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Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...

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moradores de un mismo país y una misma ciudad

sábado 30 de enero de 2010

Cimabue, Giotto y Masaccio: trilogía de una transformación (primera parte)


La transformación histórica-estética que nos permite señalar el fin del estilo gótico (último bastión del arte medioeval) y el comienzo del estilo renacentista, si bien se cimenta en una serie de sucesos socio-culturales, económicos y políticos así como en múltiples factores plásticos y técnicos; tiene en la Obra de Cimabue, Giotto y Masaccio, hitos paradigmáticos que nos hacen visualizar claramente el ciclo de esta transmutación. Estos tres pintores representan un período de transición muy atractivo y pedagógico -pues como naturales reflejos del espíritu de su tiempo- nos dejan ver las continuidades y las rupturas que se van produciendo en el paso de un estilo a otro. Sus producciones nos muestran las huellas de siglos de permanencia de los códigos pictóricos de la Edad Media, la lenta muerte de los mismos, así como también nos señalan los derroteros que irán configurando definitivamente al canon del Renacimiento y su re-creación de los parámetros clásicos de la Antiguedad. Cimabue y Giotto son florentinos de nacimiento y Masaccio se traslada siendo muy joven a Florencia. Giovanni Cimabue (Cenni di Pepo), desarrolló su obra a fines del siglo XIII, Giotto di Bondone en los inicios del siglo XIV y Tommaso di Giovanni di Mone Cassai -"Masaccio"- a comienzos del siglo XV. Algunos historiadores del arte, lo sitúan como el "inventor" de la perspectiva, tal y como la concebimos a partir del cuatroccento florentino.
                                                                                                                                     
                                                          
        CIMABUE                                                                                               
                                                                                   GIOTTO                                                                                                                                       
                                                                                                                                                   Me conmueve que, habiendo vivido cada uno en una centuria distinta, se hayan enlazado de tal modo que, sin saberlo, construyeron este puente artístico entre una etapa y otra... este suceso "milagroso" nos recuerda que el espíritu humano es uno solo, que los sistemas caen por su propio peso y que el arte siempre será -quiera o no- testigo y reflejo de su tiempo.






MASACCIO           
Comenzaremos entonces abordando al Maestro Cimabue realizando una salvedad necesaria: muchas de las pinturas que la historia del arte consigna como obras de este pintor, son atribuidas a él, basándose en estudios comparativos especializados, con los originales donde hay certeza de su autoría. 
En la siguiente secuencia de imágenes podemos apreciar como al interior de la Obra de este pintor, también se replica el tránsito desde lo gótico hacia lo renacentista. Si bien, en toda su Obra, este pintor conserva varias formalidades y formulismos del estilo imperante, fácilmente percibimos que lo que va quedando de las ordenanzas medievales son tan sólo una cáscara, se trata de los elementos básicos que conservan el orden establecido. Mas, el germen de "lo otro" está aquí vivo. Tan vivo, que la presencia divina se va reduciendo cada vez más -entre otros datos- al estereotipo de la aureola dorada. El signo se va vaciando de contenido, se convierte en una señal desprovista, a la vez que el impulso hacia lo humano se hace más intenso. Aunque las temáticas sigan siendo religiosas y los representados sean divinidades, santos o miembros de la jerarquía de la iglesia; la búsqueda irrefrenable de una representación que plasme al cuerpo humano con mayor verosimilitud y se acerque a su potencial expresivo y comunicativo, a los sujetos como individualidades de carne y hueso en contraposición a los conceptos abstractos y aleccionadores, parece ser ya en Cimabue, un proceso indetenible. 
Esta Madonna nos muestra la tradicional composición pictórica de la Edad Media: figuras jerarquizadas cuyas proporciones y ubicaciones en el espacio pictórico están predefinidas, separación del nivel celestial y el terrenal, colores institucionalizados que representan pre-conceptos, decorativismo, ángeles y trono. No hay vínculos entre los personajes, cada cual es una entidad cerrada en si misma, las miradas no se encuentran.  Aún así, esta Virgen está distante de las efigies bizantinas y románicas absolutamente planas, esquemáticas y gráficas, de las cuales son herederas; podría decirse que está "en un medio camino" entre el icono y la representación naturalista. Presenta  una menor rigidez, un mayor volumen, hay búsqueda de perspectiva por sobre el patrón fondo - figura, las tonalidades son menos puras, por ende mayormente matizadas, la profusión de detalles y ornamentaciones ha disminuido. Claramente, se trata de otra estética y de otro estilo (Románico vs Gótico) aunque en la sistematización histórica formen parte de una misma unidad (Edad Media)


                                                             










