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miércoles, 20 de junio de 2012

¿Puede la Guerra ser Santa, mi Dios? (Ensayo por Entrega)


¿Puede la Guerra ser Santa, mi Dios?

El distanciamiento que acontece en nuestro transcurrir cultural entre lo catalogado como femenino y lo catalogado como masculino, arrastrado desde la división del trabajo en los tiempos neolíticos, se conserva en el vínculo de Jesús y su posterior iglesia. Su iglesia es patriarcal y por ello, tal como esta naciente institucionalidad desechó y ajustó los contenidos paganos a las nuevas ideas dominadoras, hubo de acomodar el mensaje de Cristo a sus propios intereses guerreros y jerarquizadores. A pesar del Amor predicado por Jesús, su iglesia se funda en el terror emocional e ideológico y en la imposición de sus dogmas mediante el uso de la coersión y la fuerza.

Los mentores ideológicos de la cristiandad promulgaron que la vida era una fase preparatoria para llegar al Más Allá; una propedeútica. La muerte de la materia es el fin de esta fase, la Muerte es un segundo nacimiento que será eterno. Esa es la promesa de salvación. Siempre y cuando no peques. Y no pecar significa, ante todo, hacer lo que la Iglesia dice. “Llegó un tiempo en que el hombre tuvo en cuenta –mucho  más que cualquier otra cosa– las recompensas o los castigos que podrían sobrevenir después de la muerte.”(16)  En la Edad Media, La Patrística (los Padres de la Iglesia), fundamento  de la Iglesia Católica,  habla de la muerte como buenaventuranza “basándose en la dialéctica que produce la muerte como castigo, y de la muerte como acto de redención, el cual aboliendo el pecado, acabara por abolir también a la muerte… la muerte se transforma en el paso previo para alcanzar la salvación. Pero existía otra muerte, aquella que era la condenación, la condenación eterna, los tormentos y los demonios, las bestias del Apocalypsis y las llamas del averno. Todo esto, por siempre. Una muerte espiritual equivalente a la condenación del alma.” (17) El cielo o el infierno según los pecados cometidos. Recompensa o castigo. La perpetuación del miedo en la psique de la especie.
El Cerrojo
Jean Honoré Fragonard

Detalle
En el siglo XVIII la historia muestra una poderosa reaparición de la Transgresión Erótica. Esta centuria  llamada el “siglo galante” y también el “ siglo de las luces o de la Razón”, se estructura, por una parte, en la conducta epicúrea, asociable al espíritu de la transgresión, y por otra, en la filosofía racionalista, anexada claramente al interdicto. Búsqueda de satisfacción intelectual y sensorial, liberar los sentidos y hurgar en el pensamiento como única fuente evolutiva. Una época ésta que logró, más en la teoría que en la práctica, un mayor equilibrio entre el torrente erótico de la Vida y la necesidad de un ordenamiento social para que la Vida se encauce. Surge el Enciclopedismo y  la noción de Progreso; Kant escribe Crítica a la Razón Pura, Adam Smith sienta las bases del Capitalismo Moderno a la vez que la Revolución Francesa pretende erradicar las diferencias de clase proclamando la igualdad de las personas. Fueron los tiempos de una burguesía empoderada que permitió el ateísmo y que fue testigo del debilitamiento político de la Iglesia Católica. La Inquisición fue criticada, surgen las primeras declaraciones de derechos humanos y los primeros movimientos feministas.

La búsqueda intelectual fue acompañada por un deseo de elegancia y esplendor, una época que ante el apogeo económico, dilapidó. Adoradora del arte y el ardor creador, escéptica en materias religiosas. Lo fastuoso, las maneras corteses, el placer y la gracia, la sensualidad y la voluptuosidad son elementos que la creación artística recoge en un estilo y una propuesta de belleza que se permitió ser licenciosa, lujuriosa y satírica. La erótica de la época encontró allí su salida.

La Ilustración y su fe a toda prueba en la razón, rechazó la concepción patriarcal de un orden social establecido y jerárquico como producto de la voluntad de Dios. El valor de la libertad, la igualdad y la fraternidad quebraron revolucionariamente esa imagen estática de la realidad humana. Jean Jacques Rousseau planteó que nacemos libres e iguales y que este derecho natural autoriza a romper con las cadenas impuestas. Se abrió entonces la posibilidad de fundar una sociedad más equitativa y solidaria, una reelaboración de ciertos aspectos de la visión matrística mediante la supremacía de las ideas seculares por sobre las ideas religiosas. Lamentablemente, la ideología económica que sostuvo a esta sociedad secular y moderna -el capitalismo- a pesar de sus ímpetus vanguardistas, conservó la estructura de clases, la confianza en la guerra y el colonialismo; enfatizó la adquisición material y con ello promovió la codicia y la competitividad. Con el comunismo se repite el mismo fenómeno: se persigue una sociedad sin inequidad pero los métodos para llegar a ella siguen siendo violentos y jerarquizadores. El objetivo no se condice con los métodos, la meta se diluye en el camino, se reinstala porfiadamente la dominación y la desigualdad. 


