apreciados visitantes (algunos fieles lectores)

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...
moradores de un mismo país y una misma ciudad

martes 23 de febrero de 2010

LA VIDA ME RECLAMA...


...como suele hacerlo: a gritos, tempestuosa y colérica. Acudo a su llamado sin miedo. El dolor es inevitable y lo acepto. Acudo presurosa con el alma dispuesta a la transformación necesaria, a derramar las lágrimas que se requieran, a la muerte que la existencia me pide para seguir adelante.


En mi ausencia les dejo este poema de Delia Dominguez, poetiza chilena.


Te llamo sin abrir la boca 
zurcidas las palabras 
encima de este miedo humano,
con mis sueños de infancia, estacados como cuero de zorro baleado en las estepas magallánicas.


(Sabido es que la sal conserva la horma del pellejo
cuando el tiro de gracia abrillantado
da en el ojo del medio de una estrella.)


Te llamo sin abrir la boca
arrinconada y sola
sin coros polifónicos
sin cantatas de Bach
para agrandar la acústica de esta catedral abandonada en el confín del mundo.


Yo soy de abajo
empantanada y pecadora.

sábado 13 de febrero de 2010

Trilogía de una transformación, tercera parte: de Giotto a Masaccio


Comenzamos esta trilogía , remontándonos al siglo XIII, en las postrimerías del estilo gótico. Vimos como en las pinturas de Cimabue se plasma el germen de un cambio histórico y estético que puede visualizarse en sus creaciones, en tanto van perdiendo el sello eminentemente medieval y comienzan a transitar el camino hacia el Renacimiento.  Posteriormente nos adentramos en la Obra del Giotto para comprobar como, también en su transcurrir artístico, se refleja el cariz cada vez más revolucionario que dicha inicial transformación adquiere. En este Fresco, pintado en la Capilla Scrovegni en Padua, se puede apreciar la madurez de su carácter pictórico y como, dicha identidad plástica es, en definitiva,  el umbral  de un estilo que definirá a toda una época prolifera en  creadores y que marcará por siglos el devenir de la historia del arte. La atmósfera cromática y la prevalencia de los tonos pardos se han asentado aquí como uno de los rasgos predominantes del Giotto, igualmente la conexión entre personas y paisaje, el énfasis en la búsqueda de tridimensión y perspectiva, el establecimiento total del discurso narrativo en la pintura, la individualización (y con ello la humanización) de los personajes y ese punto de convergencia entre Idealismo y Naturalismo que el cuatroccento florentino recibirá como legado. Una herencia que, en suma, es un canon; es decir, un precepto que guiará a las generaciones futuras. El rostro de la virgen de perfil, es una señal muy decidora en esta Obra: se trata de la reconquista de una tradición antigua enterrada bajo la frontalidad absoluta del ícono bizantino y sus vertientes medievales, por tanto, la re-vinculación con la Antiguedad pagana, proscrita por la Edad Media.



Masaccio, muerto precozmente a los 27 años, desarrolla su vida artística en la segunda década del Siglo XV , en muy poco tiempo produjo una Obra que, continuando la labor de Cimabue y Giotto, termina por dar el salto hacia una nueva época. En el Tríptico de San Juvenal, su primera obra documentada, ya supera definitivamente la estética medieval: la madonna es más que virgen, madre; mira a su hijo y lo afirma en una relación mucho más cálida, los santos de los paneles laterales son personas de carne y hueso
a los que se les ha despojado de las aureolas doradas, los colores utilizados en los ropajes están vinculados entre si, generando relaciones composicionales, rítmicas y espaciales. Las leyes de la perspectiva han cristalizado, mediante la confluencia de las líneas de fuga o de proyección en un punto central: la mano de la virgen que sostiene los pies del niño.
La perspectiva es, en suma, la capacidad de generar la ilusión de tres dimensiones sobre un plano, es decir sobre la realidad bidimensional del soporte pictórico. Tres son los efectos principales de este juego óptico: volumen, profundidad y el efecto reductivo de los elementos que nos permite discernir entre lo que está más cerca y lo que está más lejos. La perspectiva que inaugura Masaccio se basa en la geometría y se denomina Cónica pues esa es la forma que configuran las líneas que rematan en un mismo punto (prueben a proyectar líneas imaginarias desde la mano de la virgen). 


