apreciados visitantes (algunos fieles lectores)

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...
moradores de un mismo país y una misma ciudad

martes 29 de junio de 2010

( Paréntesis )

La Cala estará en receso durante dos semanas... volveré con mayores bríos para seguir practicando este ejercicio de leer y ser leída que tanto me agrada, que tanta energía positiva me entrega, que tanta motivación y sentido me regala. A aquellos y aquellas que mantienen conmigo y con los cuales yo mantengo este vínculo sistemático, aportador y comprometido; les dejo mi cariño sincero nacido en esta virtualidad de la blogósfera tan real y tan ficticia como la vida misma.
Muchos besos y hasta pronto!

lunes 21 de junio de 2010

Santi Aguin: Trabajo, Técnica y Talento.


Auto-retrato (Gouche sobre Cartón)
La productividad de un artista nos habla de la dedicación con la que se entrega a su oficio, de la energía creadora que lo anima, de su afán de búsqueda y aprendizaje y de su gozo en dicho hacer. No hay otro medio para desarrollar y encauzar el talento que la práctica y no hay más camino que el trabajo para depurar la técnica. Me parece que la Obra de Santi Aguin testifica muy bien estas premisas. Se trata de un pintor prolifero que está al acecho de nuevas ideas, que ha cultivado variados procedimientos, dispuesto a la experimentación y abierto al uso de diversos materiales. No por ello teme a las influencias, por el contrario indaga allí sin resquemores. Suele también realizar más de una versión del original que lo motiva, probando métodos y auscultando resultados.  Un creador incasillable en un único estilo, reacio a permanecer en los hallazgos y más proclive a los procesos que a los resultados, sus propuestas transitan por diferentes materiales y procedimientos técnicos: gouache, acuarela, sanguinea, carboncillo, óleo, acrílico, pastel, lápiz, tiza, tinta... investigando a su vez en mixturas y fusiones, acometiendo diferentes soportes tales como papel, cartón, tablero, cartulina, lienzo... y distintas temáticas: figuras humanas, animales -reales e imaginarios-, paisajes, objetos, mandalas...  Figurativo o más abstracto, realista, surrealista, más académico o más irreverente; de algún modo intangible, sus obras traspasan lo que yo percibo como partes de su personalidad: inquieto, irónico, ecléctico, vehemente, libre.
Aprovechando la luminosidad y el brillo que caracteriza al gouche, en su auto-retrato Santi Aguin contradice e invierte el sentido de los elementos plásticos: la eventual sombra se transforma en luz fulgurante y dicho esplendor se reconvierte en color y forma. Se trata de una intervención que interrumpe la aparente tendencia realista y la traslación puramente física del retratado, instalando entonces otras significaciones para su imagen y para el acto mismo de auto-retratarse. Los destellos queman la piel generando drásticos contrastes; la imagen  parece resolverse en encontrados positivos y negativos de si misma. Los contornos y las siluetas emergidos de esta intromisión en el rostro, terminan imponiéndose; se visibiliza entonces la impronta del feto y del árbol provocándose una alteridad en la percepción de la obra, que nos mueve desde el  reconocimiento de una persona en particular a sensaciones universales sobre nuestro origen. La huella del árbol de la vida y del embrión en el semblante, provoca la apertura del Yo hacia la especie.

En este mandril (pastel y tizas o cretas sobre papel), el artista demuestra su virtuosismo para plasmar el rugido y la ira bestial, la traducción luminosa y suave del pelaje, la obtención de un efecto imponente y atronador -formal y semánticamente- con materiales difíciles de domar y con una paleta cromática restringida dentro de la cual la tonalidad rubí-rojiza-rosácea es un imponente signo: carne y sangre, salvaje violencia, hambre. El fondo oscuro realza los contrastes intensificando los grises perlados, los blancos brillantes y el color pasional de la furia en el hocico del animal.  
La Pentax (plumilla y aguatinta - técnica de grabado) nos muestra diáfanamente como el autor combina la representación realista de la cámara con la exploración plástica y estética que realiza en la base y que adquiere mayor notoreidad que el objeto mismo, convirtiendo ese espacio neutro o simplemente sostenedor de la imagen, en el personaje abstracto de la obra. Mas, no sólo se consigue crear un plano de fondo más activo y decorativo si no que también se generan connotaciones que inquietan y alteran las significaciones naturales del modelo. Contribuye en ello la mirada aérea que establece un ángulo composicional -precisamente- más fotográfico que pictórico. La mirada queda atrapada por este juego de manchas que convocan a ser descifradas. El plano es trabajado con sutiles volúmenes y profundidades que le dan vida; y es en el establecimiento de esta materia ambigua, media líquida, media sólida, un manchón acuoso y viscoso que se mueve perturbadora, donde la transcripción de lo real da paso a una atmósfera poética e intranquilizante. ¿Es qué la cámara se apoya sobre un gran charco de sangre o sobre una prenda ensangrentada, se trata del plasma de los fotografiados que remueve el ser tecnológico de este aparato otorgándole el sello de lo viviente, o el artista alude a un "fallo técnico" -el derrame de la tinta- en un guiño cómplice con el espectador?. Como en el auto-retrato se consigue aquí, trastornar la imagen y su sentido delicadamente, es decir, sin que los modelos sean violentados en demasía.