Este ha sido el sino de nuestra historia. El anhelo matrístico de una forma organizativa vinculante y de mutua cooperación nunca ha desaparecido, vemos sus continuos brotes y rebrotes y en cada uno de ellos la humanidad alcanza algún logro en tal sentido; sin embargo, siempre parecen ser una “golondrina que no hace verano”, un minúsculo grano de arena en un extenso e infranqueable desierto.
   
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(16) Las lágrimas de Eros, Georges Bataille, Editorial Tusquets, pág. 35.  

(17) Doctor Ignacio Duarte García, Departamento de Anatomía Patológica Director del Programa de Estudios Médicos Humanísticos de la Universidad Católica. Fragmento capturado en Internet.

miércoles, 13 de junio de 2012

La expulsión de lo Erótico (¿Cual es la Madre del Cordero? Ensayo por Entrega)


Van Everdingen
Baco, Cupido y dos Ninfas
El mundo primitivo y antiguo concibe a lo Sagrado como una dimensión en la cual conviven lo bueno y lo malo, lo fasto y lo nefasto (puro e impuro en la traducción cristiana). El Cristianismo separa dichos conceptos y los tiñe con un rígido juicio de valor, provocando un intenso quiebre en el lenguaje establecido y una profunda dicotomía en la mente humana. El aspecto erótico de lo sagrado se convierte en pecaminoso y demoníaco, el mal cristiano es la condena a la transgresión erótica prehistórica y pagana. De tal modo, todo contacto con el ámbito impuro de lo sagrado se considera una profanación del bien destinada a las llamas del infierno. La expulsión de la Transgresión (o el alzamiento de lo prohibido) del ámbito de lo divino dio paso al Satanismo, el Imperio del Mal.  La estigmatización de Eva en el Génesis apunta hacia lo mismo; es la condena a la Diosa Madre y a su libertad erótica, a la mujer y a los aspectos femeninos de la Vida. Es el destierro de la cultura matrística. Sin embargo y a pesar de expresarse el bien cristiano en la mantención de los Interdictos (la prohibición, la norma, el tabú), en la práctica, la transgresión del dar muerte y la institucionalidad de la guerra patriarcal con su estela de matanzas y violencias no fueron condenadas, por el contrario, será ese el camino que la iglesia tomará para imponer sus ideas y su poderío.

Dionisios - Baco

Así como el cristianismo supo introducir sus condenas, también supo conservar lo que era útil para cimentar una nueva religión en la mentalidad de las personas y en la cultura humana. En el culto a Baco del Imperio Romano se aglutinaban las transgresiones paganas: erotismo, sacrificio y muerte. A través del sacrificio de los corderos, comiendo de su carne y bebiendo de su sangre, se accedía al sacramento en el cual dicho dios era comido por sus feligreses. Pervivía así en la psique de la especie el acto de canibalismo de sus primigenios antepasados. Este canibalismo sagrado de la prehistoria, como rito normado tras el alzamiento del interdicto, es también conservado por el Cristianismo mediante la simbología del cuerpo de Cristo en la ostia, comed y bebed todos de él, que este es mi cuerpo y ésta es mi sangre que será derramada por vosotros: compartir la cena del sacrificio, la fiesta totémica freudiana, el dar muerte y el comer del cuerpo muerto sigue siendo -a pesar de la condena que el cristianismo hace a la transgresión pagana-  el núcleo de su propia religión. 
Comed y Bebed

Sabemos que las enseñanzas de Jesús muy lejos estuvieron del dominio y del poder, de la guerra y  del imperio de la fuerza. Mas, ¿si fue la propia cultura patriarcal la que escribió su vida y obra, habrá sido posible la conservación de lo matrístico en sus postulados?. Se salvaron de ser consideradas heréticas -es decir contrarias al sistema dominador imperante- un conjunto de ideas matrísticas conservadas en los cuatro evangelios aceptados por la iglesia católica. Sin embargo, no sabemos cuan censurados, distorsionados y cercenados habrán sido estos textos a lo largo del empoderamiento de esta Institución. 

jueves, 7 de junio de 2012

El poder del Lenguaje (¿Cual es la Madre del Cordero? Ensayo por Entrega)


“La muerte es el salario del pecado”
San Pablo
(Carta a los Romanos y Epístola a los Corintios)


El árbol del Conocimiento del Bien y del Mal

En las páginas precedentes hemos visto como la conciencia de Muerte y el miedo que suscita provoca la apertura hacia lo Sagrado. La construcción psicológica prehistórica visibilizada a partir del enterramiento de los muertos y del erotismo: ritos funerarios, sacrificios para observar morir, matar y exponerse al morir, vivenciar  la  pequeña Muerte del orgasmo; son formas de ensayar la Muerte definitiva y enfrentarse al miedo hasta el punto máximo del pavor para acceder al deleite que esa superación entrega. Pues, así como en el acto sexual o en el autoerotismo, es, llegando hasta la máxima tensión y la máxima acumulación de energía que se produce el estallido liberador y placentero del orgasmo, así mismo es, llegando hasta el centro del horror que nos provoca la Muerte cuando se le trasciende y se experimenta el éxtasis. La primera humanidad buscó la superación del miedo llegando al umbral de la Muerte mediante diversas prácticas e intuyó, acertadamente o no, que tras el horror de la muerte está, el deleite erótico de la Vida.

