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miércoles, 8 de junio de 2011

Mística



Bajo la cúpula alba 
 el cuerpo de este instante y su latido
los yacentes cuerpos anteriores y sus hálitos
copulan 
la arquitectura que nos guarda


comparezcan en el altar 
que bajo la cúpula alba ha florecido en pétalos de sangre
que he de poner el cuerpo 
de este instante henchido de sus otros cuerpos fantasmales
ofrenda ante el  tiempo extinto que hiende su lanza afilada
 y procrea y alza el cáliz  
vientre y custodia
el tiempo ido


cuerpo sobre cuerpo sobre el altar - tiempo sobre tiempo bajo la cúpula alba

lo ausente en lo presente
y éste
veterano pichón yendo al sagrario


bajo artesonados de angélicas carnes he de consumar el sacramento 
mis cuerpos en mis cuerpos, mis tiempos en mis tiempos
y  el inerme testigo de las horas
coleccionadas horas que rellenan el espacio vano.

martes, 3 de mayo de 2011

Recobrados.

Otoñal (2008)
Pablo Burchard, Maestro de la Pintura Chilena
1875-1964
 
Quizás sea el ineludible sino de las pertenencias preciadas, generalmente inútiles, seguirlo a uno y ser testigo como horas calmas, mecidas tibiamente, observando el tiempo caído y ocre. La  simplicidad a veces se hace compleja y la memoria olvida por completo y en la tela blanca que reaparece, me miro y veo el sinfín de historias que fragüé y urdí a su propósito: de amor inevitable en el otoño, de amor que no presiente la tormenta aunque ella está presagiada ante los ojos, de amor en una tarde pasajera y quebradiza como la hojarasca. Años que después la vida te demuestra breves, tan cortos como un suspiro, seña superficial de una navaja. Años alumbrando como perra virgen reencuentros tras el silencio, boberías y palabras nimias, falsedades recubiertas de paisaje.  Explicaciones vanas,  eternas conversaciones que no van a ninguna parte.

Pero el amor ama a sus crías con arrebato, con piadosos mimos, con coléricos cuidados; los cría, los fecunda de caricias y los enseba para el adiós triste y nostálgico, esa pátina de imposible y trágico me devuelve a sus ojos, al gris acuoso perdido en el horizonte de una tarde.


Inflingidos (2010)
Inseminada por las suicidas atisbo en la oquedad de la palabra el terror fosforescente de sus carnes frágiles. Como jarrones en añicos o vestidos en jirones o muñecas de trapo desvirgadas en la noche balbuceante del poema - inútil y blanco - el parto sanguinolento de la existencia. Versos, cebos para la engorda, carnazas, señuelos, corolas del deshoje cotidiano, pétalos consumados en éteres tóxicos,  idos  al mar, al río, a la nada barbitúrica. Sus osamentas tengo en mis manos, cada página, un hueso. Los vocablos y las letras, restos. Bajo los escombros la indecible entraña de lo viviente. Conservar este reflejo, llevarlo entre mis labios como el agua que se escurre hasta sus sepultas bocas, extintas mariposas con las alas intactas. 





Francis Bacon
1909, Irlanda-1992, España.

Símil ( 2005)
Imito los actos básicos 
respiro
(a veces respiro apenas)
como
defeco y duermo
camino, corro
me detengo
hablo

distorsionado espejo
feo simulacro.

Esta apariencia
esta voz
esta mínima porción que ocupo
no es más que tumba

remedo la existencia como una autómata
en medio de este montaje miserable.

martes, 5 de abril de 2011

De Larvas y de Amor


Larvaria


Aun recuerdo con ternura aquellos años
cuando la Diosa retozaba en los graneros
cuando la respiración gozaba
y perfecto era cada movimiento del cuerpo
aun oigo el silencio de la tarde
los minutos pasar calmos
las hortensias rosas, lilas, blancas
la roja empalizada
y la vida
despreocupada y estival
hecha de sandías y papayas

