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jueves, 10 de mayo de 2012

SEMBRAR Y MATAR (¿Cual es la Madre del Cordero? Ensayo por Entrega)

III.
“Delante del escudo más arrogante
la agricultura tiene su interrogante”
Violeta Parra

La mujer lo mira mientras él se afana y consigue con sus manos fabricar mejores instrumentos que le permitan dar muerte a los animales y obtener alimento de manera rápida y eficaz. Después le ve irse dispuesto a perder la propia vida en esa batalla. Ella se queda y de sus manos brotan vasijas, cuencos y herramientas para el cultivo de la tierra. El fabrica instrumental para la Muerte. Ella, objetos para la Vida. En el esfuerzo mancomunado por la subsistencia se establecen diferentes roles y labores para cada cual, lo que trajo como consecuencia distintos modos de emprender la Vida, acercarse a la Muerte y convivir con el Miedo. La caza es un enfrentarse cara a cara con la Muerte que instituye la dinámica de la víctima y el victimario. La agricultura es un encontrar Vida en las entrañas de la tierra e instituye una dinámica fraterna y solidaria entre la naturaleza y el ser humano. Seguramente, por una parte la maternidad y la crianza y, por otra, la contextura física femenina, le asignaron a ellas esta tarea pacífica de sembrar, cultivar y cosechar y a ellos la cruenta tarea de dar muerte. Lo que si podemos inferir, sin lugar a dudas, es que esta división del trabajo marcó la constitución cultural de lo femenino y lo masculino. Junto a ello o por ello, surgen dos cosmovisiones radicalmente opuestas que redundarán en dos formas de organización social.

La Agricultura, en manos de las mujeres, constituye la primera gran revolución tecnológica de la humanidad. La caza conduce finalmente a la guerra. Las labores agrícolas permiten un íntimo contacto con el hábitat natural; fluyen en un tiempo lento y circular; las mujeres pudieron observar el sabio comportamiento de la Naturaleza y aprender de ella. El poder de la Vida se refuerza y la certeza de la muerte puede integrarse más benévolamente. 



Matar, evidentemente, refuerza el morir y lo hace desde la perspectiva del poder y la dominación. Separa, no incluye. El rol femenino acepta a la Muerte como parte de la vida. El rol masculino la desafía y lucha por ganarle la batalla. El rol agrícola es fraternal, solidario y unitivo. El rol cazador-guerrero es belicoso, jerarquizador y divisorio. Si bien la caza y la guerra primitivas tuvieron en sus inicios una connotación sagrada, dicho componente fue perdiéndose en la medida que el afán de dominio, de conquista y usurpación fue acrecentándose. El poder de las armas posibilitó la más patética de las contradicciones: que se sacralizara el asesinato en masa, la subyugación y los abusos de toda índole. Sobre estas violentas bases se asentaron las primeras grandes "civilizaciones".




La agricultura femenina tuvo a la Diosa Madre por deidad, una religión monoteísta, integradora y pacífica. La caza y la guerra permitieron la constitución de un panteón politeísta de dioses imperialistas y crueles. La cultura agrícola afianza el sedentarismo (arraigo) y, por tanto, permite la creación cultural, la reflexión intelectual, el ocio y la espiritualidad. Desarrolla un arte sensual, humano y naturalista que realza la belleza de la Vida.  Elabora tecnología para la producción y un modelo de sociedad comunitario, más igualitario e inclusivo. La cultura cazadora y guerrera mantiene vivo al nomadismo (desarraigo), fomenta la imposición por la fuerza, el Imperialismo y la Conquista, la destrucción, el saqueo y la esclavitud; desarrolla una dinámica que gira en torno a la agresión y al rechazo de la diversidad; el arte se convierte en adorno para el arsenal bélico, en una estética sanguinaria y brutal. Elabora tecnología para destruir y un modelo social estratificado y desigual. 


