Comenzamos esta trilogía , remontándonos al siglo XIII, en las postrimerías del estilo gótico. Vimos como en las pinturas de Cimabue se plasma el germen de un cambio histórico y estético que puede visualizarse en sus creaciones, en tanto van perdiendo el sello eminentemente medieval y comienzan a transitar el camino hacia el Renacimiento. Posteriormente nos adentramos en la Obra del Giotto para comprobar como, también en su transcurrir artístico, se refleja el cariz cada vez más revolucionario que dicha inicial transformación adquiere. En este Fresco, pintado en la Capilla Scrovegni en Padua, se puede apreciar la madurez de su carácter pictórico y como, dicha identidad plástica es, en definitiva, el umbral de un estilo que definirá a toda una época prolifera en creadores y que marcará por siglos el devenir de la historia del arte. La atmósfera cromática y la prevalencia de los tonos pardos se han asentado aquí como uno de los rasgos predominantes del Giotto, igualmente la conexión entre personas y paisaje, el énfasis en la búsqueda de tridimensión y perspectiva, el establecimiento total del discurso narrativo en la pintura, la individualización (y con ello la humanización) de los personajes y ese punto de convergencia entre Idealismo y Naturalismo que el cuatroccento florentino recibirá como legado. Una herencia que, en suma, es un canon; es decir, un precepto que guiará a las generaciones futuras. El rostro de la virgen de perfil, es una señal muy decidora en esta Obra: se trata de la reconquista de una tradición antigua enterrada bajo la frontalidad absoluta del ícono bizantino y sus vertientes medievales, por tanto, la re-vinculación con la Antiguedad pagana, proscrita por la Edad Media.

Masaccio, muerto precozmente a los 27 años, desarrolla su vida artística en la segunda década del Siglo XV , en muy poco tiempo produjo una Obra que, continuando la labor de Cimabue y Giotto, termina por dar el salto hacia una nueva época. En el Tríptico de San Juvenal, su primera obra documentada, ya supera definitivamente la estética medieval: la madonna es más que virgen, madre; mira a su hijo y lo afirma en una relación mucho más cálida, los santos de los paneles laterales son personas de carne y hueso
a los que se les ha despojado de las aureolas doradas, los colores utilizados en los ropajes están vinculados entre si, generando relaciones composicionales, rítmicas y espaciales. Las leyes de la perspectiva han cristalizado, mediante la confluencia de las líneas de fuga o de proyección en un punto central: la mano de la virgen que sostiene los pies del niño.
La perspectiva es, en suma, la capacidad de generar la ilusión de tres dimensiones sobre un plano, es decir sobre la realidad bidimensional del soporte pictórico. Tres son los efectos principales de este juego óptico: volumen, profundidad y el efecto reductivo de los elementos que nos permite discernir entre lo que está más cerca y lo que está más lejos. La perspectiva que inaugura Masaccio se basa en la geometría y se denomina Cónica pues esa es la forma que configuran las líneas que rematan en un mismo punto (prueben a proyectar líneas imaginarias desde la mano de la virgen).

Este Fresco, denominado El Tributo (la fotografía nos muestra un fragmento), forma parte del ciclo pintado en la Capilla Brancacci de la Iglesia del Carmine en Florencia y es considerada como un hito primordial, precisamente por instalarse aquí, de manera totalmente lograda, la perspectiva renacentista. En la presencia del paisaje toscano y la arquitectura, ambos como factores composicionales de importancia; en el modelado y la diversidad de posturas de los cuerpos, en la incidencia de la luz, en la libertad en el uso del color, sus matices y combinaciones, en la comunicación y el traspaso de intenciones que se obtiene a través de gestos y actitudes, en la peculiaridad de cada uno de los representados...vemos una suma de factores que han cuajado completamente tras dos siglos de búsquedas y hallazgos. La pintura cuenta visualmente un relato narrado en el evangelio de Mateo y es éste un dato relevante, en tanto marca un énfasis distinto en las preferencias bíblicas para inmortalizar: del antiguo testamento al nuevo testamento, desde la imagen abstracta de Dios y el espíritu santo a la historia de la vida terrenal de Jesús que nos narran los evangelistas. Ya no sólo se trata de poner en imagen un acontecimiento, si no una cadena de sucesos que -como en un comics- denotan la secuencia de los mismos en una misma pintura. Una escena dividida en partes. En este caso Masaccio nos transmite la historia de Jesús y Pedro cuando se les solicita pagar el tributo o impuesto para el templo. El Mesías le dice al discípulo que tome uno de los peces que acaba de pescar y que de el extraiga la moneda requerida. Ese momento es el que podemos observar en el centro de la imagen. Pedro, con esfuerzo, logra sacar la moneda del pez (ese instante no aparece) y, finalmente, paga el tributo al cobrador como podemos apreciar en el sector de la derecha.

En este detalle vemos el perfil de Pedro. Salta a la vista la semejanza con el llamdo "perfil griego" caracterizado por la forma de la nariz, así como la semejanza de este rostro con Poseidón-Neptuno, dios de los mares en la mitología antigua, tantas veces inmortalizado esencialmente a través de la Escultura.

En el siguiente Fresco, La Trinidad, pintado en la Iglesia Santa Maria Novella en Florencia, podemos apreciar claramente como la arquitecturarenacentista tiene una fuerte presencia en la pintura (será éste un factor recurrente del estilo). Nos permite también constatar el retorno a los elementos arquitectónicos grecoromanos: inspirado en los antiguos arcos triunfales, nos muestra una bóveda de medio cañón, columnas jónicas y elementos dóricos y corintios. La profunda perspectiva que se logra, provoca la sensación de un espacio real tras la imagen de Dios y de Cristo, a tal punto que el muro parece efectivamente estar perforado. Me parece necesario plantear que el logro de Masaccio en el ámbito de la perspectiva va aparejado al trabajo de su contemporáneo Brunelleschi, arquitecto creador de la maravillosa Catedral de Florencia, Santa María del Fiore, de igual relevancia en la arquitectura que la Obra de Masaccio en la pintura.
El realismo espacial de La Trinidad se enfatiza además, pues las figuras de este Fresco están pintadas en tamaño natural. De este modo, el espectador observa desde la misma ubicación de las figuras que están de perfil en la zona inferior de la imagen. La continuidad y la ruptura con el pasado medieval se hace evidente en esta Obra. Por una parte Masaccio pinta uno de los dogmas centrales de la religión católica, conservando incluso un tratamiento más bien medieval en la representación de la divinidad que sostiene a su hijo; pero por otra se adentra completamente en la estética del Renacimiento .

En este detalle, veamos como Masaccio se interesa en la traducción cada vez más verosímil del cuerpo; ya no tan sólo en su aspecto externo si no también hurgando en la presencia de huesos y músculos. Indagación ésta que también marcará al transcurrir del arte renacentista.
Finalmente, observemos el sarcófago de mármol sobre el cual yace un esqueleto: está pintado e integrado al Fresco que estamos apreciando. Funciona como base de la composición y desde el punto de vista del contenido es muy simbólico y decidor. Lleva una inscripción que señala lo siguiente:
" Fui lo que tú eres y lo que yo soy tú serás "