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Remedios Varo

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Naturalezas Muertas y Bodegones

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domingo, 10 de marzo de 2013

¿Cual es la Madre del Cordero? ¿recuerdan?... El Miedo a la Muerte es la raíz de todos los Miedos...


IV.




“Aunque en épocas anteriores
eran directos al hablar sobre la muerte
pero reticentes a hablar de sexo,
hoy en día, somos locuaces
hasta el aburrimiento hablando de sexo,
pero reticentes a hablar de la muerte
como un hecho de la vida”

George F. Will, Premio Pulitzer.


Retratos sesgados y caricaturescos de Adanes y Evas actuales made in Chile 
(  en sintonìa con la existencia planetaria )

Recientemente salidos del quirófano, él con un bay pass gástrico que promete reducir drásticamente el sobrepeso, ella con implantes mamarios para pasar de copa B a copa C y elevar de tal modo, no tan sólo sus pechos si no también su autoestima; recorren un mall del barrio alto, embelesados ante el caudal de ofertas y productos. Atentos a las vitrinas y a sus múltiples objetos y prendas, se ponen en posición de ataque cada vez que el tumulto, que pasea como ellos atraídos por las mercancías, amenaza con invadir el pequeño espacio personal que resta para desplazarse. Tras vivenciar el deleite de la compra, el placentero consumo; se dirigen al estacionamiento en busca del automóvil, último modelo, recientemente adquirido. La felicidad disminuye paulatinamente en el intento de escapar del atolladero de autos que también aspiran a salir del recinto. Nadie les da la pasada y él maniobra la máquina intentando no darle la pasada a nadie. El exquisito goce de la compra se diluye en el afluente de emociones negativas que de ambos se va apoderando y comienza la discusión, la que sea o la misma de siempre: todo y nada sirve para gatillar la incomprensión, sus resentimientos y agresiones. Por fin en casa y para pasar el mal rato, ella traga dos ansiolíticos y se prueba los nuevos pantalones, los nuevos zapatos, el nuevo abrigo. Observa sus senos artificiales y es feliz nuevamente. Pareciera que el amamantamiento de sus tres hijos y el natural paso de los años no hubiesen hecho mella. Eso la hace feliz. Mejor aún, tiene unas tetas que nunca tuvo, es que lo que natura no da o simplemente quita como ley de la Vida y de la Muerte, cirugía lo vende, lo repara o lo crea artificialmente. Por mientras, él bebe ron mientras juguetea embelesado con su celular de última generación provisto de todos los adelantos que ofrece el mercado.  Ella piensa en la cantidad de meses que han pasado desde la última vez que hicieron el amor. Y el lucha por no pensar en la eyaculación precoz que le atormenta.

Al otro lado de la ciudad, un hombre y una mujer recorren la población en la que viven en busca de la droga que borrará angustias y tristezas. Atentos a todos los sonidos, sobre todo a los más imperceptibles, se ponen en posición de ataque  cada vez que detectan cualquier señal que anuncie la irrupción de la policía o un enfrentamiento entre narcos. El niño que los acompaña come ávidamente de una bolsa con papas fritas bañadas en ketchup y hace gestos obscenos y rabiosos a los otros niños que se acercan para pedirle. Una vez drogados, y gastado el dinero que han conseguido en el día,  pueden sentirse felices por un rato y olvidar la pobreza en la que viven. Pero ella no quiere tener sexo pues hace mucho que no siente deseo alguno y él se violenta y la golpea. Luego él le pide perdón, ella lo perdona y consumen el resto de pasta base que les queda. Hasta el siguiente dìa, cuando esta historia de miedo, angustia y evasión se repita. Y hasta el subsiguiente y los que siguen, mientras el cuerpo del niño crece, la obesidad cunde y el alma se hace raquìtica. 

Y en otro sector, después de una extensa jornada laboral que incluye horas extras y turnos que no respetan las leyes laborales; trabajos éstos que les permiten endeudarse y así mantenerse dentro del grueso poblacional llamado clase media; un hombre y una mujer, desolados e impotentes sacan y sacan cuentas para llegar siempre al mismo resultado: saldo en contra, cansancio, preocupación, frustración, rabia y pérdida. Cuotas por pagar, cuentas por pagar, préstamos por pagar. Pero es viernes y acaban de recibir sus salarios. Un buen asado y muchas cervezas podrán mejorar los ánimos. Embriagados, importará menos que el no sea cariñoso y sólo quiera penetrarla, nada importará que ella, como casi siempre, finja el orgasmo.