Matar, representa en la cosmovisión guerrera, la victoria ante la Muerte. Y si bien aquello puede, transitoriamente, atemperar el miedo del vencedor, evidentemente una cultura basada en la masacre no hace más que reproducir el miedo y la violencia sin tregua. La guerra, y con ella el sistema dominador y jerarquizado que construye, replica hasta el cansancio el pánico y la angustia de aquel primer encuentro con el cadáver (la Conciencia de Muerte de la especie humana).  El cazador-guerrero  fija su comportamiento en el instinto de lucha. La mujer agricultora  fija su comportamiento en el instinto de huida en tanto trabajar la tierra apacigua el temor al ver que la vida se hace presente, con fuerza, a través de sus maravillosos dones y frutos.  

24 comentarios:

Laura Uve dijo...

Eva, es una interpretación sugerente y que tiene lógica, aunque durante mucho tiempo hubo caza colectiva y colaborativa para conseguir la carne y grasa tan preciada. ¿¿Esos valores masculinos no se desarrollan en el origen del Neólitico cuando el hombre mantiene aún la caza pero empieza a desarrollar un modelo violento y opresivo relacionado con el conocimiento de su participación en la reproducción y el afán por apropiarse de tierras y de asegurar la herencia??

Soy de contemporánea pero algo he leído de esta época...

Muy interesante tu planteamiento.

Besos!!

El Drac dijo...

Muy interesante Eva; sin embargo, en esas épocas, no me imagino para nada a los hombres y mujeres con un discernir inteligente. Presumo que ellos actuaban por instinto, como los primates que vemos. El ser humano es la criatura más indefensa del planeta y necesita cuidados intensivos para llegar por lo menos a la niñez. Su debilidad frente a otra especies es lo que hace que se aguce su inteligencia. Ello, es a mi juicio, lo que relega a la mujer a las tareas domésticas y al cuidado de la cría y al hombre a la caza. Es el instinto maternal que opera naturalmente en casi todos los animales, el que hace de la mujer una esclava del hogar y del recién nacido.

Pienso que a la par con la existencia del hombre; por instinto y naturalmente se instituyó en ellos (hombre y mujer) el amor, que los mantenía unidos protegiendo a la cría, y tratando de comprenderse, me imagino, en la institución del hogar y la familia. Es demasiada carga para la mujer enfrentarse a un medio hostil llevando a la criatura a cuestas. Por lo tanto opino que no es que el hombre la haya subordinado a las tareas domésticas, sino, es el propio instinto que hace que cada cual asuma sus funciones en lo que fue el comienzo de la humanidad. La mujer se aferra al fruto que salió de su vientre; pero esa defensa que hace de su bebé la hace también indefensa a ella, y es el hombre, por el instinto que llamamos amor y porque está libre de carga que protege a ambos (mujer e hijo) prodigándole alimentos y ayuda en la protección y manutención de la familia. Todo esto sin el instinto del amor entre ambos (hombre y mujer) no hubiera sido posible.

En lo que respecta a que la mujer haya inventado la técnica de la agricultura, no me parece (sin ánimo de parecer machista), debido al cuidado que debe tener con el bebé y que seguramente ha de haber sido una tarea muy difícil, ya que debía cargarlo todo el tiempo y cuidarlo de animales y de otros seres humanos. Que haya ayudado o mejorado la técnica, es muy probable. Opino esto viendo los aportes que han hecho las mujeres a lo largo de la historia, me parece que todos han sido mejoras de lo que ya estaba establecido, ningún invento original o que revolucione las cosas; esto no se debe a que no tengan inteligencia o capacidad inventiva, sino a la excesiva sobre carga que han tenido desde los orígenes de la humanidad; me atrevo a afirmar que sin ellas y sus cuidados no hubiera sido posible la raza humana.

Un gran abrazo Eva.

Natàlia Tàrraco dijo...