III

Ferdinand de Sausurre y posteriormente Roland Barthes establecieron que las palabras funcionan como lo hacen debido al lugar que ocupan en la estructura del lenguaje. Es ésta una estructura específica y determinada, es decir, las palabras se ajustan a un esquema particular y arbitrario. Cambia la estructura que las sostiene, se transforma así mismo el significado. Parecen naturales, nos convencemos de que son naturales pero, en rigor,  siempre son parte de un código muy estructurado y complejo que persigue un significado específico, a la vez que tienden a significar de determinada manera. Por ello son un Poder. Por ello también, esta ambigüedad de las palabras, posibilita combinarlas de variados modos para transmitir multiplicidad de significados diferentes que incluso pueden ser aparentemente antagónicos. Es así como, por ejemplo, la palabra Pasión puede denotar el significado del placer y, así mismo denotar el significado del sufrimiento..

Los fenómenos culturales se organizan según su propio lenguaje. El paso del paganismo antiguo a las nomenclaturas paleocristianas y su posterior concreción medioeval y católica consistió justamente en eso. Es decir, en una modificación del lenguaje. Los contenidos de signos y símbolos, el significado de las palabras, elementos que estando insertos en la especie humana desde el inicio y habiendo pasado por el cedazo de la Antigüedad y la imposición del modelo dominador y patriarcal, formaban parte del  inconciente colectivo.

“De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás” (14). La certidumbre de la muerte es la raíz profunda del árbol bíblico. Ese conocimiento es el fruto prohibido y adquirida esta certeza, perdida está -y para siempre- la animal inocencia; expulsados somos del Edén. Comer del árbol del conocimiento es la mátrix transgresora que nos procrea. Y probar ese fruto prohibido es, en suma, nuestra esencia, pues el vedado alimento representa el acceder a ser concientes. Y acceder a la conciencia es eminentemente acceder a la conciencia de la muerte. No hay modo de configurarse lo humano si no mediante la transgresión del interdicto, la violación del tabú, la insurrección ante la norma. Lo que la tradición judeo/cristiana/católica llama: Pecar. 


“Está en la esencia de la religión el oponer a los otros los actos culpables, para ser más exactos, los actos prohibidos. En principio, la prohibición religiosa evita un determinado acto pero, al mismo tiempo, puede conferir un valor a lo que evita… Ante todo, lo prohibido impone el valor de lo que rechaza…” (15).


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(14) La Biblia, Libro del Génesis 2:16-17
(15) Las lágrimas de Eros, Georges Bataille, Editorial Tusquets, Pág.90


miércoles, 23 de mayo de 2012

CULTOS LUNARES (Ensayo por Entrega)



Resabios de la diosa prehistórica sobrevivivieron en los cultos lunares de la Antigüedad que reinaban en las selvas y en los valles; tenìan mujeres por sacerdotisas, ritos voluptuosos y festivos y el gusto por la libertad erótica. Por su parte, los dioses del sistema impuesto se expresaron en los cultos solares. Estos tenían sus templos en las motañas, sacerdotes varones, reglas ascéticas y leyes severas. Las sacerdotisas lunares conservaron la tradición de las serpientes realizando actos alegóricos donde estos animales representaban el nexo entre lo humano y lo divino. Contaban con la preferencia del pueblo y constituyeron la raíz arcaica del Culto a Dionisios, germen de la Tragedia Clásica. Este dios, el más popular de la Grecia Antigua, tuvo su continuidad en el Baco Romano y fue el más serio contrincante del dios cristiano en cuanto a instalar al nuevo Dios en la cabeza humana. Tras milenios de afianzamiento del sistema patriarcal, la Diosa Madre Prehistórica se convirtió en un pasado mítico; un paraíso utópico y perdido. La "raza dorada"de la cual habla Hesíodo y cuyo último bastión conocido fue la Creta Minoica.

En la Antigüedad, seguramente, cada brote conceptual de lo matrístico, todo intento de resurgimiento fue resistido y combatido. Aún así en la filosofía griega encontramos las raíces de  la Diosa en la noción presocratica: "el universo está regido por una inteligencia total e infinita... como supremo poder sobrehumano dador de todo y que todo lo abarca... distinto al panteón religioso olímpico posterior, desde el cual un grupo de divinidades pendencieras, competitivas y generalmente imprevisibles, regían al mundo"
Diosa Luna de la Cultura Japonesa
La noción matrística de una sociedad igualitaria pervive en Socrátes, condenado a muerte por considerar que el poder y la fuerza no son instrumentos de la Razón y por no adscribir a la premisa patriarcal del reinado de los fuertes sobre los débiles. 