Todos temen y perviven en la incertidumbre y en el desconcierto. Como en el Origen.

Estas tres mínimas narraciones ponen de manifiesto, tras siglos de inhumana civilización, el resultado, aquí y ahora, del sistema dominador, desigual y jerarquizado que vimos nacer en el sanguinario paso desde la prehistoria a la historia. Sin embargo, hay un hilo conductor que no distingue clase económica y que nos sigue conectando con nuestro origen como especie sin discriminación alguna, como si el vasto tiempo que nos separa de ello, no hubiese pasado: muerte, erotismo y miedo. La premisa fundamental de este Ejercicio de Ensayo ( establecida en las entregas anteriores): el miedo  la Muerte es la raíz de todos los miedos. Para no sentir a la muerte en la propia vida, para arrancar del miedo, se recurre a la evasión utilizando el consumismo exacerbado, los fármacos, el alcohol y las drogas. Y, viviendo en un mundo que ofrece un constante estímulo sexual, nuestro erotismo presenta recurrentes disfunciones y no nos entrega, según las estadìsticas a la mayoría, el placer sagrado que le es connatural. 

Si algo define a Occidente hoy, esto es: el anhelo de dar muerte a la Muerte. Desterrada ha sido de la Vida, expulsada de nuestro Paraíso Post Moderno. Podemos aspirar a la inmortalidad por nuestros propios medios. La ciencia y la tecnología nos avalan. Hemos dado muerte a nuestros dioses animales, a nuestra Diosa Madre y conservamos en grado emérito a un Dios Padre cada vez más insuficiente para aplacar el pánico de sus creaturas. Hemos llegado a la luna, internet modifica el tiempo y el espacio, la medicina guerrea cada vez con más armas en contra de las enfermedades, se descifran los secretos del adn y así como se aspira a derrotar a la muerte se puede ya, crear y clonar vida. Estamos atiborrados de objetos, productos y servicios para facilitar el diario vivir y se despliega ante nosotros un mercado que ofrece soluciones, comodidades, lujos y entretenciones; si bien la inequidad cunde, las circunstancias de nuestra subsistencia han cambiado de manera contundente, la civilización ha conseguido mejoras considerables e impensadas. Sin embargo, la lucha primigenia por la sobrevivencia, hoy representada en la obtención de dinero para acceder a todo ello, continúa ejerciendo un feroz impacto sobre la interioridad humana. Dicho impacto no ha sido atenuado por ninguna de las grandes conquistas ni cognitivas ni materiales ni tecnológicas de nuestra sociedad, tampoco nos han brindado mayor tranquilidad y amparo. Por el  contrario, el sistema en el que estamos insertos, puede ser tanto o más atemorizante, belicoso y desgastador que el cavernícola y continuamos viviendo con la sensación de estar bajo una inminente y perseverante amenaza. Las construcciones ideológicas y socioculturales; los sistemas religiosos, políticos y económicos que se han ido alzando durante siglos, no han podido superar el trauma emocional de nuestro origen y, por el contrario, parece que todo el esfuerzo civilizatorio de la humanidad, ha sido a costa de acrecentar el Miedo Primigenio llegando, hoy por hoy, a un punto máximo de tensión.


Nota: con este post, retomo la entrega de mi Ejercicio de Ensayo. He de decir que la lectura y los aportes de todos aquellos y aquellas que leyeron y comentaron los textos anteriores de ¿Cual es la Madre del Cordero?, han sido de una importancia radical en correcciones, mejorìas y aprendizajes. Gracias infinitas!!!!. El resto de este Ejercicio se encuentra en las Etiquetas/Ensayo.

viernes, 22 de febrero de 2013

Juguetonas Ninfas con su Fauno.



Las Ninfas, inspiración de las Artes, amantes de la desnudez y de la Naturaleza, Hijas de la Diosa Madre, algunas, de las muchas hijas de La Diosa, antiquísima ya para los Griegos.  Olvidada en parte pero latente en lo Humano. Habría que decir que muchísimos siglos habían pasado y mucha agua había corrido bajo el puente ( y sangre por supuesto).

El Fauno, espìritu de los bosques, fértil portador, gustador de la música, muy cercano a Pan y a los Sàtiros, todos ellos dando cuenta del origen animal, ( ¿de ese traspasarse de la animalidad a la humanidad, ese punto sagrado que nos hace hermanos)  tienen patas peludas con las que les deleita bailar y divertirse, colas y orejas de ciervo y ¡son muy amigables!