Eva, te sigo en tus fascinantes entregas "la madre del cordero"

La Diosa Madre fue durante siglos el mito adorado de la naturaleza, tanto por mujeres como por hombres. Al ir pasando de sociedades nómadas, cazadoras y recolectoras, a sedentarias, se creó el núcleo de la ciudad y en ella los templos y en ella las murallas y la casta de los guerreros. No se podía ir al combate enarbolando el tótem de la Diosa Madre, nacieron los dioses machos, el toro, águila, león, ciervo...
Los roles sociales anteriores al cambio de nómadas a sedentarios, no los veo tan maniqueos, hombre muerte, matar, mujer vida, recolectar. Ambos se complementan para subsistir, crea la mujer vasijas de barro donde se cocerán las piezas cazadas, no sólo los vegetales y frutos. El instinto cazador obedecía a la supervivencia, a la defensa del clan contra otros, y la mujer si era preciso, luchaba y mataba. Acuérdate de tantísimas diosas guerreras, mitos como las Amazonas, remotos, o a la Palas Atenea, divinidad de la guerra inteligente.
Otorga vida la mujer pariendo, a su cuidado la prole, y el hombre los defiende. La fascinación innata por matar, por la sangre, por conjurar la muerte matando, sacrificios y rezos, enterramientos rituales, era compartida por la colectividad, muchas sacerdotizas sacrificaban a las víctimas, por ejemplo en la cultura muy femenina de Creta, donde no se han hallado armas ni murallas de defensa, ni guerreros con espadas.
Todo es muy relativo y complicado a la hora de analizar el pasado.Sembar o matar, siembra su simiente el hombre en la mujer, mata la mujer al cordeo para la pitanza. No puedo extremar los roles hasta convertirlos en dogmas.
Los siglos pasaron, hoy la familia por suerte tiene diversas opciones, tal vez ya no se llama familia en el sentido clásico. Mucho hemos cambiado no sin sufrimientos, dolor, atavismos, represiones, pero hoy esos esquemas resultan confusos.
Un abrazo y un besito amiga, a por más reflexiones que me tienes prendada.

Manolo López dijo...

Hola Eva.
Veo en el tras fondo de tu texto una interpretación según la cual la mujer siempre ha tenido unos roles mas “constructivos” mientras que el hombre los ha tenido más “destructivos”. Y creo que comparto esta postura, como enfoque, aunque simplificador, pues podríamos decir que la construcción de la especie humana como tal, se debe en gran medida, a las proteínas aportadas por la caza, con lo cual se viene abajo el enfoque mencionado.

También merece la pena pensar que en un principio nómada, la caza no compartía espacio con la agricultura, si no con la recolección, y los hombres cazaban y luchaban como lo hacen los depredadores superiores por mantener un espacio para la manada. Es común de los primates el mayor volumen y fuerza de los machos, por lo que hay un cambio de roles en la caza con el resto de mamíferos, por esto y no por tareas reproductivas, que por ejemplo las leonas hacen no los leones y también se reproducen con éxito.

La agricultura, ya no tan claramente femenina como la recolección, es a mí entender la que trae la guerra, la agricultura y la ganadería es la que hace sedentario al humano, y le trae a la especie el sentimiento de “propiedad” y de defensa de esta. El clan que tenia los mejores terrenos de cultivo se alimentaba mejor se hacia grande y fuerte, el hombre deja de cazar porque ya dispone de una fuente de alimento estable, y es cuando con los remanentes de esta energía almacenada, se dedica a la conquista de nuevas tierras y posesiones.

El jefe de la manada ya no es el macho alfa, el jefe es el más inteligente para manejar ese clan y sus superávits energéticos y enfocarlos hacia el crecimiento de esa manada, y ese crecimiento sin fin nos lleva a “Wall Street”, dejando por el camino millones de millones de muertes innecesarias y de sufrimiento superfluo, ese superávit energético que provocó que unos cuantos en lugar de trabajar para proveer de alimentos a la manda, se vistieran de corazas y se dedicaran a matar o morir, bajo el mandato de algún líder poderoso o temerosos de alguna divinidad inventada exprofeso. Y así hasta nuestros días y seguramente hasta a la destrucción final.

Sigo estando de acuerdo contigo el enfoque como decía al principio, aunque quizás con conclusiones distintas o notan distintas, pero siempre leo con interés tus escritos que me hacen pensar y siempre aprender, a ver.

Un fuerte abrazo. Manolo

Neogeminis dijo...

Eva, muy interesante la relación de las distintas formas culturales con la características de sus dioses. Coincido en que las sociedades básicamente agricultoras, sedentarias y pacificas se relacionan mucho más con las características femeninas.

Un abrazo.

Nieves dijo...