                                                             ICONO ROMANICO
                                                               PANTOCRATOR



                                                                                                          
                                                                                                      En este detalle de "La captura de Cristo" saltan a la vista como señales potentes del cambio, el tema en si mismo y el explicito gesto -el beso de la traición- que permite un acercamiento entre los personajes y la visibilidad de una relación entre ellos. Esta escena, suceso referido como parte de la vida de Dios hecho hombre, es de por si innovadora al interior del repertorio de imágenes que caracterizó al medioevo y desde ya, la mera elección del motivo nos habla de la transformación que está en juego.  La elección de esta temática le permite a Cimabue proponer una Composición distinta que quiebre la estructura piramidal así como bajar del cielo a los personajes y posicionarlos en la tierra. Si bien Jesús mantiene en su rostro ciertas señales pantocráticas, sus rasgos y especialmente el bigote y la barba, dejan de ser ornamentos gráficos y tienden a la traducción real, los ojos no miran al cielo si no al público, la boca esboza un gesto. La corporeidad de los cuerpos, la materia de la cual estamos hechos, está aquí mucho más presente.    

  
En esta "Madonna con San Francisco" apreciamos como Cimabue entra de lleno en el abandono de las convenciones medioevales. La jerarquización de las figuras ha disminuido notoriamente, los rostros se alejan del hieratismo y se igualan en lo humano sin distinción entre virgen, ángeles y santo; si bien aún no vemos el sentido colectivo que surgirá con Giotto y que conducirá a una de las estructuras composicionales características del Renacimiento -esa que establece perspectivas, relaciones espaciales y emocionales entre los personajes, esa que expresará diversas actitudes y posturas y que será determinante de una buena parte de la cuantiosa producción pictórica de los  siglos XV y XVI,  ya existe aquí una visión grupal antecesora que rompe el autismo icónico  y permite una atmósfera más cálida que se aleja de lo puramente medieval. En el semblante de San Francisco de Asís, uno de los precursores esenciales del pensamiento renacentista y de sus postulados medulares: Humanismo, Individualismo y Naturalismo; podemos distinguir con más fuerza aún como se aproxima Cimabue a un quiebre fundacional. Las señas de continuidad con el estilo medieval que apreciamos en la "Madonna" se transmutan en esta "Madonna con San Francisco" en señas evidentes de la ruptura. Y no es menor que, precisamente, la imagen de la santidad abandone el firmamento y se deposite, por encima del símbolo, en la carne humana.

De manera general, podemos plantear que en la Plástica de la Edad Media, la función escritural se traspasa a la estética pictórica ya que los contenidos, temas y mensajes son un eje primordial,  el soporte estético se utiliza literariamente debido a la función religiosa que se le adjudica al arte y que persigue fijar doctrinas y perpetuar creencias. La Plástica Renacentista en tanto, si bien mantiene - y profusamente-  dichas temáticas (así como incorpora otras de otra índole), está esencialmente centrada en los elementos puramente plásticos y estéticos, siendo -desde ahí- temas, mensajes y contenidos más bien pretextos para desarrollar propuestas estilísticas y fundar nuevos universos artísticos.

Y, finalmente, en esta figura, Cimabue ha entrado de lleno en otra forma de representar; técnicamente ha conseguido acercarse notoriamente a la imitación de lo real, adentrándose además en el territorio interior de lo humano: un rostro que expresa y busca individualizarse mediante un sentimiento, una actitud, una postura, una forma de mirar. Ha dejado de ser un ente intelectualizado, ya es una individualidad cercana que comparte con quien la observa, su propia humanidad.

En el próximo post veremos las continuidades y las rupturas de estilo que se manifiestan entre la Obra de Cimabue y la Obra de Giotto.

lunes 25 de enero de 2010

La Vedette, el Boxeador y la Parca




El motivo de estas líneas es la dramática muerte de nuestro boxeador (Q.E.P.D) que tantos triunfos ha dado a nuestra ciudad. Es imposible referirse a este hecho sin mencionar a las dos mujeres implicadas en el caso: la vedette que lo amó en sus tiempos de gloria y lo cobijó en sus desvaríos postreros, y la Parca (más conocida como La Muerte), quien finalmente se lo llevó. No vaya a pensarse que ésta tuvo injerencia en su vida tardíamente. Que la anduvo tanteando y tentando desde temprano, eso no se puede negar. Como una abnegada custodia lo veló desde el minuto en que amoratado, desnutrido y prematuro arribó  a este mundo en la sala de espera de un hospital. Conocido es el relato de su niñez, historia de desamparo, abusos y carencias. Conocida también la bravía población del puerto donde sobrevivió a combo limpio, a punta de quebraduras y costillas rotas, lidiando con la miseria a costa de hematomas y sangre. Encumbrada en un cerro, vista desde el cielo, esta barriada se asemeja a un agujero que a presión, ha hendido la ladera como si la tierra no hubiese soportado el peso del hacinamiento. Hecha a mano según el capricho de quienes fueron tomándose el terreno y avecindándose y ahora con viviendas milimétricas entregadas por el presidente de turno, tan aglomeradas como antes. Si no se es de ahí, fijo que se pierde en medio de sus vericuetos, atajos y callejones. Y se pierde para siempre.