Este Fresco, denominado El Tributo (la fotografía nos muestra un fragmento), forma parte del ciclo pintado en la Capilla Brancacci de la Iglesia del Carmine en Florencia y es considerada como un hito primordial, precisamente por instalarse aquí, de manera totalmente lograda, la perspectiva renacentista. En la presencia del paisaje toscano y la arquitectura, ambos como factores composicionales de importancia; en el modelado y la diversidad de posturas de los cuerpos, en la incidencia de la luz, en la libertad en el uso del color, sus matices y combinaciones, en la comunicación y el traspaso de intenciones que se obtiene a través de gestos y actitudes, en la peculiaridad de cada uno de los representados...vemos una suma de factores que han cuajado completamente tras dos siglos de búsquedas y hallazgos. La pintura cuenta visualmente un relato narrado en el evangelio de Mateo y es éste un dato relevante, en tanto marca un  énfasis distinto en las preferencias bíblicas para inmortalizar: del antiguo testamento al nuevo testamento, desde la imagen abstracta de Dios y el espíritu santo a la historia de la vida terrenal de Jesús que nos narran los evangelistas. Ya no sólo se trata de poner en imagen un acontecimiento, si no una cadena de sucesos que -como en un comics- denotan la secuencia de los mismos en una misma pintura. Una escena dividida en partes. En este caso Masaccio nos transmite la historia de Jesús y Pedro cuando se les solicita pagar el tributo o impuesto para el templo. El Mesías le dice al discípulo que tome uno de los peces que acaba de pescar y que de el extraiga la moneda requerida. Ese momento es el que podemos observar en el centro de la imagen. Pedro, con esfuerzo, logra sacar la moneda del pez (ese instante no aparece) y, finalmente, paga el tributo al cobrador como podemos apreciar en el sector de la derecha. 
En este detalle vemos el perfil de Pedro. Salta a la vista la semejanza con el  llamdo "perfil griego" caracterizado por la forma de la nariz, así como la semejanza de este rostro con Poseidón-Neptuno, dios de los mares en la mitología antigua, tantas veces inmortalizado esencialmente a través de la Escultura.

En el siguiente Fresco, La Trinidad, pintado en la Iglesia Santa Maria Novella en Florencia, podemos apreciar claramente como la arquitecturarenacentista tiene una fuerte presencia en la pintura (será éste un factor recurrente del estilo). Nos permite también constatar el retorno a los elementos arquitectónicos grecoromanos: inspirado en los antiguos arcos triunfales, nos muestra una bóveda de medio cañón, columnas jónicas y elementos dóricos y corintios. La profunda perspectiva que se logra, provoca la sensación de un espacio real tras la imagen de Dios y de Cristo, a tal punto que el muro parece efectivamente estar perforado. Me parece necesario plantear que el logro de Masaccio en el ámbito de la perspectiva va aparejado al trabajo de su contemporáneo Brunelleschi, arquitecto creador de la maravillosa Catedral de Florencia, Santa María del Fiore, de igual relevancia en la arquitectura que la Obra de Masaccio en la pintura. 
El realismo espacial de La Trinidad se enfatiza además, pues las figuras de este Fresco están pintadas en tamaño natural. De este modo, el espectador observa desde la misma ubicación de las figuras que están de perfil en la zona inferior de la imagen. La continuidad y la ruptura con el pasado medieval se hace evidente en esta Obra. Por una parte Masaccio pinta uno de los dogmas centrales de la religión católica, conservando incluso un tratamiento más bien medieval en la representación de la divinidad que sostiene a su hijo; pero por otra se adentra completamente en la estética del Renacimiento .
 En este detalle, veamos como Masaccio se interesa en la traducción cada vez más verosímil del cuerpo; ya no tan sólo en su aspecto externo si no también hurgando en la presencia de huesos y músculos. Indagación ésta que también marcará al transcurrir del arte renacentista.
Finalmente, observemos el sarcófago de mármol sobre el cual yace un esqueleto: está pintado e integrado al Fresco que estamos apreciando. Funciona como base de la composición y desde el punto de vista del contenido es muy simbólico y decidor. Lleva una inscripción que señala lo siguiente:
" Fui lo que tú eres y lo que yo soy tú serás "

domingo 7 de febrero de 2010

Trilogía de una transformación, segunda parte: de Cimabue a Giotto.