Eva, me encanta leerte porque aprendo, medito y amplio horizontes.
En lo que he leído hoy estoy de acuerdo con lo que expresa en esta entrada.
Tendríamos que meditar sobre ello, quizás debemos plantearnos YA ciertas actitudes que se enlaza con las grandes ciudades...

Un besote y cuídate mucho :D

Felicidad Batista dijo...

Eva, afrontas en esta nueva entrada un binomio ciertamente revelador de la condición humana, desde el punto de vista de género, sugerente y clarificador.
La tierra, el anclaje de unas raíces a un espacio en la certeza de un ciclo que se renueva con la siembra, la germinación, el nacimiento y maduración de la produción agraria. Y desde esa estabilidad natural deviene la creación, la fabricación, la puesta en marcha de la maquinaria de la vida. Por otro lado, la caza, contrapuesta a la recolección, inestable, sin obedecer a parámetros fijos, que implica acción, no pensamiento, en una marcha hacia adelante, hacia el frente, huyendo de la muerte para andentrarse en sus fauces, la maquinaria destructora de lo creado, de la paz. Si, por ejemplo, observamos sobre un mapa los frentes bélicos de la II Guerra Mundial, tu planteamiento ilustra la acción terrible de los mandatarios de enviar a cientos de miles de hombres a morir en las trincheras heladas de Stalingrado o las sofocantes tierras de El Alamein. Y en la retaguardia la mujer produciendo, fabricando, roturando el campo.Un ciclo infernal que se reptite desde la génsis de la organización y forma de relacionarse del homo erectus hasta el homo digital. Quizá cambian los lugaras y la batallas, las armas por los Mercados y lo frentes de guerra por Bolsas, bancos y ciudadanos desprotegidos...Pero el cliché base que describes se perpetua en el tiempo.
¿Cómo subvertir el orden?¿Cómo romper el ciclo permanente del modo y forma de organizar el mundo?¿En la dinámica de los roles? Es decir, que la mujer accediera cada vez más a puestos de acción, de poder, de decisión; que de celosa guardiana del fuego del hogar y desde sus anclajes y raíces pusiera toda su experiencia atávica y modo de entender y crear y que con ello contaminara el rol itinerante belicoso, instable.
Eva, una inteligente y lúcida visión de la que aprendo y me estimula a reflxionar.
Un gran abrazo

Papel Frágil dijo...

Fascinante bato las palmas ante tal, me ha encantado la interpretación, cierta canalización de ideas vintage. Coincido en ciertos aspectos la mujer es su dichosa forma. Algunas cosas me quedan como en duda, desconozco de algunas tradiciones.
En fin amena la lectura.
Saludos afectuosos

Katy dijo...

Como siempre muy interesante todo lo que escribes y cómo lo escribes.

Estoy sin ordenador. lo tengo averiado. así que estoy trabajando un ratito desde la casa de una amiga y no puedo abusar:-). Perdona si no me paso hasta que esté arreglado.
bss y buen finde

Eva Magallanes dijo...

Primero que nada y siempre, agradecer la lectura que hacen de este Ensayo. No es fácil para el lector seguir un texto de esta manera pues cada entrada representa aproximadamente una página de un total de 50… por tanto cada post no es una unidad autónoma si no parte de un análisis en proceso. Tiende a perderse el contexto y la visión general y se olvidan ciertos datos , interpretaciones y reflexiones anteriores que van conduciendo el relato. Sin embargo y a pesar de esta limitante, es para mi un tremendo aporte los comentarios que me hacen, sobre todo cuando hay divergencias y otros puntos de vista, sobre todo cuando el tema abre la posibilidad del debate.