Recordemos que siendo un niño y para calmar la tripa, se hizo un experto en  robar pescados de los camiones en marcha, saltando con la agilidad de un gato sobre la mercancía. Con tanto salto y con la vida siempre sobresaltada ejercitó su astucia, sus músculos y sus sentidos hasta que, quien fuera su primer entrenador le vio vencer a tres muchachos que, como él, buscaban  monedas y  alimento por las calles porteñas. Su carrera como boxeador fue meteórica,  parecía haber sido parido en un ring. Unos cuantos noqueados bastaron para reflotarlo sobre la línea de la pobreza, unos cuantos más para tener un buen pasar, educar a sus hermanos, dar descanso y comodidad a su madre lavandera y deshacerse del ebrio progenitor. Sus puños cruzaron fronteras velozmente, los medios se deshicieron en halagos, cursilerías, morbosidades y chovinismos varios y en el intertanto nuestro púgil siguió golpeando, hasta conquistar todo lo que un rico posee. Sin embargo, como todo crack que se precie, celebró cada una de sus victorias en los patios eriazos y las calles sin asfaltar del mísero barrio que lo vio nacer y que hoy, tras su fallecimiento, se apresta a rendir  honores al héroe peso pluma, cara de matón y alma infantil que conquistó la admiración de los narcos, la gratitud de las dueñas de casa, el corazón de ancianos e infantes, el aplauso de los pastabaseros y el beneplácito de los lanzas...




Pastabasero o Angustiado: así se le llama en Chile a los consumidores de pasta base, deshecho de la cocaína; droga que ha hecho estragos en los sectores pobres de mi país.



"Lanza": término chileno para referirse a un tipo de ladrón que asalta en la calle y cuya característica es la rapidez con que efectúa el atraco; corriendo a gran velocidad quita generalmente carteras, mochilas y joyas.  Ser víctima de él, es ser víctima de un "lanzazo".

... Distinta es la biografía de la vedette. Ella es oriunda de una isla sureña. Sus dotes artísticas se revelaron desde su más tierna infancia cuando en las coloridas embarcaciones -acordeón, virgencitas y agua ardiente- participaba en los cantos votivos con una fiebre que afiebraba a todo el pueblo. Chiquilla diabla le gritaban las viejas, temerosas de las fiebres y sus afiebradas consecuencias. Su nacimiento -por decidor azar- coincidía con la fecha más importante del santoral comunal, entiéndase el hundimiento de la Santa Palmenia en las aguas ribereñas de la isla.  Cada año, el alcalde, siempre preocupado por los sufragantes más alejados del continente y siempre atento a la preservación de la religión nativa, enviaba costales de harina, sacos de papas, mallas de ajos, ajíes verdes y colorados, brebajes alcohólicos diversos y algunos dineritos de las arcas fiscales para engalanar a la santa en su día.