En este trabajo realizado a lápiz, podemos apreciar el cáustico humor del artista. Surreal e hiperreal, lúdico, lúbrico y blasfemo, el seno aparece por el cierre o la bragueta abierta, y allí donde esperaríamos ver un pene se asoma un pezón. Una acción dadá en tanto reubica a los "objetos" en lo inusual, quebrando el orden de la normalidad, infiriendo un corte en el armónico cosmos, estableciendo una estética en el caos, provocando un extrañamiento que puede agredir o divertir pero que, mediante la verosimilitud lograda por el oficioso manejo del dibujo, se establece irrefutable. Vasto es el flujo de contenidos que puede acarrear esta imagen pervertida/subvertida -una humorada si se quiere- que le entrega al espectador una amplia libertad para sus propios pensamientos, conjeturas y fantasías.
Pinguinadas, óleo sobre papel, entrelaza atractivamente la construcción y la desconstrucción de "lo real". Los pinguinos vienen a ser ejemplos de la dinámica estructural desde la cual se arraiga la apariencia que solemos llamar "realidad"; el pintor se encarga entonces, de aseverar la irrealidad de la misma plasmando el tránsito desde lo ilusorio hasta las formas puras, develando como sucumbe lo accesorio ante la esencia que lo habita. El resultado visual: un plano saturado por los ritmos y secuencias de las partes que van desgajando al todo, colores que van desgranándose de las formas transformándose en armónicas notas, imágenes que nacen y se deshacen en el péndulo perpetuo de lo figurativo y lo abstracto, cuya suma y movimiento sostiene lo existente.


Les invito a conocer más de la abundante Obra de Santi Aguin, un artista que contribuye con su entrega al oficio, al levantamiento de una blogósfera cada vez más próspera en Arte y Espíritu.
Animales de Santi  
Cositas de Santi  
Abstracciones de Santi 
Paisajes de Santi  
Pinturas de Santi

viernes 11 de junio de 2010

Entelequia.

No dormirá su habitual siesta a las tres en punto de la tarde. No lo hará,  como tampoco almorzó el acostumbrado estofado de los días miércoles acompañado de su favorito programa radial. No se sentará luego en la mecedora cubierto por un chal ni posará sus ojos en la alfombra hasta convertirse en una greca más. No esperará ver como las sombras penetran el correr de las horas mientras escucha el sube y baja de los ascensores, los vecinos retornando tras otra jornada laboral, el tintinear de las llaves, las pisadas, el sordo sonar de las cañerías, las bolsas de basura cayendo hacia el incinerador. Hoy, es un día excepcional en medio de un crudo invierno. Lo es porque sale de su departamento sin que medie ninguna obligación, ninguna cita, ningún trámite; porque cierra la puerta sin aprehensión y sin rumbo quiebra la rutina impuesta por los años y gira hacia la derecha en sentido opuesto a la ruta de siempre y deambula por vecindarios nunca antes recorridos y las calles, los muros y el asfalto, los árboles y las casas, los almacenes y los autos, son tímidos espectros. Los perros ladran. Pero sus ladridos no son más que un murmullo miserable. Los columpios en la plazas se mecen solitarios. Su mente: baldía. Ilusorio el sentimiento. No puede imaginar y ningún pensamiento le parece razonable. Cae una llovizna gris y en su aliento opalescente se sumergen las cornisas, los adoquines y el cemento. Y esas avenidas, esos semáforos, las luminarias, el río y sus neoclásicos puentes, la cordillera y las nubes encapotadas, desaparecen.  Mas, no se asombra. La dimisión del mundo es tan sólo la lógica consecuente que sigue a su propia inexistencia. ¿Habrá nacido alguna vez? ¿serían su partida de nacimiento, su cédula de identidad, sus cuentas bancarias, toda su documentación, verosímiles falsificaciones, ingeniosas argucias para otorgarle una identidad? ¿podría, de pronto, en un cajón empolvado o entre las hojas de alguna ajada revista, encontrarse de antemano con su acta de defunción? ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿o siempre estuvo en este mismo lugar de fantasmagorías anodinas y sosas? 