La Edad Media los satanizó como lo satanizó todo, incluso a la Iglesia. Convertidos en Incubos, "demonios masculinos que copulaban con mujeres a las que generalmente acudían durante las noches para invadir su mente y tenerlas a su merced... pudièndo dejarlas en un estado de salud fìsico y/o mental lamentable." Hay historias de Incubos con Monjas y de Sùcubos -faceta femenina de este demonio que significa "estar debajo", demonios de gran belleza cuya función principal es la de seducir a los hombres, especialmente a los monjes. .


En la Cueva, donde nos juntamos las Ninfas y el Fauno, estamos muy ajenas a Satán,  Creemos en la hermandad y el compañerismo, nos deleita el placer en todas sus formas y manifestaciones..el deleite del conocimiento y la creación, el Arte y sus amplias expresiones, los Cuerpos y las Bocas, las Almas, la Emoción y el Juego. Protectores de la Naturaleza, unidos a Ella en recuerdo del Origen. Proclives a la  Bacanal Sagrada y a la Amistad. Esta Ninfa valora el talante diverso y libre del Origen, cuando la civilización aún no comenzaba su depredación sobre ciertas raíces sagradas.






El Fornicio
(*)

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tacara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire
felino de tu fragancia, te dijera española
mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
nórdica boreal, espuma
de la diaspora del Génesis... ¿Qué más
te dijera por dentro?
¿griega,
mi egipcia, romana
por el mármol?
¿fenicia,
cartaginesa, o loca, locamente andaluza
en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa
la cítara de Dios, en la danza
del fornicio?

Te oyera aullar,
te fuera mordiendo hasta las últimas
amapolas, mi posesa, te todavía
enloqueciera allí, en el frescor
ciego, te nadara




En la inmensidad
insaciable de la lascivia,
riera
frenético el frenesí con tus dientes, me
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
de otra pureza, oyera cantar las esferas
estallantes como Pitágoras,
te lamiera,
te olfateara como el león
a su leona,
para el sol,
fálicamente mía,
¡te amara!

Gonzalo Rojas
(*) sexo por placer


Lagrenée

" La viva, insaciable danza de tus pezones en mi boca. Tu forma de tocar, firme, protectora, investigándome,. Tu lengua fuerte y tus finos dedos llegando donde te estuve esperando por años, en mi rosa, hùmeda cueva. Pase lo que pase esto es ".

Adrianne Rich

sábado, 2 de febrero de 2013

La bolsa Y la Vida.


Tras haber sido expulsada del edén, tomó su cartera, echó unas cuantas manzanas y se largó. Quizás se le quedó la hoja de parra pero la cartera no. Y probablemente en ese instante miró a la serpiente, deshollada se la imaginó y fraguó la idea de un nuevo modelo con su pellejo provocador. Difícil concebir que esta Eva anduviese por la existencia sin este adminículo femenino por antonomasia,  aunque fuese para echar hojas y guijarros cono hacen las niñas/os, aún más a la hora de salir del que era su hogar ,para ganarse el pan con el sudor de su frente. 

La innata condición "faber" - fabricante, hacedor de cosas - de la especie humana, prontamente creó un mundo de objetos que aunaron lo utilitario con lo ornamental buscando que diseño y función se aliaran en su beneficio, satisfaciendo así necesidades de toda índole. La construcción de civilización y cultura si bien se enraiza en paradigmas inmateriales, evidentemente se sustenta y encarna en productos concretos. Cabe conjeturar que ya en los orígenes nómades contar con "algo" que permitiese trasladar lo recolectado, transformó a ese bolso o alforja o cartera primigenia en un artículo de primera necesidad que, a partir de ese momento, nos acompañó en la construcción de nuestra historia y del cual, la mujer se fue apropiando, hasta hacerlo parte de su más íntima y cotidiana identidad. Evidentemente su funcionalidad explica este apego, sin embargo éste trasciende con creces el mero uso que de ella hacemos. Baste ver -si es que te lo permite- que lleva una mujer en su cartera, para acceder a un conocimiento que excede lo pragmático y lo doméstico. Nuestro género se expresa allí en todas sus diversas gamas, en lo que nos asemeja y en lo que nos diferencia. Las carteras de las Evas son tan disímiles, variadas y versátiles como nuestros cuerpos, rostros y temperamentos. Como nuestra crianza, nuestro suelo natal, nuestras creencias, nuestra raigambre social y económica. Las hay para distintas ocasiones, artesanales o industrializadas, de innumerables tamaños, formatos y materiales, y siempre tenemos alguna que es la regalona aunque no sea ni la más nueva ni la más linda ni la más fina. Se puede tener una por un poco más de lo que vale un kilo de pan y existen otras que cuestan más que el sueldo de la mayoría.