La tradición imponía que a la Palme, como le decían con amistosa devoción, se le confeccionara un nuevo vestido, un nuevo manto y una nueva corona. Las mesuradas discusiones entre las señoras lugareñas destinadas a decidir quien se encargaría de esta piadosa tarea, terminaban necesariamente en una gresca de película, hasta que el párroco con iluminada paciencia lograba zanjar el pugilato. Nadie, ni siquiera el cura, daba importancia a estos hechos de violencia en plenas vísperas de un acontecimiento tan pío,  ya que aunque tirones de mechas e insultos mediante, año tras año se llegaba a un consenso.  Para el cumpleaños número 17 de la Teresita, su madre ocupó tan alto puesto. La joven participó en la tintura de las telas, en la compra de encajes, cintas de colores, hilos satinados y cuentas diminutas y brillantes. Puntada tras puntada estuvo atenta a los mágicos dedos de su madre mirándola extasiada, entonando cánticos con igual intensidad y exaltación. Esta actitud por parte de la chiquilla, le hizo perder el miedo a la herejía y, dada la innegable similitud de tamaño entre su hija y la imagen, le pidió el favor  y ella se lo concedió con fervorosa entrega. Ese fue, según nuestra vedette ha confesado, el portento que la enfiló por el camino de las plumas, las lentejuelas y los meneos… en ese momento me di cuenta,  una revelación es que le dicen, cuando mi mamita me puso el traje, puta es que ni le cuento lo que sentí cuando el manto rozó suavecito mi espalda, fue como si algo aquí dentro se me quebrara. Como que me transporté ¿vio?. Mire, todo iba re bien hasta que mi mamita me pidió que me subiera a la mesa pa ver lo de la basta, pa no tener que agacharse ¿ve?, por lo del lumbago, y así lo hice, y así estaba ella con los alfileres en la boca cuando la Natascha, una vecina que teníamos,  prendió a todo volumen la radio justo cuando se ponen a tocar un mambo de esos que ahora bailo como para resucitar a un muerto,  eso dicen. La cosa es que una luz muy pero muy brillante me iluminó tanto que quedé como en tinieblas y lo único que escuchaba era ese sonido tan sabroso y dicharachero de los platillos ¿me entiende?, de ahí pa delante no pude parar, quedate quieta chiquilla tonta -gritaba mi mamita-, sosiégate te digo, mas respeto con la santa niña, y yo la escuchaba como si estuviera requetecontra lejos, como de la ultratumba que le dicen,  y como yo no podía sacarme el dichoso movimiento de las caderas, me entró un miedo terrible, ¡es que yo sabía que estaba cometiendo un pecado muy grande!. Entonces le rogué a mi mamita que me clavara bien fuerte, bien fuerte con los alfileres pa ver si así reaccionaba y de paso castigarme por manchar la santidad de la Palme, pero fue pa peor la cuestión, como que me gustó el castigo ¿vio? y la cosa ahí si que se puso color de hormiga… es que me dio por arremangarme el vestido y estaba como embelesà mirándome las carnes que se movían sin freno, pa que le digo, éstas de arriba como potro en celo. Mi pobre madre se golpeaba el pecho al tiempo que me mandaba al infierno y la copuchenta de la Natascha que había estado mirando por la ventana, fue con el cuento pal pueblo y en un abrir y cerrar de ojos ¡se lo prometo! estaban todos ¡hasta las más beatas! mirándome extasiados, como adorándome ¿me entiende?.  Y yo, putas pa que le voy a mentir, yo estaba dichosa, como espléndida, como fantástica, como por allá por las alturas y en lo único que pensaba era en mi futuro de vedette y pa serle franca,  ya se me habían ido todos los remordimientos y las llamas de Satán no me importaron nada. Fue una cosa muy rara le diré, como un imán, no sé, un llamado, algo que se hace o se hace no más, ¿vio?. Así que lo hice no más. De repente, me puse a correr y a correr y a correr, y seguí corriendo como cabra loca por los roquerios sujetándome la corona con las dos manos y con el manto revoloteando detrás mío y toda la gente gritando -¡se nos arranca la virgencita, atájenla!-. Figúrese que los pies me quedaron toditos ensangrentados. Me habré desmayado o me resbalé o quién sabe, el asunto es que caí como plomo al mar.  Desperté tres días después, vaya a saber donde, medio enterrada en la arena con el vestido, la corona y el manto intactos. Pa no creerlo ¿verdad?. Fue un milagro ¿sabe?, la Palme me salvó...
Palmenia Pizarro, famosísima cantante chilena, gran intérprete de boleros y música del Perú, país donde residió por mucho tiempo. El nombre de la Santa en este cuento alude a ella.

... Ya en tierra firme, se bautizó Yorka y en el más ardiente Night Club del puerto inició su carrera. En la isla aún se recuerda a la santita que un día se humanizó y recordando su martirio hundióse en las aguas por segunda vez. 

Sin aquella celestial intersección, nuestro crack no hubiese encontrado a esta diosa de carnosos pechos y nalgas ágiles. El hechizo fue inmediato y fulminante. Tras sus innumerables aventuras con cuanta bailarina de cabaret se le pusiera por delante, finalmente echó ancla con la Yorka. Ninguna, poseía un estilo tan encantador y peculiar; sus versátiles versiones del mambo y de la rumba, de la cumbia más pura y el bolero más romántico, hicieron leyenda. Pero, ante todo,  el sello inigualable de la Yorka fue el irrenunciable arrobo que provocaba en los parroquianos, sin distinción de procedencia, ni de credo ni de clase.

Lo que sigue es de público conocimiento, si no lo fuera estas líneas póstumas no le importarían a nadie. Se trata de la entronización ineludible en un genuino cuento de hadas. Sólo así son posibles las veneraciones y homenajes. Digámoslo entonces: juntos, el boxeador y la vedette amasaron felicidad, fama y fortuna; recorrieron el mundo, conocieron lo que nunca imaginaron, cumplieron sueños y saciaron ambiciones, se permitieron sofisticaciones y extravagancias, se deleitaron con todo tipo de derroche y llorosos recordaron el pasado, que los inviernos arriba del barro, que la sopita y el pan, que la falta de navidades; y en cada ataque de nostalgia se desprendieron de cuantiosas cantidades recibiendo honores por ser almas caritativas y conscientes; repletaron estadios y coliseos, famosas boites, centros nocturnos y bares, fueron acosados por periodistas y fanáticos posando para los flasch con sonrisas incansables.