Un día
fui yo y los gusanos
tardos como el suceder de mi infancia
-seda traslúcida
blanquecina y ámbar-

bajo tierra
entre las piedras
sigilosos por las raíces
imperceptibles bajo las charcas
sus cuerpecillos anillados y viscosos
degustando pulpas esponjosas y dulzonas
pétalos e ínfimos cadáveres
cuerpos duros
cuerpos blandos
fétidos capullos
larvadas fragancias

Mucho después conocí lo nauseabundo
y supe que agusanadas se pueden tener las esperanzas
que hay viles gusanos con dos piernas
e inocentes que mueren como tales

Y hoy a estos despreciados yo los honro
por su tarea laboriosa 
carcomer la carne
deshacer la mortaja e hilar el espíritu
venerar los huesos
y entretejer lo yermo y lo viviente


Nutriente


Preciosa carnalidad la de tu cuerpo
alcoba sagrada que se consagra
a mi precioso afán:

tomar de tu piel el alimento.

Preciosa levedad la de tu alma
dejas tu carne y tu hueso
en la hendidura honda del vacío.

Y en esa láctea estela que me entregas
vences mi anhelo y lo arrebatas
imagino las huellas del amor
en el tibio arenal de mi esperanza.


lunes, 7 de marzo de 2011

Mamiferos e Inocentes

A Gaspar



De su inocencia mamífera y peluda
quiero la inocente inconsciencia de la muerte
su falta de aspiraciones y proyectos
y el puro circular de la sangre

la libertaria respiración
la existencia sin purga
 su falta de juicio
su asombro completo

y quiero 
ese imperecedero gozo suyo
al olfatear el mundo

quiero sobre todo
su ausencia de moral
mamífera e inocente

su alborozado instinto
que pide y agradece
que no resiente indiferencias
que pide y agradece
que no se aloja en el encono
ni en el remordimiento
que vive en esos ojos suyos
desprovistos de tiempo

Somos idénticos
pero yo no me he salvado de la mente
denme esos colmillos cercenadores suyos
ese hocico cavador
quiero destrozarla y sepultarla
quiero la inconsciencia de la muerte
la redimida respiración
y el puro circular de la sangre
la pura existencia
así
como cuando le amaba
y ella era también
mamífera e inocente.


En este evocar a mi último compañero canino que ahora está lejos, ha venido a mi otro ser perruno inolvidable: mi Zíngaro, un bóxer que me acompañó en la infancia y que a falta de hermanos humanos, ocupó ese espacio -sospecho que con mayor fraternidad y entrega-. Camarada de juegos y afectos, mi niñez habría carecido de muchas alegrías y de enormes descubrimientos sin su presencia. Desde el horizonte que la vida vivida me concede, comprendo como ejercité con él la maravillosa capacidad de abrazar, acariciar y acompañarse. Pero no sólo eso me enseñó ya que un día cualquiera Zíngaro desapareció y por más que lo buscamos, ni rastro. Fue mi primera gran tristeza y el primer doloroso experimentar de la pérdida. Muchos años después, cuando fui madre por primera vez, mis padres decidieron que ya era hora de decirme la verdad: Zíngaro no se había ido, Zíngaro había muerto -que bueno, es otra forma de partir-. Recordarlo hoy es un acceso fecundo a la pequeña que fui y reencontrarme en ella, también, como Zíngaro y Gaspar, mamífera e inocente.

viernes, 11 de febrero de 2011

Acto de Fe



Y recogí las gotas de su lluvia de verano e inesperada entreabrió mis añoranzas mientras caía el asombro convertido en noche y en la ventana

el agua muda

gota mía
gota aguándose en los cristales

se deslizaba sin apuro 
y silenciosa
iba hacia su rumbo en la certeza 
la oquedad le ampararía
como si fuese el vano de mi beso


Antes del después, antes de ser pronunciadas
se juramentaron porvenires sin mediar palabras
luego
sin medirlas
hasta desbocarse
hasta henchirse  y verterse raudas 
precipitado vendaval
presentir el amor
irrespetuoso y albo
su existir en la mente
su existir en la carne
su coincidencia en la mía
su calce en mi cauce


Y fue mi dar en su entrega
nuestras risas como manos enlazadas
todos los asombros, todos los hallazgos.