Nada explica su inanición, su deficitaria sed. En él no hay poesía. La suya no es ni ha sido una vida trágica. Ni dramática ni poetica ni siquiera "normal". No se escribirá en su lápida "se voló la tapa de los sesos bajo los centenarios árboles del Parque Forestal", no perpetrará un magnífico suicidio al mediodía en plena Plaza de Armas frente a la estatua del conquistador. No perecerá de viejo cuidando ovejas en el extremo austral ni curtido bajo el sol nortino de una salitrera olvidada. No se irá junto a sus redes en alta mar bajo una noche sin luna. No se quemará a lo bonzo en protesta por algún endémico mal social, no aparecerá en la crónica roja ni en las sanguinarias listas de espera para ser operado de urgencia en algún hospital, no engrosará las estadísticas de colisiones o atropellos fatales. 


La ciudad es una estela plomiza, un oleaje acerado y sin horizonte, un espacio que sucumbe y abdica. La tormenta se desata y el agua cae sin contemplación. Paraguas que se abren, trancos que se apresuran, aullidos que se confunden con el ulular del viento. Suenan los cerrojos, se cierran los visillos, las chimeneas se encienden, hay un frotar de manos y gélidos vapores que salen de las bocas, y el gorjeo de un pequeño pájaro y un aletear de pulsos y latidos y este hombre imaginario de carne y hueso, de sangre y órganos que vagará concéntrico hasta desaparecer como una gota en la inmensidad.




Perpetrada la entelequia, el perverso narrador emprende el regreso. Gira la manilla y entra. Enciende la radio y saborea un estofado reparador. Tras dormir profundamente en una amplia y mullida cama, se sienta en la mecedora y fija la visión en las grecas de la colorida alfombra. Afuera, la lluvia ruge, torrencial.

miércoles 2 de junio de 2010

Cóncavo Sitio

Párpados


Debería dormir me digo pero mis párpados se atoran en sus manos. Si pudiese llevarlos sonámbulos los ojos. Pero le tengo en su redondez gigante y vencido insiste el parpadeo. Debo dormir. Sujeto a penas la piel maltrecha borrosos sus dedos en el centro de mi ojo. 







Mi ojo caído será su señal.










Patios

No sé si mi voz le sueña y por su labio dice y mojada en su beso despeñada habla. Que más da, le exploro en el patio de su infancia; me tiene girando la palabra en la osadía de los tiempos, es el mismo jardín de  techos encumbrados y puertas grandes, suyo todo lo lejano.





La Trampa
Dime algo bello pienso mientras mi boca se cierra calabozo de palabras. Encallan mudas, quedan en la tumba, solitarias. Dime algo bello insisto sin mover la lengua de su sitio. Mi boca es una trampa.



Motel Celeste
Mientras, unos cuerpos se siniestran en un motel celeste del Centro. Es rápido el amor, como las llamas con viento sur. Como los yets, como las autopistas. La ciudad muele sus escombros y los amantes reparten sus restos -un pedazo de tu beso en el vértice mío, tus frases juramentadas ardiendo tus frases mías; mi dedo calcinado en tu pliegue más pequeño-. Es rápido el amor de los amantes en un motel celeste del Centro.




Extática
Persiste la lámpara
el papel
la silla
el vaso

coleccionadas cosas
banales cosas
autoretrato

y terminan los tejidos
riegan los jardines
idean minutos los relojes

y barren las veredas
bailan los tilos en la plaza
hay un beso frente a la catedral.

Tragedia
La poesía se escribe en papel calco
la misma transpiración
una sola mano
las mismas piedras, los mismos astros
nada más que aquel lenguaje a gajos
deshilachado a perpetuidad.



Renuncio
Si la fosa que cavo no llega a tu médula renuncio, a la poesía por inútil, por su ceño miserable, por atreverse a decir -con tu voz replegada... eso me basta-.