La Parca siempre estuvo allí, en medio de todo, en medio de ellos, al centro de la dicha; mas, recurriendo a sus dones prestidigitadores y a su gusto por los disfraces, pasó inadvertida entre tantos laureles, oropel y festejo. Subrepticiamente, y silenciosa, esta milenaria y sempiterna mujer, consideró que ya era hora de pasarle la cuenta al campeón, mal que mal siempre había sido su compañera y lo había protegido mejor que el ángel de la guarda. Al principio sus arremetidas fueron esporádicas, un malestar por aquí, otro por allá, una que otra jaqueca, una punzada o algunas náuseas, unos vómitos de vez en cuando. La Yorka atribuía estos achaques a las últimas contusiones recibidas y para reponerlo preparaba enjundiosos caldos, bailaba para él, cantaba canciones de cuna para espantarle el insomnio. Con gran dedicación y la destreza heredada de su madre, le confeccionó una nueva bata finamente bordada para su próximo asalto. Se pasó horas haciéndole arrumacos y masajes. Le rogó a la Palme, le prometió mandas y regalos, preparó brebajes, lo incitó con fantasías bellas y perversas, pero nada, absolutamente nada dio resultado. Nuestro púgil dejó de ir a los entrenamientos, canceló las peleas pactadas, se embriagó para siempre, gastó dinerales en apuestas y juergas, pensando que de este modo recuperaría el entusiasmo, sin embargo la Parca no le dio tregua, lo llamaba, insistente, con su canto de sirena y segaba sus pasos con la guadaña. Hasta cuando vai a seguir, párala, mira en lo que te hai convertido, dai lástima, sabis que más, cualquier día de estos me largo. Pero la vedette no se iba y al boxeador nada le importaba su llanto amargo.

Hasta que por fin, la Parca derechamente le invitó a la cama. Y, como él, por muy enfermo que estuviese, era un macho muy macho, le fue imposible negarse, la infidelidad, pensó, podría ser una cura, así que se encamó, pero en vez de mejorar empeoró, palideció, adelgazó, enmudeció y su apariencia fue, cada vez más deleznable. Una tarde, la Yorka lo encontró con sus tijeras costureras amenazando al aire, profiriendo palabrotas, dando tumbos y manotazos. La medicina tradicional no encontraba explicación razonable ni los psicólogos consiguieron nada ni con fármacos ni con terapias. Cadenas de oración, homeopatía, sahumerios y  nada. Nuestro héroe sucumbía a manos de la Parca, y era que no, ella no pierde ningún combate. Cuando se cercioró que ya era su hora para pasar a mejor vida, compasiva le concedió su último deseo y al despuntar la noche, a empeñones lo llevó hasta el muelle.

Sabiendo de mi cercanía con el púgil,  me telefonearon de la comisaría contándome que  habían recibido una llamada de una señora que no quiso identificarse y que decía haberle visto muy a mal traer,  vociferando incoherencias, al parecer presa de un dolor muy grande. Cuando llegamos al lugar de los hechos, una veintena de gatos nos impidieron el paso. Relamiéndose los hocicos y con sus ojos amarillos y punzantes, provocaban un respeto tal que tuvimos que armarnos de palos y de coraje. En los night clubs del sector la fiesta comenzaba, los niños pobres del puerto se aprestaban a robar pescados de los camiones en marcha, y el hedor a la matanza diaria se cernía sobre nosotros intimidante. El muelle estaba atiborrado de sacos con los desperdicios de las pesqueras, mazamorras de pieles escamosas y pedazos desmembrados, y nuestro boxeador con los ojos muy abiertos y vidriosos  Q.E.P.D. en su nicho de tripas putrefactas. 

viernes 15 de enero de 2010

El Arte de Amar

 "Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor  como tal no produce amor  y no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, una desgracia"
 Erich Fromm

Este post lleva el título del famosísimo libro de Erich Fromm pues siento que efectivamente el amor requiere de aprendizaje, rigor, creatividad y oficio como cualquier disciplina artística. El enamorarse, sucede. Es instintivo. Sin embargo, el amar, se aprende. Este autoeducarse implica perfeccionar el propio Ser con la rigurosidad necesaria para no desfallecer en el intento; aplacar el ego, desarrollar la aceptación, la empatía, la asertividad; crear permanentes vías de solución a los conflictos, sendas de acercamiento tras las rupturas, estrategias para la armonía y la estabilidad. Es, en suma, la adquisición de un fino oficio. El de evolucionar mental, emocional y espiritualmente; ser una mejor persona. Esta ejercitación únicamente puede realizarse productivamente a lo largo del tiempo. Si nuestra vida amorosa consiste en un ir y venir  de enamoramiento en enamoramiento, jamás encontraremos lo que buscamos, pues en el momento de comenzar a practicar, es decir ante la adversidad y la incomprensión, emprendemos la huída.