Escúcheme bien
la vida me lo ordena
y no puedo negarme
¿quién osaría negarle a la vida su reclamo?
¿quién podría rehusar su hálito, su gemido
sus voces derribando el imposible
su fuerza realizando este milagro?

¿quién renunciaría a tal encargo?

Venga
venga aquí donde mis manos puedan
donde mis ojos puedan
donde pueda saciarme en sus venas
y en su adentro pueda
adentrarme hasta lo insondable
yo le haré un lecho cordillerano 
su cuerpo descenderá
diseminando corolas en el desierto
y en la hondonada nuestra
luceros bajarán a la hora de la tarde

venga
venga a inundar el Pacífico de su Atlántico.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Naturaleza Muerta y Ella

Taller 5


Ves el cielo tras las copas de los árboles. La luz mudo juego de tiempo y movimiento. Verde el cielo nube verde nido de hojas

expulsado tu cuerpo como un recién nacido se deja ir sin mayores resistencias
estás en lo único embrionario y perpetuo. 

Aquí los dioses se consumen en el fuego de la vivencia
y las cosas
siguen siendo “las cosas” esos otros bultos
siguen siendo “personas” esas otras sombras


Larvada autoría de mis días
nido verde
nube
cielo de hojas

Ovillada en los instantes
suspensa
me gusta sentir como sucedo
nací muerta ceniza fresca, fina y ósea, veo el cielo tras las copas de los árboles, azul mar tijera punzándome la frente, lágrima acerada, ovípara palabra. Ridículamente olímpica voy de la carne al espíritu y del espíritu a la carne, de la garganta cordillerana a los iracundos picachos 

( o de la cólera refleja de los rascacielos hacia los valles mansos y sus ríos)

Se proyectan haces entre las copas
los troncos unidos por las sombras maraña de verdes negros
extraños restos fecundos
recortes
escorzos
arabescos
levemente inclinada la nuca, la boca un poco abierta
vas al cielo vuelves vas a las copas vuelves vas al humus vuelves
vas al númen total y vacua
al jardín de cardenales con la virgen en la glorieta blanca, los pastelones, el maicillo, las sillas de tela rallada. La fotografía esa. Esa que tomé para descubrirme mas tarde. Hay algo entre ella y yo pletórico y sepulto.

Ver nacer mi cabeza descosida rodar hacia su cuerpo
ida en ecos me sueña placentaria y permanece pulpa entumecida en el foso de mi boca
el silbido de su nombre duerme indescifrable
en mi urna vertebral y seca
en el amarillo endurecido de mi cáscara
salgo pujada e inducida
hacerte los trazos faltantes con el dedo de mi forma muerta

vemos las altas copas
los troncos interminables
cielo verde nube de hojas

entre ella y yo
algo que se reúne en este sitio innombrable
enterrado y vivo.


La conozco
la he visto en esos días en que me levanto de fantasma y hurgo


cuando me crece cola de perro y huelo

cuando enciendo el fuego con plegarias de loba
o baño mis alas coleópteras en las cascadas

la he visto en la hora de las alianzas
telúrica
lunática
violetas nocturnos los ojos óseos
de erótico arrebol mejillas y nalgas
huída de un cuento con demonios y hadas.

Su calavera en alto viene
encendida de blanco bajando la cuesta
escoltada por ángeles en rondas macabras

piedrecillas ruedan al despeñadero
y las estrellas lanzan miradas orgásmicas

a su pelo nuevo
a sus pechos lánguidos

viene
a veces dócil
a veces brava
a veces dócil y brava
viene
trayendo el hondo canto

a veces vívida
baldía y vívida
vuelve
uterina y vulvar vuelve
tanática y vulgar viene
en mareas amnióticas
en el claro oscuro del bardo.

Ahora atraviesa sembrados y huertas
un casorio se apresta
una mujer pare
el trigo revienta
corre la sangre

a veces meretriz
a veces madre
meretriz y madre a veces
sacramentan sus pasos
un baile de brujos y un coro de ranas

con extrema unción vuelve

a veces carnal
a veces seca y milenaria.


Matisse