Reflexiona Sócrates sobre la Muerte: "Quizá sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males". 

Platón considera que filosofar es prepararse para morir y prepararse para morir  no es otra cosa que pensar en la vida. Tarea primordial de la Vida es prepararse para la Muerte. "No sería una cosa ridícula... que después de haber gastado... toda su vida en prepararse para la muerte, se indignase y se aterrase al ver que la muerte llega? ¿no sería verdaderamente ridículo? pregunta Platón en el Fedón, su diálogo relativo al alma. Epicuro plantea en su Carta a Meneceo: 


"Acostúmbrate a considerar que la Muerte no es nada en relación a nosotros... que el recto conocimiento  de que la muerte no es nada en relación a nosotros hace gozosa la condición mortal de la vida, no añadiendo un tiempo ilimitado, si no apártandole del anhelo de inmortalidad" 

sábado, 19 de mayo de 2012

PERPETUA : La Primera Masacre



¿Cual es la Madre del Cordero?
ENSAYO POR ENTREGA

Fue así como en las postrimerías de la Prehistoria, los albores de la Antiguedad, el fin de una era; la división neolítica del trabajo -que había sembrado dos tipos de sociedades diametralmente opuestas- provocó el quiebre más profundo que la humanidad ha conocido y cuyas secuelas se mantienen hasta hoy. “En un comienzo fueron como la proverbial frase bíblica, no más grande que la mano de un hombre”. Aparentemente insignificantes, las bandas nómadas vagaban por las menos codiciadas áreas periféricas de nuestro globo, buscando pastizales para sus rebaños. Durante milenios, al parecer, estuvieron allí en los territorios inhóspitos, no deseados, los más fríos y desolados de los confines de la tierra, mientras las primeras grandes civilizaciones agrarias se extendían alrededor de los lagos y ríos de los valles fértiles” (11). Pero estas bandas que, de tanto en tanto, asolaban a las comunidades agrícolas establecidas, fueron creciendo en número y en capacidad destructiva y sus invasiones violentas se fueron haciendo cada vez más sistemáticas. La quema de ciudades y obras de arte, el robo y la matanza, la apropiación de mujeres y niños se convirtió en una práctica permanente.

Paulatinamente, los conquistadores fueron asentándose en los territorios usurpados, absorviendo conocimientos y tecnologías, implantando sus privilegios sobre las bases de las culturas agrarias. De este modo, el sistema guerrero y patriarcal se superpuso sobre el sistema matrístico de la Diosa.  Mas, una concepción arraigada durante miles de siglos no se extermina fácilmente ni siquiera con las armas; el sometimiento físico se consigue por la fuerza, no así el desapego de la raigambre cultural; por ello, ambas visiones de la realidad, ambas formas de relacionarse con la Vida y con la Muerte, ambos modelos de organización social coexistieron durante toda la Antigüedad  “… un proceso que se arrastró por milenios y que aún continua en nuestra propia época: el proceso por el cual la mente humana fue remodelada, algunas veces brutalmente y otras sutilmente, a veces en forma deliberada y otras inconscientemente, para convertirse en el nuevo tipo de mentalidad requerido por este drástico vuelco dentro de nuestra evolución cultural” (12). Dicho tránsito operó mediante la remitificación y resignificación de los códigos matrísticos desde la óptica de este nuevo orden; lo que fue desvirtuando, desacreditando, estigmatizando y, finalmente ocultando sus originarios componentes. Esta misma operativa re-significativa permitirá siglos después, el asentamiento del cristianismo y el fin del paganismo antiguo.

Uno de los mecanismos más efectivos para llevar a cabo esta reconversión desde lo matrístico a lo patriarcal se dio en el terreno de la representación de lo sagrado, es decir, en las divinidades que se instalan en el imaginario colectivo. La Diosa fue rebajada a consorte de los dioses masculinos o convertida en divinidad secundaria o terciaria. O se le mantuvo, pero desfigurando sus atributos integradores y pacíficos. Es este el caso de la famosa Atenea griega que conserva el don de la sabiduría y el ícono de la serpiente pero a la cual se le agrega el escudo y la espada para transformarla en una deidad bélica.  

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(11) El cáliz y la espada, Riane Eisler, Editorial Cuatro Vientos, pág.49
(12) El cáliz y la espada, Riane Eisler, Editorial Cuatro Vientos, pág.94




jueves, 10 de mayo de 2012

SEMBRAR Y MATAR (¿Cual es la Madre del Cordero? Ensayo por Entrega)