Cierto es que el Ensayo en general y este post en particular tiene el claro sentido de poner en valor lo matrístico primigenio y allí se produce un sesgo, una toma de posición que es inevitable y que asumo como parte de este trabajo. Pero más importante que ello y se irá viendo con el correr de las “páginas”, en los próximos posts , ha sido ver como con el paso del tiempo y la construcción de una historia patriarcal, dichos contenidos generados a partir de la creencia en la Diosa Madre se van transculturizando, desvirtuando, olvidando… y en tal sentido la caza vence y construye nuestra sociedad hasta el día de hoy.
En rigor, todo es interpretación, la historia completa lo es. Sin embargo esta mínima y básica reconstrucción que el Ensayo pretende hacer referida a la etapa prehistórica, se basa como bien he citado anteriormente en fuentes investigativas y en los hallazgos arqueológicos que desde hace décadas se han realizado y que precisamente han permitido variaciones en las interpretaciones oficiales ( y ustedes me han hecho pensar que debo citar más a las fuentes para que el texto no parezca nacido exclusivamente de mi exacerbada imaginación),

Natalia muy bien me recuerda a Palas Atenea y a otras Diosas Guerreras ¡claro que si!, pero, precisamente estas divinidades paganas corresponden a siglos después… cuando el proceso de hibridismo de lo matrístico con lo patriarcal ya está en curso; cuando a la Diosa Madre agrícola y fraterna, señora de la armonía entre la Vida y la Muerte, ya se le ha puesto escudo y lanza. El Ensayo hablará de dicho proceso.

Drac querido, las primeras páginas del Ensayo intentan dar cuenta del proceso evolutivo animalidad/humanidad ( puedes ver los primeros posts del Ensayo), a esta altura del Ensayo estamos hablando de homo sapiens cuyos cerebros ya han evolucionado. En ningún caso se desvaloriza el rol maternal de la mujer, muy por el contrario y tampoco digo que el hombre haya relegado a la mujer a ningún papel inferior; digo que los distintos roles ejercidos por hombres y por mujeres en la prehistoria, caza y agricultura, marcan psicológicamente a quienes los ejercen y constituyen en definitiva dos maneras de ver la Vida y la Muerte, dos formas de organización social...

Eva Magallanes dijo...

... Manolo hace un análisis que tendré muy en cuenta y de modo más detenido. Aunque mantengo la posición de la Agricultura como un modo de vivir y de relacionarse con la muerte claramente distinto al modo generado a partir de la caza y su consecuencia: la guerra. Recuerden que la tesis base del ensayo es el Miedo a la Muerte y como las diversas maneras de asumir dicho miedo construyen las civilizaciones y la historia. Acojo cien por ciento lo dicho por Manolo en tanto, sobre todo en este post, el enfoque aparece como muy simplificador, al leerlo pareciera que el “bien” está del lado femenino y el “mal” del lado masculino. No sé si ese maniqueísmo se produce al leer la página fuera de su contexto general o si efectivamente el sesgo al cual aludo al principio de esta respuesta, aquí es demasiado partidista/ panfletario. Siento que en las palabras vertidas por Drac y Natalia también, está de fondo, esa misma crítica. He de corregir esta parte “del discurso” para morigerar esa dicotomía tan simplificadora.

Bueno, disculpen esta perorata tan extensa, sólo es muestra de lo motivante que resulta para mi tenerlos como lectores. Gracias y mis abrazos fraternos siempre para ustedes.

Pablo Fernando dijo...

Me parece que el conflicto humano más que una visualización en el trasfondo de un género es un escenario que ejemplifica vivamente la complejidad de las relaciones de poder , relaciones que siempre estarán caracterizadas por el ser y por el poseer , estas dos como bases de una substancia filosófica , económica y social hacen y edifican nuestra realidad , a la que nos incorporamos con nuestras luces y sombras , así camina nuestro mundo , así se transforma en una dualidad eterna , no dejo de sentirme atraido por tu inclinación siempre intensa y profunda a plamtear y a afirmar el efecto vivificante y pacificador de la madre tierra , la madre mujer en este mundo .

Un beso Eva , se te quiere mucho.

Pablo

Sara O. Durán dijo...

Eva: Muy interesante como todo lo que con generosidad compartes, siempre aprendo contigo y es un placer venir a visitarte. Me dio un gusto enorme tu sorpresiva visita.
Un fuerte abrazo con gran cariño.

Marta C. dijo...

¡Qué interesante,Eva! Que bien expresas y razonas algo que intuitivamente muchas mujeres sabemos y es que la organización social basada en esos inicios de su estructura ha perdurado hasta nuestros días. Menos mal que se han dado cuenta y los microcréditos se los dan a las mujeres, que son las qque saben realmente sacarles partido. Muchos besos y gracias por darnos un poco de tu "sapiencia"

Manolo López dijo...

