos probables diagnósticos, el señor y su mujer se aterran y en definitiva es ingresado al hospital, luego de variados llamados a diversos recintos en busca de camas pues al parecer gran parte del país se encuentra enfermo. Al llegar, ya no tiene fiebre y tras tres días de exámenes y observación se le da de alta. Nada. Sólo una cuantiosa cuenta por pagar y su agobiante temor a la muerte.

La conciencia de muerte que distingue a la naturaleza humana del resto de los seres, la nula preparación que en esta vida tenemos para recibirla, el horror ante el cadáver y la descomposición de nuestra materia, el porque, en general, le tememos y no la honramos; el suculento negocio que a partir de esto se ha desarrollado... son la madre más madre del cordero, del miedo a morir se desprenden todos los miedos.

(En un próximo post abordaré estos puntos enunciados. Por lo pronto los dejo con un cordero sacrificado)