III.
“Delante del escudo más arrogante
la agricultura tiene su interrogante”
Violeta Parra

La mujer lo mira mientras él se afana y consigue con sus manos fabricar mejores instrumentos que le permitan dar muerte a los animales y obtener alimento de manera rápida y eficaz. Después le ve irse dispuesto a perder la propia vida en esa batalla. Ella se queda y de sus manos brotan vasijas, cuencos y herramientas para el cultivo de la tierra. El fabrica instrumental para la Muerte. Ella, objetos para la Vida. En el esfuerzo mancomunado por la subsistencia se establecen diferentes roles y labores para cada cual, lo que trajo como consecuencia distintos modos de emprender la Vida, acercarse a la Muerte y convivir con el Miedo. La caza es un enfrentarse cara a cara con la Muerte que instituye la dinámica de la víctima y el victimario. La agricultura es un encontrar Vida en las entrañas de la tierra e instituye una dinámica fraterna y solidaria entre la naturaleza y el ser humano. Seguramente, por una parte la maternidad y la crianza y, por otra, la contextura física femenina, le asignaron a ellas esta tarea pacífica de sembrar, cultivar y cosechar y a ellos la cruenta tarea de dar muerte. Lo que si podemos inferir, sin lugar a dudas, es que esta división del trabajo marcó la constitución cultural de lo femenino y lo masculino. Junto a ello o por ello, surgen dos cosmovisiones radicalmente opuestas que redundarán en dos formas de organización social.

La Agricultura, en manos de las mujeres, constituye la primera gran revolución tecnológica de la humanidad. La caza conduce finalmente a la guerra. Las labores agrícolas permiten un íntimo contacto con el hábitat natural; fluyen en un tiempo lento y circular; las mujeres pudieron observar el sabio comportamiento de la Naturaleza y aprender de ella. El poder de la Vida se refuerza y la certeza de la muerte puede integrarse más benévolamente. 



Matar, evidentemente, refuerza el morir y lo hace desde la perspectiva del poder y la dominación. Separa, no incluye. El rol femenino acepta a la Muerte como parte de la vida. El rol masculino la desafía y lucha por ganarle la batalla. El rol agrícola es fraternal, solidario y unitivo. El rol cazador-guerrero es belicoso, jerarquizador y divisorio. Si bien la caza y la guerra primitivas tuvieron en sus inicios una connotación sagrada, dicho componente fue perdiéndose en la medida que el afán de dominio, de conquista y usurpación fue acrecentándose. El poder de las armas posibilitó la más patética de las contradicciones: que se sacralizara el asesinato en masa, la subyugación y los abusos de toda índole. Sobre estas violentas bases se asentaron las primeras grandes "civilizaciones".




La agricultura femenina tuvo a la Diosa Madre por deidad, una religión monoteísta, integradora y pacífica. La caza y la guerra permitieron la constitución de un panteón politeísta de dioses imperialistas y crueles. La cultura agrícola afianza el sedentarismo (arraigo) y, por tanto, permite la creación cultural, la reflexión intelectual, el ocio y la espiritualidad. Desarrolla un arte sensual, humano y naturalista que realza la belleza de la Vida.  Elabora tecnología para la producción y un modelo de sociedad comunitario, más igualitario e inclusivo. La cultura cazadora y guerrera mantiene vivo al nomadismo (desarraigo), fomenta la imposición por la fuerza, el Imperialismo y la Conquista, la destrucción, el saqueo y la esclavitud; desarrolla una dinámica que gira en torno a la agresión y al rechazo de la diversidad; el arte se convierte en adorno para el arsenal bélico, en una estética sanguinaria y brutal. Elabora tecnología para destruir y un modelo social estratificado y desigual. 


Matar, representa en la cosmovisión guerrera, la victoria ante la Muerte. Y si bien aquello puede, transitoriamente, atemperar el miedo del vencedor, evidentemente una cultura basada en la masacre no hace más que reproducir el miedo y la violencia sin tregua. La guerra, y con ella el sistema dominador y jerarquizado que construye, replica hasta el cansancio el pánico y la angustia de aquel primer encuentro con el cadáver (la Conciencia de Muerte de la especie humana).  El cazador-guerrero  fija su comportamiento en el instinto de lucha. La mujer agricultora  fija su comportamiento en el instinto de huida en tanto trabajar la tierra apacigua el temor al ver que la vida se hace presente, con fuerza, a través de sus maravillosos dones y frutos.  

jueves, 3 de mayo de 2012

De dioses a víctimas (¿Cual es la Madre del Cordero?, Ensayo por entrega)


Sala El Pozo, Cueva de Lascaux, Francia
ca. 17.000 a.C. - 15.000 a.C.

Los animales, los primeros dioses, se convirtieron en presas y víctimas. Los  interdictos o prohibiciones psíquicas “no matarás” y “no te contaminarás con el cadáver, generaron su propia transgresión dando paso a la Caza Primitiva, actividad en aquel entonces sagrada en tanto alzamiento de la prohibición y acceso al mundo de la Muerte. Así, la humanidad pasó de herbívora a carnívora mediante dos violaciones fundamentales: dar muerte y comerse al cadáver. Quienes asumieron esta práctica fueron enteramente humanos, pero  aún muy conscientes de la infracción que cometían. Y, precisamente, como se trataba de la violación del tabú, el acto de cazar se enmarcó dentro de unos límites y unas reglas rígidamente establecidas: los ritos de expiación.