Hola Eva,
creo que tú te trabajas estas tesis de forma seria y consecuente, y después venimos, en este caso vengo yo y a lectura rápida de blog, contesto sin más argumentos que mi forma de ver o entender, tipo comentario de blog, por tanto sin mucha reflexión.

Digo esto, porque mi intención nunca fue, ni es, refutar tus impresiones, seguro que mas meditadas que las mías. Sencillamente son comentarios a los que por el medio les falta la inmediatez de la respuesta y discusión propia de los coloquios más directos, en las que todos tienen más posibilidad de explicar sus puntos de vista y quizás, o no, llegar a un acuerdo o al menos reconocer la imposibilidad de este.

Yo no soy antropólogo ni especialista en historia ni moderna ni antigua, ni siquiera en la mía, sobre la que tengo muchas dudas, y conociéndote Eva en lo que te conozco, nunca se me ocurriría ni pensar que plateas esa dicotomía a la que haces referencia en tu último comentario, de mujer/buena- hombre/malo, y entiendo en su conjunto lo que pretendes enfocar de esos dos conceptos de construcción/creación y destrucción/eliminación, y el enfoque sexual que pueda tener, principalmente en las culturas antiguas.

Yo en mi comentario lo orientaba más al origen motor de esos dos conceptos, la construcción/creación es generosa es desprendida, el que crea espera recibir algo de su creación pero también se entrega en ella, y puede que en su esencia sea muy femenina, no hay mayor hecho creativo que el de engendrar una nueva vida. Y la destrucción/eliminación es creo del poder, para ser más poderoso tengo que destruir al que me compita, la guerra no es más que una herramienta en la que el poderoso normalmente no participa, si acaso dirige, y también puede que tenga una fuerte connotación masculina, pero no deberíamos de obviar que los roles masculinos y femeninos, vienen muy fuertemente genéticamente grabados.

Y donde nace esa desmesurada necesidad de poder en la especie humana, a mi entender por lo que yo pueda discernir nace en la transformación de la especie de nómada a sedentaria, supongo que cuanto más “animales” éramos, teníamos suficiente con el habitad de la manada, si nos peleábamos con algún otro humano era por que invadía ese habitad y lo defendíamos o viceversa, no necesitábamos más de lo que podíamos abarcar. Pero al humanizarnos el más inteligente, dominaba a más fuerte, y también aprendió a dominar los miedos y a través de estas herramientas nacer el esclavo que trabaja para el poderoso que cada vez lo es más, solo tiene que saber manejar el musculo y los miedos ajenos, y esto desde la historia antigua a nuestros días no se ha movido un ápice.

Bien que la entrada no es mía, y me estoy yendo del argumento.

Un abrazo Eva.

S. Oró dijo...

Hola Eva, este ensayo trae debate, eso es lo bueno, que a través de tus palabras, te introduces en la mente y haces que se hagan reflexiones desde diferentes puntos de vista, quizás tú con esas reflexiones también saques la esencia de nuestra folosofía de vida de cada uno. Voy a resumir mi conclusión concretando que el hombre fue, sigue y seguirá siendo cazador, necesita siempre echarle un pulso a la vida para salir airoso y vencer a la muerte, no es para nada sedentario, hay un factor biológico que no se lo permite. La mujer se dedica a la agricultura, probablemente no por convicción, sino por imposición, y desde entonces hasta ahora nos está costando mucho aparcar esos roles y poder salir de caza.Las mujer le planta cara a la vida y a la muerte desde otros conceptos más cognitivos y acepta con mucha resignación y saber estar los roles que en cada momento le ha tocado vivir. Un besazo.

ibso dijo...

Reflexionar de donde venimos es imprescindible para saber hacia donde nos dirigimos, y además, y esto es lo más importante, nos da pautas sobre modelos ya experimentados y que pueden volver a ser válidos.
No obstante (y esto es una apreciación personal muy cuestionable) debo decir que el sesgo entre lo matriarcal y lo patriarcal no es del todo real.
Un abrazo
ibso

La Abela dijo...