Para descubrirnos en virtudes y pecados nada mejor que hurgar en nuestras carteras, por ello que otras manos la revisen es un ultraje y, aunque tengamos el debido permiso, que las nuestras irrumpan en dicho espacio privado, siempre provoca una extraña y agitada sensación. Es una tragedia que nos "cartereen", lo que en Chile, en el lenguaje del hampa significa robar carteras o elementos guardados en ella sin que la dueña se percate; experiencia ésta última aún más traumática que el vernos despojadas explícita, radical y definitivamente de ella. Eso de constatar más tarde que nos han violado sin que ni nos diéramos cuenta  es altamente perturbador. La amenaza de "la bolsa o la vida" viene a ser una absoluta contradicción en tanto vivir sin bolso es un despropósito imposible y vida y cartera parecen homologarse en el inconsciente colectivo femenino cual arraigada categoría ontológica. Es: la bolsa Y la vida o  inconcebible la vida sin bolsa. 

Prototipos de caracteres y costumbres pueden inferirse según el conjunto de cosas que se albergan en una cartera, la cantidad de las mismas, la presencia de lo innecesario y/o lo imprescindible, la organización o el desorden que en ella reinen. En mi caso particular, cada cierto rato siento la irrefrenable necesidad de ordenarla y limpiarla, suelo acumular papeles, desde boletas a las cuales no daré ninguna utilidad hasta documentos importantes. Ella es el primer lugar al que recurro si se trata de encontrar algo perdido y el sitio más seguro para guardar algo importante. Cuando mi mente se ensucia y se atiborra, el ritual de asear mi cartera pareciera me ayudase para reencontrar el centro. 

Desde su exilio del paraíso hasta la fecha, Eva con su cartera a cuestas,  ha recorrido muchos caminos, ha sufrido fuertes dolores, abusos y pérdidas, ha parido seres que perpetuan la especie, ha sido quemada en hogueras, discriminada y ninguneada,  se ha transformado y ha provocado enormes transformaciones, ha luchado, se ha empoderado e independizado y  así, hoy por hoy, ya no sólo es dueña de su bolsa personal si no también maneja carteras de clientes, carteras de proyectos y carteras ministeriales.

Nuestra cartera siempre tiene una doble faz, una dual significancia que la define: es un contenedor a la vez que también es lo que contiene. Cuando decimos "mi cartera" señalamos no sólo su aspecto físico, lo que ella es independiente de nosotras, también nos indicamos a nosotras mismas en tanto somos las pertenencias que ahí guardamos, desde lo que cada cual considera indispensable para el día a día, hasta fetiches de nuestro mundo emocional, nuestras vivencias y afectos. Quizás esta naturaleza contenedor-contenido, reminiscencia uterina de nuestra psique, explique la honda ligazón que tenemos con este objeto.