El homo sapiens asesina a sus propios dioses y por ello se ve en la urgencia de purificarse. Las pinturas de las cavernas paleolíticas muestran al cazador, representándose a si mismo con rasgos animales -hombre pájaro, hombre bisonte, hombre ciervo- quizás busca en esta expiación reparar el vínculo con la animalidad perdida, quizás se considera un médium entre la Vida y la Muerte, quizás brinda homenaje a sus dioses caídos, quebrantados en sus propias manos. Quizás, como plantea Bataille, en el matar vivencia eroticamente a la muerte tal y como podrían atestiguarlo los falos erectos, comunes en las escenas de caza rupestres. O, quizás, el matar genera sensaciones de poder y dominación y, desde allí, apacigua la angustia frente a la propia muerte. La caza, antesala de la guerra, rompe el nexo animalidad / humanidad. El cazador es La Muerte para el animal y perpetra en el, lo que ella ejerce sobre lo humano. El cazador -tal y como su continuidad, el guerrero- se vincula con la muerte desde la muerte.

La Diosa Madre no es cazadora, se vincula con la Muerte a través de la Vida. 



Asociada a la actividad recolectora y posteriormente a la Agricultura, extrae de la tierra el alimento, comprende la sabiduría cíclica y transformadora de la naturaleza y conserva la ligazón animalidad/humanidad tanto en sus contenidos como en sus iconografías. Conciben lo humano como integrante armónico del mundo natural y animal. La serpiente -que cambia su piel y renace constantemente- aparece de manera permanente en las diversas imágenes que la representan siendo símbolo de la fecundidad, la metamorfosis y la regeneración.  De igual modo, el toro y los cuernos llamados “de consagración”, también se unen a esta divinidad femenina. La connotación fálica de la serpiente, del toro y los cuernos permite además unir lo masculino a esta deidad que, justamente busca, la unión solidaria en el Todo.



Diosa de las Serpientes
Creta, último asentamiento de la Diosa Madre


En el post anterior indagaba en la palabra Madre situada en la conocida frase (¿Cual es la Madre del Cordero?) que titula este Ensayo y que he ido publicando página a página. Ahora me pregunto...  ¿y el cordero?

El sacrificio de animales -como parte integrante de la religión- fue una costumbre arraigada en la Prehistoria y en la Antiguedad. En un principio y como aún se observa en las culturas primitivas, al sacrificar a un animal, la víctima es elevada a un sitial superior y su deceso revela en este acto sagrado el misterio de la Continuidad del Ser. Se experimenta el morir a través de la agonía de otro; los asistentes vivencian tal y como en el ascenso exasperado y exultante del deseo carnal, ese ir hacia la muerte. Cuando muere, se produce el estallido liberador y placentero y luego, el apaciguamiento y el descanso. El cordero tiene la particularidad de emitir estertores y gemidos muy semejantes al llanto desesperado de los infantes; seguramente dicha semejanza con lo humano lo convirtió en animal predilecto para la fiesta ritual del sacrificio, ofrenda para la Muerte.  El sacrificio del cordero y su significancia sagrada estaba tan inscrita en la mente colectiva de la humanidad tras siglos de prehistoria y civilización pagana, que el cristianismo y su iglesia lo homologaron a la figura de Cristo. Jesús es el Cordero de Dios.  Y ese Dios, su Padre que lo envía al sacrificio.




Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Apocalipsis 4:12

domingo, 22 de abril de 2012

HEMBRA MISTERIOSA ¿Cual es la Madre del Cordero? (Ensayo por Entrega)


“ El origen del mundo
es la Madre del mundo.
Quien conoce a la Madre
conocerá también a los hijos.
Quien conoce a los hijos
y se vuelve hacia la Madre
se hallará fuera de peligro durante toda su vida…”

(El Tao y su Virtud, Lao Tse, Maestro Taoísta)

Por la Madre Creadora fluyen, como por un cordón umbilical, lo que Bataille llamó la Continuidad y la Discontinuidad del Ser. Nacer significa romper un continuo. Nuestra condición humana se ancla en la discontinuidad del Ser, morir nos regresa a la continuidad perdida y a través de la Diosa Madre, ambos planos se comunican y reciclan. A través de ella, la Vida retorna, siempre.

“Llamo no-Ser al principio de Cielo y Tierra.
Llamo Ser a la Madre de todos los seres.
La dirección hacia el no-Ser
conduce a contemplar la Esencia Maravillosa.
La dirección hacia el Ser
conduce a contemplar los límites espaciales.
Ambos modos son originalmente uno
y sólo difieren en el nombre.
En su unidad este Uno es el misterio.
Misterio de los misterios
y puerta de toda maravilla.”