Este enfoque puede sonar muy "matapasiones". Pareciera nada tener que ver con las pulsaciones aceleradas del corazón ni con las maripositas en el estómago ni con esa corriente química-eléctrica del fuego y del deseo. Cierto. En apariencia. Pero no tan cierto, ya que no hay nada más destructivo para ese fuego y ese deseo que los enfrentamientos permanentes, el daño que causamos y nos causan, el desentendimiento cotidiano, la mala convivencia. Sin duda, quizieramos que nuestro amor -el que damos y el que recibimos- se perpetuara mágicamente,  sólo con la chispa de la atracción inicial. Sin embargo, a poco andar, comprendemos que hemos de trabajar con nosotros mismos si queremos conservarlo... recién aquí se empieza a amar.

Pero, ¿de dónde surge esta necesidad humana, este impulso que nos lanza en búsqueda del amor?.

De donde mismo nace toda la médula esencial de nuestra vida: la conciencia, y con ella el conocimiento de lo que este autor denomina separatividad. Yo prefiero llamarle: la escisión. Esa que en el relato bíblico se metaforiza como la expulsión del  paraíso ( aunque hayan querido culpar a mi homóloga, la primera Eva). Ser concientes implica sentir que somos arrancados del Todo, si se quiere del Uno; como si una fuerza inexplicable arrebatara a un recién nacido del regazo de su madre.

Tras el amor, siempre, está la cicatriz de este dolor primero. Y como infantes ingenuos y ávidos nos acercamos llenos de buenas intenciones, sentimientos bondadosos y pensamientos virtuosos. Estamos seguros que esa magnífica energía que nos moviliza será inagotable, curará los males y nos brindará la felicidad que añoramos. En el fondo más hondo de nuestro psiquismo, aspiramos a borrar la herida  primigénia, fusionándonos, fundiéndonos con él o con ella para regresar al hogar del que fuimos expulsados. Trágicamente paradojal resulta que esta sed de "cielo", suela convertirse en un infierno.

Plantea Fromm que sólo se ama lo que se comprende... ¿recibimos educación y orientación para aprender este Arte? ¿vivimos en un sistema que nos de ejemplos de ello? ¿antes de amar, sabemos a ciencia cierta lo que esto requiere y significa?. Claramente, no.  Relaciones rotas, infidelidades, tristeza y sufrimiento; violencia y asesinatos son escenarios que en su nombre vemos con frecuencia. O la ausencia de vínculo, un acercamiento al amor superficial y vacuo, un hondo temor al compromiso y a la permanencia. Un pasatiempo, no un arte.

Recuerdo un cuento que simbólicamente nos habla sobre el amor; dice más o menos así:
Una vez un hombre (o una mujer) salió muy temprano a pescar. Su corazón iba lleno de alegría y entusiasmo, el paisaje era maravilloso, ya sacaba cuentas de cuantos gordos pescados lograría atrapar. Comenzó su tarea con mucha dedicación y paciencia, su ánimo y su esperanza no decrecieron aunque el mar estaba reacio a entregarle lo que buscaba. Pasado un largo rato, comenzaron a picar, pero no caía en su anzuelo el especímen que imaginaba y deseaba. Hasta que su espera fue recompensada. Seguro es muy, muy grande pues tira con mucha fuerza -pensó- al tiempo que lidiaba con la caña imprimiendo en ello toda su energía. Tras largos minutos de batalla con su presa pudo ver su preciosa conquista: un gran pez carnoso, uno bello e inusual, enteramente suyo, ganado con el sudor de su frente. Una vez calmada su excitación, terminó de recoger el hilo del carrete y tremenda fue su sorpresa al ver que junto a su trofeo también había pescado a un esqueleto. Sí, un esqueleto. Lo invadió el pánico a tal punto que no le importó abandonar su ganancia, soltó la caña y emprendió la huída despavorido. Pero, sin saber como, caña, pez y esqueleto  quedaron enredados en uno de sus zapatos y por más que intentaba zafarse no lo lograba. Corrió, corrió y corrió sintiendo su tintinear a las espaldas. Dando vuelta la cabeza de tanto en tanto y sin detenerse, veía a la osamenta dando tumbos , desvencijada pero firme sin seña alguna de soltarse; fuesen cuales fuesen los giros que hiciese, corriese por valles o montañas, allí seguía, atrás, con el sonido de los huesos entrechocándose. Del pez gordo y sabroso nunca más se supo. Cuando el cansancio lo venció, entró en una caverna y se desvaneció en un profundo sueño. Al despertar, el atado de huesos estaba a su lado, la calavera apoyada en su hombro, las huesudas manos sobre sus manos... conmovido, abrazó a la criatura musitando amorosas palabras y entonces el esqueleto volvió a la vida, su cuerpo se cubrió de carne y su alma se encendió de luz.



lunes 11 de enero de 2010

BlogearDarRecibir... infinito!