sábado, 12 de enero de 2013

Intrusión



Aquella mañana, con el mismo movimiento automático de todas las mañanas, abrí el correo y su nombre en la bandeja de entrada me dejó estupefacto. Imposible creer que un muerto me estuviese escribiendo. Y no cualquier muerto además, si no uno que había aparecido en las primeras planas de todos los diarios, cuyo nombre se había pronunciado hasta el cansancio en las emisoras radiales y en los noticieros de la  televisión. De no ser por ello, jamás hubiese recordado que con Aníbal Verdejo habíamos compartido aulas escolares en la infancia. En rigor, no lo recordaba; difícilmente podía yo evocar las fisonomías de esos compañeros confinados en la niebla del tiempo y del olvido, sin embargo, por esas misteriosas tretas de la mente, la sucesión de apellidos que configuraba la lista -que a diario- el profesor de turno entonaba cual letanía; ese rítmico recitar de identidades encapsuladas en nomenclaturas llamadas nombres, esa progresión, jamás se borró de mi memoria. Y tampoco hubiese yo constatado dicha destreza (inútil por cierto) de no ser por la sangrienta y masificada noticia. Bastó que escuchase esas dos palabras: Aníbal Verdejo, para que como en una cascada cayesen uno a uno aquellos apelativos sin rostros. Mas, el asunto fue que en medio de la batahola mediática que causó el cuerpo desmembrado de Verdejo, desperdigado por numerosos sitios "nada santos" de la ciudad, aparece este mensaje suyo en mi correo electrónico y en cuyo asunto y con mayúsculas se enfatizaba: esto no es una broma, soy yo, Aníbal Verdejo, camarada suyo en el Instituto Pacífico. A continuación me indicaba día, hora y lugar para encontrarnos. Por supuesto pensé que se trataba de una broma. De pésimo gusto claro está. ¿Pero quién y para qué querría mofarse de mi y del pobre difunto de esta manera?. Pensándolo bien era más macabro que un vivo se interesara en descolocarme de tal modo a que el mismísimo Aníbal se estuviese comunicando conmigo desde la ultratumba. A decir verdad, nunca supe si este Verdejo era el mismísimo Verdejo ni si este mismísimo Verdejo correspondía efectivamente al infante ( o más bien al nombre del infante)  que  yo recordaba en la nómina escolar.

No paró de hablar. Parecía repentinamente liberado de un perpetuo silencio. Se enfrascó en un monólogo que deambulaba por una serie de tópicos que en un principio me parecieron inconexos hasta que no se si él, o yo, o ambos o un artilugio fuera de nuestras conciencias, estableció una lógica tan taxativa como la sucesión de patronímicos y sus consiguientes respuestas: presente o ausente. La ausencia era gritada a voces por todo el curso. Esta dialéctica amputó de cuajo mis propios racionamientos y, simplemente, acepté con absoluta normalidad la absurda situación a la que me enfrentaba. Cuando llegué al estadio, el mismo al que ibamos de niños durante las clases de Educación Física y le vi, mórbido, con un bigotillo imberbe que parecía perderse en medio de los mofletes; no pude evitar pensar en el arduo trabajo que hubo de tener el criminal para descuartizarlo y avergonzado de tan cruel pensamiento, intenté evocar al Verdejo de la infancia. Nada; mi cerebro no registraba a ningún alumno gordo ni con esos ojos grises tan tristes ni con ese pelo cobrizo ensortijado ni con ese don seductor de la palabra.  Luego de una serie de filípicas que ahondaban en tortuosos recorridos por la soledad y la devastación y en las marcas recalcitrantes que los traumas dejan para siempre; me solicitó le hiciese un favor, una simple ayuda que me permitirá por fin  -dijo- desprenderme de esta pesada anatomía y disfrutar de la ingravidez que ni siquiera la mutilación ha logrado darme.

Lo hice, llevé el sobre a la dirección que me indicó; un caserío a mal traer y aparentemente deshabitado. Tras haber dado fuertes golpes al portón sin haber obtenido respuesta alguna, una punzada de terror se me clavó en el estómago al pensar que había caído en una alevosa trampa, que sostenía en mis manos evidencia incriminatoria, que en cuestión de horas sería yo sindicado como el psicópata descuartizador de Verdejo. Sentí el crujir del picaporte, la pesada puerta se entreabrió y la cabeza rapada de un muchacho apareció ante mi. Sus ojos se clavaron en el sobre, de un manotazo me lo arrebató y sus mejillas se cubrieron del característico rubor de la verguenza.

Al llegar a casa, encontré en el buzón la cuenta de internet; al leer la factura reparé en que Abarzúa, mi apellido, siempre fue el primero de la lista.



domingo, 2 de diciembre de 2012

Boca Fugitiva

Si el Cielo y la Tierra duran desde siempre
es porque no viven para si mismos.
Eso es lo que los hace durar eternamente.
Producir y alimentar
crear sin poseer
actuar sin apropiarse...
tal es la misteriosa virtud

Por tanto
el sabio no busca brillar
por eso resplandece
en su persona procura hacerse nada
de ahí su magnificencia
está libre de vanidad
por eso puede realizar su obra
no se exalta y por eso es exaltado
con nadie compite
por eso nadie puede competir con él

En él se expresa la plenitud verdadera


(Extractos del Tao)
Shi Tao

Por lo pronto, que el Tao hable por mi, inmejorables labios para suplantarme, porque zozobro yo ante la luz de la sabiduría aunque no claudico en mis intentos por acercarme. Les dejo un abrazo mudo y tránsfuga.