(El Tao y su Virtud, Lao Tse, Maestro Taoísta)


En esta versión castellana del Tao Te King, publicada por la editorial Cuatro Vientos en 1990, Gastón Soublette comenta que el concepto  de el No-Ser se asocia a la idea de vacío y desde allí, con el carácter femenino atribuible a todo lo que en la Naturaleza aparece como cavidad u hoquedad. Mas, este No–Ser no es un vacío estéril si no un vacío productor de seres, metaforizado, no tan sólo, en el concepto Madre si no también en una hembra animal, la Hembra Misteriosa, cuyo movimiento es la alternancia de lo que se abre y lo que se cierra; la escisión y la clausura. Esta imagen, así mismo, parece evocadora de la dinámica del parto: contracción y dilatación. Lao Tse nos recuerda retornar a la Madre, el estado trascendente que nos libera del dolor, del miedo y de los riesgos inherentes a la existencia.

Mas ¿por qué el hibridismo, por qué la unión de lo humano y lo animal en esta frase?, ¿por qué lo femenino asociado a un especímen de otra estirpe? ¿por qué la insurrección de la lógica que sería: cuál es la madre del hijo o de la hija o, cuál es la oveja madre del cordero?.


En la frase con la que se titula este Ensayo, ha quedado la impronta de la unión ancestral animalidad-humanidad. Si la palabra Madre, en tanto catalizador de la Vida y de la Muerte, en tanto maternidad y nacimiento, de por si remonta al origen individual y al origen de la especie, el vínculo de lo humano con lo animal refuerza aún más e intensamente la ligazón de la Madre con el Principio. Es lo humano parido desde el útero animal. Un parto lento que Darwin llamó la evolución de las especies. La primera humanidad (pre-“sapiens”) fue herbívora, no mató a los animales, no comió de esa carne muerta. Mientras más cercana estuvo la humanidad de la animalidad, más lejos estuvo del acto de matar. Probablemente, en aquel proceso de desprendimiento de lo animal, nuestros primeros antepasados no sólo consideraron a los animales como a sus iguales si no que, al observar su inmutabilidad ante la muerte, percibieron que en ellos anidaba lo sagrado de un modo natural que para si mismos estaba vedada. Representaron lo que el ser humano iba perdiendo en el transcurso evolutivo. Fueron los primeros dioses. 


jueves, 12 de abril de 2012

¿Qué digo cuando digo la Madre del Cordero? (Ensayo por Entrega)


Las elaboraciones emocionales e intelectuales -es decir las respuestas psíquicas ante la Muerte, el Erotismo y el Nacimiento- serán la base donde se edificará nuestra especie. Estamos destinados a la civilización pues -apelando a Roland Barthes- los procesos que a partir de nuestra separación de la animalidad nos conforman, son culturales, todos implican una intervención en lo dado -intromisión material e inmaterial- y una compleja creación a partir de ello.

De igual modo, el lenguaje responde al artificio creador que somos: un entramado sígnico y un andamiaje simbólico. ¿Qué digo entonces cuando digo la madre del cordero? ¿Por qué articulo estas dos palabras para significar “el meollo del asunto”,el quid de la cuestión”, su clave, la eventual revelación de algún misterio, su esencia, el problema en el que indago y su pretendida respuesta?.

¿Por qué madre y no padre?, ¿por qué cordero y no caballo?, ¿por qué no madre e hijo o hembra y cría?,  ¿por qué la unión de madre y cordero detonan un significado?, ¿por qué juntas significan lo que significan?, ¿qué hay detrás del entendimiento consensual/pactado que nos hace comprender en dicha metáfora lo que comprendemos?, ¿cuánto de dicho entendimiento se ha perdido en nuestra memoria?.

Muerte y Mujer que pare fueron, sin duda, fundacionales en el alumbramiento de la especie. Los códigos arquetípicos, los paradigmas de la sociedad originaria tuvieron en estas dos imágenes femeninas su pilar fundamental.  Riane Eisler en “El cáliz y la espada” nos informa como los abundantes hallazgos arqueológicos -a partir de los testimonios fechados como los más antiguos, a lo largo de los milenios prehistóricos y extendidos en un vasto territorio del planeta- muestran claras evidencias de la prevalencia del Culto a la Diosa Madre como la primera y más arraigada forma de religión. Entre otras claras señales se destaca la sistemática presencia en los enterramientos de las conchas vulviformes teñidas de rojo con un emplazamiento ritual en las tumbas. A veces también está teñido de rojo el cadáver. La Diosa acompaña a los difuntos. Se hace presente la rojez de la sangre, la sangre menstrual y cíclica de la mujer que desaparece cuando la Vida se alberga en su útero tal y como se extingue la sangre del cuerpo muerto. Otra evidencia es la simbología asociada a lo femenino siempre dispuesta en el acceso y en las zonas centrales de las cavernas paleolíticas y la masiva producción de estatuillas femeninas encontradas dentro y fuera de las tumbas cuyos pechos, traseros y abultados vientres expresan exacerbada e insistentemente la significancia de la mujer y su maternidad; “la fuente de la cual mana la vida humana es la misma que origina toda vida animal y vegetal -la Gran Diosa Madre o la Dadora de Todo-”, “por todas partes -en murales, estatuas y estatuillas votivas- encontramos imágenes de la Diosa. En sus diversas encarnaciones como Doncella, Antecesora o Creadora, ella es la Señora de las aguas, de las aves y del mundo subterráneo, o simplemente la Madre divina acunando a su hijo divino entre sus brazos”  (9). En ella se encarna, sin contradicción ni oposición alguna, sin antagonismo, la unidad pacífica y armónica de los Ciclos de la Vida y de la Muerte, un tiempo y un espacio donde la resurrección es permanente tal y como en la Naturaleza:   en el sentir y el entendimiento matrístico, el miedo se deshace. 