Muchas sensaciones positivas, estimulantes y sanadoras me ha regalado esta acción virtual de conocer y dejar que te conozcan desde ámbitos que no son los habituales en la vida ,(aunque debiesen serlo) ... mediante la palabra, los pensamientos, las emociones, los aprendizajes recíprocos, las miradas que se tienen sobre la existencia y el quehacer creativo y solidario de tantos hombres y mujeres - ricos afluentes en un mundo tan a menudo estéril y yermo -. 
En definitiva, Darse a otros y Recibir de los demás. Me conmueve esperanzadoramente este gesto colectivo de la sensibilidad y el espíritu humano, me conmueve en un planeta que se caracteriza por todo lo contrario y me pregunto ¿porqué habiendo tanto amor en el mundo, la sangre corre y cunde el sufrimiento?

 "Ese blog no me lo puedo sacar de la cabeza"

He recibido de mi entrañable Katy (http://ciudadanadelmundo.blogspot.com), a la también entrañable Mafalda junto al desafío de listar 10 "cosas" que no me puedo sacar de la cabeza; ¡uf!, no me ha sido fácil pues tengo como 1.000 rondándome. Pero tras divagaciones y disquisiciones varias aquí están las "top ten", divididas en: 5 desde la carencia y 5 desde el regocijo.

1.-  La carencia de amor
2.-  La carencia de educación
3.-  La carencia de justicia social
4.-  La carencia de una política con altura de miras
5.-  La carencia de relevancia y buen trato hacia las artes y la cultura

1.  El regocijo de la Naturaleza y sus sabias enseñanzas
2.  El regocijo de la evolución emocional y espiritual
3.  El regocijo de escribir y de aprender
4.  El regocijo de mi Ser Latinoamericano
5.  El regocijo de la amistad, la solidaridad y la no discriminación


Quiero dar esta Mafaldita y su reto de las "10 Cosas" a mi querido LumpenPoetaNavegante (http://lareddelnavegante.blogspot.com) y al blog "El sur también existe" (http://www.elsurnuestro.blogspot.com) y a las cálidas mujeres de América Latina con las cuales comparto dicho espacio.


  También me han llegado de parte de Adriana (http://ununiversodecosas.blogspot.com) estos osos cariñosos aferrados al gran corazón de la fraternidad humana.
 ¡Gracias a Katy y a Adriana por este Dar que me contenta el corazón Recibir!


POSTDATA : Por esas casualidades que no son casualidades, he visitado el blog de Estrella Altair y me he encontrado con una fotografía que sentí debía enlazar con este post. Me impactó encontrar allí una respuesta sagrada y contundente y quiero compartirlacon ustedes. Aquí el enlace (bajo el título La memoria perdida-bioculturalidad):

lunes 4 de enero de 2010

Pintores en la blogósfera II

En esta ocasión abordaré a dos pintores presentes en el talentoso universo de los blogs, unidos por el tema que abordan -retratos masculinos-, por el enfoque contemporáneo que dan a dicha temática, por el peso literario que asumen los personajes en tanto convocan a imaginar historias que  sustenten  las emociones que en sus rostros se manifiestan y se esconden, relatos íntimos que entrelazan ese nexo entre el yo y el mundo... una visión que da cuenta de ciertos paradigmas de nuestra época: subjetivos, solitarios, confundidos, iracundos o aterrados, ávidos por expresarse pero replegados en una verdad interior que quiere y no quiere ser contada. Lo que sí es seguro, es que despiertan el deseo de ser escuchados en medio de un tiempo repleto de ruido pero carente de efectiva comunicación. 

J.R Segura, acuarela : http://jrsegura.blogspot.com

Lo primero que quiero destacar de esta obra es su técnica: se trata de una Acuarela - pintura realizada con colores diluidos en agua- método pictórico que, a pesar de tener una larga data (Egipto y China en la Antiguedad) y haber sido utilizada sistemáticamente durante toda la historia del arte plástico, parece haber tenido menos uso, difusión y valía. Estamos más acostumbrados al óleo o al acrílico y, equivocadamente, tendemos a subvalorar el trabajo acuarelístico concibiéndolo como un "hermano menor" de esos otros sistemas. Mas, por el contrario, la acuarela es un método muy complejo que exige mucha práctica al pintor, se  requiere de un manejo oficioso y concienzudo ya que corregir o disimular un error es una tarea casi imposible. Otra dificultad que la caracteriza es la transformación que experimenta el material aplicado y, por ende, el resultado final: el aspecto vivo, iluminado y encendido de la obra cuando aún está húmeda, se atenúa, se apaga, cuando ésta seca. Por tanto, el artista debe tener en cuenta dicho proceso y calcular a la perfección cuanta carga de pintura y agua le coloca al pincel para obtener la estética deseada.