CIMABUE

Decíamos que Cimabue había iniciado un recorrido sin retorno hacia un cambio estético de suma importancia en la historia de la pintura; veremos ahora el transcurso desde este Maestro a Giotto di Bondone (del que se cree fue su aprendiz) y el afianzamiento del estilo renacentista en su propia Obra. En esta Madonna, podemos apreciar como la composición grupal se ha asentado rotundamente. Este nuevo enfoque tiene consecuencias fundamentales en tanto se constituye un nuevo foco de interés centrado en la multiplicidad de relaciones espaciales, contrapuntos y tensiones; una red de nexos explícitos  e implícitos. Las figuras ya no tienen perdida la visión en un horizonte abstracto: miran a las figuras protagónicas o al público, sus miradas se entrecruzan en una dinámica que confiere ritmo a la representación. Ya no están encerradas en si mismas; se está modelando una pertenencia que las hermana y que permite el fluir de  vinculaciones entre ellas. Se establece un eje central (virgen-niño) flanqueado por dos grupos entre los cuales se produce -a través de posturas, actitudes, direcciones y las miradas referidas- un juego de ángulos y diagonales que rompe la bidimensionalidad medioeval. Este modo de concebir la estructuración de la pintura, quiebra la rigidez y el estatismo y la dota de mayor movimiento y ambiente. Me parece revolucionaria la manera en que Cimabue, preservando la composición del tríptico  medieval, quiebra con dicha tradición aglutinando las imágenes en un solo panel. El manejo de la luz es otro elemento innovador, de una luminosidad pareja sin mayor incidencia en las formas, pasamos a un foco lumínico que, tras la virgen, contribuye junto a la arquitectura del trono y a la incorporación de ese entramado de diagonales a la que hago mención, a otorgar una profundidad desconocida para la pintura de la Edad Media. El trabajo lumínico sobre los cuerpos augura el modelado de los cuerpos de manera más realista y naturalista.  ( búsqueda de individualización)
                  GIOTTO 
Ahora bien, si ahora observamos esta Madonna del Giotto, se produce la paradojal sensación de ser más gótica que la de su maestro. Y claro, una es un punto de llegada y la otra un punto de partida. Dicha base desde donde comienza su incursión, conserva los códigos medievales pero, desde ya, prefigura en el rostro de la virgen, la transformación hacia lo terreno. El contraste de color entre manto y vestido también es un dato innovador. Igualmente vemos como el tratamiento de la figura principal adquiere desde sus inicios mayor contundencia, redondez y volumen; y la luz se trabaja como saliendo del propio cuerpo
En la siguiente imagen entramos de lleno en las bases que irán distinguiendo al Giotto como a un Maestro revolucionario para su tiempo. Esta Obra, integrante del ciclo de Frescos en la Basílica de San Francisco, en Asís, fue un encargo que le realizara la orden franciscana para homenajear a su fundador, quien, para ese entonces se había convertido en un referente muy distinto  para los creyentes de la época acostumbrados al enquilosamiento, la corrupción y el ejercicio del poder por parte de la Iglesia. Su mensaje humanista, de amor a la naturaleza y a todo lo viviente,  coopero intensamente en la transformación histórica que termino por inaugurar el Renacimiento.
Vemos aquí la incorporación protagónica del paisaje toscano y la arquitectura; dos claves netamente renacentistas que llegarán a ser características de estilo muy acentuadas. Las monumentales construcciones que fueron levantándose en nombre de Dios, pasan a ser  signos de la capacidad y la creación humanas. La búsqueda de perspectivas es evidente; el rompimiento con la supremacía de horizontales y verticales es ahora un recurso aguzado mediante el uso de múltiples diagonales. La luz pareciera brotar desde la montaña misma, traducida volumétricamente y pesquizando la traducción pétrea de dicha materia. A pesar de la presencia del ser supraterreno que atormenta al santo, la imagen está absolutamente instalada en la representación de la tierra y de lo humano. Los elementos: San Francisco, el demonio, la construcción y la montaña, están del todo integrados, no hay jerarquías si no, por el contrario, unidad. Ninguno de estos elementos es sin los otros, la pintura se arma en base a dichos nexos. El color puro, vibrante y plano del medioevo ha sido reemplazado por los matices, los valores atmosféricos y por la incidencia de la luz. . 