Eva seria bueno saber si la mujer tuvo otra opción. Llegar a matar realmente ¿no era una cuestión de fuerza? la mujer menos fuerte para enfrentarse a los grandes animales se encargó de conseguir otro tipo de alimentación, ya que la caza no siempre era posible, ellas no es que fueran pacíficas sino que su físico no les permitía otra cosa.
Por otro lado la crueldad inherente a la constatacion de la fuerza era, y es, propia de los hombres, pero ¿no era inducida por la necesidad que tenia toda la tribu de protección?la caza nos llevo al consumo de proteínas que parece ser que son la base del desarrollo de nuestra inteligencia actual¿en muchos casos no eran las mujeres inductoras de tal violencia? ellas sabían que era necesario y buscaban como pareja a los machos mejores cazadores.
Hoy en día ¿no sigue pasando algo parecido?
muy intersante tu ensayo Eva, te mando un beso que me he enrollado mucho.

FJavier dijo...

“Hoy mi cerebro amaneció nublado y bajo los terribles efectos de un choque de isobaras. Por eso, pudiendo imaginar lo que dices, prefiero imaginar lo contrario. Discúlpame. No, no es que me parezca imposible ni improbable, es que se tal división se me antoja excesivamente maniquea, puede que simple. Quiero imaginar hombres con útero grávido y mujeres guerreras de ojos sangrientos, tierras convulsas tragando ciudades o mares acogiendo Alfonsinas, hombres acunando sueños de cosechas venideras o muriendo de miedo bajo la mirada de su hembra. No… no sigo.”

Un tierno abrazo.

G a b y* dijo...

Eva, es interesantísimo leerte e ir comprendiendo como las culturas, las costumbres humanas, se fueron arraigando en modo tal, de dejar bien claros roles de vida (de vida y muerte) entre mujeres y hombres. Tal vez, en la vida cotidiana, una no se pone a analizar estos temas -si bien tenemos nociones generales sobre ellos- por eso siento al leerte que un par de ojos "extra" se abren para divisar concepciones nuevas o diferentes a las que una pueda llegar a tener.
Siempre un gusto leerte y empaparse más en estos ensayos que compartes -que repito- son por demás interesantes y enriquecedores.
Un beso al vuelo!
Gaby*

Adriana Alba dijo...

"No eres niña, doncella ni anciana. En realidad no eres femenina, masculina ni neutra. Eres poder inconcebible e inconmensurable, el Ser de todo lo que existe, vacío de toda dualidad, el Brahman supremo asequible sólo en la Iluminación".

Mahakala Samhita


Seguimos explorando y aprendiendo en tus ensayos por entrega, gracias Eva.

Besitos.

Lady_Celeste dijo...

!!Hola,Eva!!

Unos textos impresionantes los q escribes.Me han entusiasmado muchisimo.Hay tantas cosas q no se,q me he emocionado porque voy a tener una buena lectura para ampliar mis conocimientos.

Muchisimas gracias por visitarme em mi blog,seguirme y dejar tus amables
palabras.Feliz estoy q recalaras en el porque me ha dado la oportunidad de conocer tu esplendido blog,te sigo.Recibe un gran abrazo,Eva.

Ana dijo...

Vísteme despacio que estoy apurado... Acá voy, despacio recorriendo tu ensayo, Eva.
Y esta entrada, con sus correspondientes comentarios, me dejó pensando tanto que la semana pasada no me ha dado tiempo a comentar. Es tan interesante todo esto.
Me acordaba de nuestros pueblos imaginarios. Sacrificios humanos para aplacar a los dioses cargados de ira. En cambio a la Pachamama la ceremonia consistía en hacer un pozo en la tierra,depositar alimentos y bebidas, agradeciendo por los dones recibidos y pidiendo todo lo que se deseaba alcanzar, para después reflexionar sobre el cuidado de nuestro planeta y el compromiso de todos con la ecología.
Y la historia continúa...

Un abrazo!!!

Ana dijo...

jaja perdón no eran pueblos imaginarios, jajaja "originarios" eso quise decir...

Besos otra vez!!