El efecto que este acuarelista consigue es de calidad, estruja al máximo las posibilidades que los pigmentos y su disolución acuosa le ofrecen obteniendo una imagen de alta luminosidad, vivaz y llamativa. Sorprendentemente colorida, pues es una pintura de escaso color, bi color podríamos decir, tan sólo rojos y azules, y sus matices, desde los rosas hasta los negros, sin embargo nos entrega una intensa sensación cromática. El fondo es un ejercicio que va desde más agua a más materia, calibrando esos dos elementos para obtener una degradación tonal que, a su vez evoca, a la sombra y a la luz. La fotografía no me permite dilucidar fehacientemente, si los blancos presentes son resultantes de la no intervención del papel. Por lo general, en las acuarelas así sucede y el blanco es el soporte intocado, la ausencia de la mano del pintor, en tal sentido, la "negación de la pintura".

El tema y el estilo también me parecen un aporte: por lo general, las acuarelas nos evocan temáticas florales y paisajes plasmados de modo academicista y tradicional; este autoretrato rompe tajantemente con esos cánones actualizando el resultado. El dibujo, el sello de la ilustración y cierto aire del comics, se adueñan del único y primerísimo plano que estructura a la obra. Este delgado joven apela a una efusiva y significativa expresión de su rostro, busca captar la maleabilidad y la transformación de los rasgos deteniendose en ese gesto amplificado; los ojos fijos y perpetuos, chueca la nariz y el cuello alargado "a lo Modigliani". Allí queda la impronta del esfuerzo y la tensión que esa boca desconmensuradamente abierta realiza… esa boca interroga a quién la mira y de ella emergen un sinfín de eventuales mensajes y cuestionamientos. ¿Es un grito de horror? ¿una reminicencia del aullido existencial de Munch? ¿un alarido de impotencia, una mueca exagerada? ¿o canta? ¿es un canto desorbitado, alucinado que brota desde su adentro, el instante de la nota más suprema, el sonido más álgido? 

La representación de la glotis es un acierto. Recortada sobre una mínima porción de negro, lo que pudiese ser un nimio detalle, se torna en el foco de atención de la imagen. Ya sea por lo inusual de su aparición en una pintura o porque en este elemento pareciera estar inscrito un misterio -la develación posible de las incógnitas que la obra produce- es imposible no fijar la vista allí como si de un imán se tratase y, quizás, más de algún espectador querrá ser deglutido por este grito o este canto.

A pesar de la fuerza de lo representado, aquí no hay movimiento si no más bien una parálisis que genera el aspecto hierático y extático de la figura, una suerte de icono-orante "bizantino post moderno" que se eleva por sobre lo terrenal. La mudez que caracteriza a la imagen plástica -su don y su falta- juega en esta obra un papel fundamental, el paradojal rol de potenciar el gesto mediante el silencio. Es el desesperado intento de un mudo, su grito silente, un callado sonido, una música en sordina...  éste, su impedimento, aumenta la fuerza artística y expresiva de la obra.  

Manolo López,acrílico: http://manolo-lopez-art.blogspot.com







De medio perfil, este otro retrato masculino, también se centra en la expresión y en la gestualidad pero de manera menos explícita y estridente. Un semblante contenido, poseedor de una gran carga emocional y psicológica; un personaje  en el cual parecen converger el control, la furia y la impotencia. Sin embargo, en esta tela, el movimiento adquiere protagonismo; se trata de su detención en el gesto de voltear la cabeza. Es un desplazamiento congelado justo en ese instante, los ojos entornados hablan de ese giro: la mirada encuentra lo que ve, la boca también se moviliza en un leve rictus y el fondo contribuye a este flujo de energía con sus pinceladas y empastes. Próximo e inquisidor, triste y desconfiado,  siento que es a mi a quien descubre; se vuelve de improviso y observa como le observo, no le gusta nada mi afán escudriñador en sus privados misterios.


La forma en que se aplica el acrílico es aquí una clave, pareciera que el repliegue expresivo con que se trabajan los rasgos, se desata más allá de ellos a través de las manchas de color que hacen girar levemente la imagen, enfatizando las sensaciones de celeridad y vértigo; no sólo el hombre rota, rota también su mundo; rotan sus percepciones y sentimientos. El pintor dibuja con la materia, la cara se arma con manchones que buscan la carnación y las texturas y el encuadre constreñido y lateral crea una potente cercanía, como si fuéramos íntimos testigos de este fugaz momento. Un segundo que hace un tajo en la eternidad, prometiendo la explosión de sentido humano que este hombre guarda. Todo se resuelve en este pequeño extracto: la faz es un penetrante ángulo, el corte del rostro, la ausencia de cráneo y lo aguzado de la fisonomía, potencian la actitud y extrañamente consiguen un aspecto de animal acorralado y desvalido que, como tal, está dispuesto al ataque.

Sin duda, es éste un rostro con carácter: grandes ojos ojerosos enmarcados en el brutal negro que hace de cejas -mirada que atrapa y establece el punto de tensión de la obra-, prominente e imponente nariz y una boca que consigue mediante una sutil contracción, la emisión de múltiples significancias internas.