En la próxima escena, integrante del mismo ciclo de Frescos, apreciamos la continuidad de estas reformas. Resaltan la corporeidad del caballo, el componente arquitectónico como clave composicional, la predominancia de las líneas curvas por sobre las rectas (en abierta oposición a la tendencia del medioevo), la libertad cromática que persigue tonalidades  y contrastes inéditos, la búsqueda de movimiento y, en los monjes, la humanidad de sus gestos que alcanzan un nivel de realismo y credibilidad tal, que casi escuchamos el asombro ante la sagrada visión. El establecimiento de estas escenas donde se narra visualmente un acontecimiento, las reacciones de los personajes frente a ello, la instalación de este vivo acontecer, la captación de un momento; constituiran un código estético renacentista de gran importancia. 
Las pinturas que observaremos a continuación, forman parte de otro Ciclo de Frescos correspondientes a la etapa madura de este pintor. Se encuentran en la Capilla Scrovegni en Padua y representan la consolidación del estilo giottesco, ese umbral al Renacimiento que lo transforma en un  hito y que hace que su Obra tenga un sello inconfundible y peculiar. "La Adoración de los Reyes Magos" (Natividad) nos expone a un grupo cohesionado de figuras que comparten un momento relevante.  Destacan: el peso de los cuerpos, la luminosidad que emana de la escena, el intenso del blanco y el agudo contraste cromático entre los primeros planos y el fondo. Y he aquí otro factor de interés vinculado al acercamiento cada vez mayor a la perspectiva renacentista: la pintura medieval se decide  en  el establecimiento del fondo y la figura, a partir de Cimabue dicho esquema emprende la retirada y con el Giotto la construcción de la pintura en base a varios planos se encarna plenamente. En esta pintura podemos apreciar la majestuosidad y la elegancia que este Maestro consigue así como ese aire finamente ornamental que heredarán -entre otros- Fra Angelico, Ucello y Boticelli, representante éstos de la primera generación de pintores cien por ciento renacentistas.
En "El Abrazo ante la puerta dorada" vemos de lleno como se instala el componente psicológico-emocional de un modo tan relevante como los aspectos constructivos y formales. Es decir, el artista no sólo persigue la traducción veraz de lo físico si no también la transcripción del suceder interno de los personajes. La fuerza expresiva, el poderío comunicacional del lenguaje plástico se afianza totalmente. La elección del tema por tanto, no es irrelevante. Por el contrario, es el soporte necesario para explotar esta vertiente. En este caso, el instante que se plasma, tiene detrás la historia de Ana y Joaquín, padres de María que, siendo personas de edad, no habiendo podido engendrar y tras fervientes oraciones, se enteran cada uno por la visita de un ángel, que el milagro de la procreación se ha realizado. Giotto fija el momento en que ambos se encuentran en la puerta de la ciudad, tras conocer esta esperada y feliz noticia. Este proceder, marca un cambio vital en las generaciones que le sucederán: si bien la pintura renacentista mantiene fuertemente una faceta religiosa, en cuanto a preservar temáticas y relatos bíblicos; ahora las preferencias se inclinarán hacia el lado terreno de dichas historias, resaltando el valor humano y universal que hay detrás de ellas.
En un próximo post abordaremos los aspectos plásticos de esta pintura y el transcurso entre la Obra del Giotto y la Obra de Masaccio, artista que para la historia del arte consolida definitivamente la estética del Renacimiento.