Si el recuerdo primigenio se conserva en la frase “la madre del cordero” ¿qué digo cuando en ella pronuncio la palabra madre?. Digo maternidad, el lazo sagrado entre la Vida y la Muerte; digo Muerte Vida y Vida Muerte, Madre Muerte y Madre Vida y Madre Mujer; digo Mujer Madre y Mujer Muerte. Digo Madre como digo Tierra y Naturaleza, dadoras de alimento. Y también digo que el don de la maternidad se ejerce a pesar y por encima del miedo, o, como nos enseña la misma Naturaleza, sin temor a la desaparición de sus criaturas individuales. La maternidad asegura para la especie lo que cada individuo desea para si, “a la humanidad y no al individuo es a quien se le puede asegurar la duración… Cuando en otoño se observa el pequeño mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el pesado y largo sueño del invierno, que otro hace su capullo para pasar el invierno en estado de crisálida y renacer un día de primavera con toda su juventud y en toda su perfección, y, en fin, que la mayoría de ellos, al tratar de tomar descanso en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en un nuevo ser, ¿qué otra cosa es esto si no la doctrina de la inmortalidad, enseñada por la naturaleza?.” (10)


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(9) El cáliz y la espada, Riane Eisler, Editorial Cuatro Vientos, onceava edición, 2008, pág.3 / pág. 21.
(10) Metafísica del Amor. Metafísica de la Muerte, Arthur Schopenhauer, Ediciones Folio S.A., 2007, págs. 56 y 57.

jueves, 5 de abril de 2012

¿En qué habiamos quedado?

Con mi nieta Amparo
Ha pasado el tiempo, bastante. Hace mucho, dejé a Dante cuidando a mi Cala (no pido poco, ya ven) y ella, con mis cuidados esporádicos y de poca cuantía,  más vuestras visitas y palabras, ideas y cariños... la hemos mantenido viva. 

Gracias por esa generosidad: venir a regar mi flor a pesar de mis ausencias. La entrega de mi Ensayo ¿Cual es la Madre del Cordero? será a partir de ahora más rápida y podré visitarlos más asiduamente... y... ¡ya saben lo felíz que estoy con ello!. He hecho intentos anteriores pero han sido sólo las ganas, ahora -por fin- se dan las condiciones necesarias. He esperado con ansias a la vez que con paciencia este momento y he aprendido a añorar sin ansias (aunque suene contradictorio), con certeza y  con calma. 

Entonces ¿en que habíamos quedado?

En que la conciencia de la Muerte de nuestro padre y madre primigenios dio acceso (entre otros accesos) al Erotismo: la cópula sin fines reproductivos, la psique y las emociones y ya no tan sólo los genitales, el ir hacia la muerte placentera del orgasmo. 

Recuerden que pueden revisar las entregas anteriores en la categoría "Ensayo" bajo "Lo Publicado"(columna derecha arriba)

Y ahora continuamos... 



" Efusiva y lúbrica, exaltada y extasiada la Vida en su plano erótico sólo quiere a si misma devorarse; se prodiga y prolifera en absoluto derroche “podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte… sólo los hombres (y las mujeres, esto lo agrego yo) han hecho de su actividad sexual una actividad erótica, donde la diferencia que separa al erotismo de la actividad sexual simple es una búsqueda psicológica independiente del fin natural dado en la reproducción… aunque la actividad erótica sea antes que nada una exuberancia de la vida, el objeto de esta búsqueda psicológica, independiente como dije de la aspiración a reproducir la vida, no es extraño a la muerte misma.” (8)

Luego,  hombre y mujer atestiguarán el progresivo abultamiento de su abdomen, el crecimiento de sus pechos, el líquido blanquecino que augura la leche. Ella siente esa presencia en su interior, su latir, su movimiento. Tiene nauseas y vómitos como frente al cadáver descompuesto. Y después el dolor, el abismal dolor, el infinito dolor y sin saber como dilatar y sudar y sangrar y ver salir a ese otro ser, vivo, como contrapartida del muerto sepultado. Una vivencia tan violenta y poderosa, tan misteriosa y exuberante como el hallazgo del cadáver. La mujer, agotada, con el recién nacido en el pecho se duerme y ve al esqueleto venerable de la Muerte, desaparecida la carne, sólo sus huesos blanqueados e incorruptibles; viene hacia ella y la insemina como si fuese su amante. Le toma la mano como si fuese su hermana. La cobija como si fuese su madre.
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(8) El Erotismo, Georges Bataille