III
Ante el sonajero de la conciencia, la humanidad emite sus primeros gorjeos y balbuceos guturales. Comienza nuestro relato.
Así, conteniendo el pánico y la repulsión, enterraron al difunto: ocultar pero también proteger, salvaguardar el cuerpo yerto de ser carroña para los animales y salvaguardarse de la amenazante intoxicación que el muerto representa. No fue éste un acto de mero rechazo y menos aún de vil abandono; por el contrario, a pesar de la aversión que la putrefacción de la carne provocó en ellos, a pesar de la virulencia infecciosa de la cual pretendieron escapar; se desató en sus conciencias recién nacidas, la intuición primordial del grandioso misterio que nos anima: que
Dejaremos de vivir y en eso consiste la Vida. La naturaleza de la Vida está signada por la naturaleza de la Muerte. Y he aquí la madre existencial del cordero. Y su paradoja; pues la comprensión de nuestra finitud física, el hecho innegable del propio fenecer configura el salto evolutivo imprescindible para constituirnos en la especie que somos. Es esta angustia primera, la que nos hará cabalmente humanos. Lo que llamamos “La Muerte ”, lo sabemos, es básicamente, la conciencia que de ella tenemos y es ese darse cuenta, este despertar, el que desata nuestra travesía. Sepulto el cadáver y demarcado el sitio del enterramiento, hombre y mujer, arrojados definitivamente a sus humanas existencias, emprenden el nómade periplo del sobrevivir acompañados por el miedo primordial, que en aquel tiempo del origen, permitirá la conservación de la especie. "Cuando los sociobiólogos buscan una explicación al relevante papel que la evolución ha asignado a las emociones en el psiquismo humano, no dudan en destacar la preponderancia del corazón sobre la cabeza en los momentos realmente cruciales. Son las emociones -afirman-las que nos permiten afrontar situaciones demasiado difíciles como para ser resueltas exclusivamente con el intelecto... En este sentido, nuestro bagaje emocional tiene un extraordinario valor de supervivencia y esta importancia se ve confirmada por el hecho de que las emociones han terminado integrándose en el sistema nervioso en forma de tendencias innatas y automáticas de nuestro corazón" (4)
.................................................................................................................................
(4) Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, Editorial Kairós, Colección Ensayo, Pág.8
.................................................................................................................................
(4) Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, Editorial Kairós, Colección Ensayo, Pág.8










