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lunes, 24 de mayo de 2010

Anduve por las tierras de Lucila...


Vengo regresando con la mirada llena de aquel precioso y enigmático paisaje; un engarce de cumbres multiformes aprisionan al Valle de Elqui con su energía cósmica y milenaria; vuelvo con su piedra altiva y conmovedoramente imponente, con su tierra dura, cantera de tonalidades infinitas y su mágica luz que baña a las alturas de colores innombrables; con su cielo que, como inmaculado espejo nos regala estrellas, con su vegetación tocada de rojos y amarillos, naranjas y violetas en el vasto rocoso de sus verdes, marrones y ocres. Por aquí nació Lucila, por aquí creció y fue poeta antes de iniciar su gran periplo por Chile y el mundo. La Mistral no sería la Mistral sin la patria cordillerana que la hizo carne en esta tierra. Acá yacen sus huesos y su palabra viva, aquí, en las entrañas profundas de su madre natal... tal y como fue su deseo, tras la muerte, el Valle: tosco y recio, atemorizador y bello; eterno, poético, misterioso  y místico. Mientras afino mi próximo post... se los dejo en versos de Gabriela.



VALLE DE ELQUI


Tengo de llegar al Valle
que su flor guarda el almendro
y cría los higuerales
que azulan higos extremos,
para ambular a la tarde
con mis vivos y mis muertos.



Pende sobre el Valle, que arde,
una laguna de ensueño
que lo bautiza y refresca
de un eterno refrigerio
cuando el río de Elqui merma
blanqueando el ijar sediento.



Van a mirarme los cerros
como padrinos tremendos,
volviéndose en animales
con ijares soñolientos,
dando el vagido profundo
que les oigo hasta durmiendo,
porque doce me ahuecaron
cuna de piedra y de leño.



Quiero que, sentados todos
sobre la alfalfa o el trébol,
según el clan y el anillo
de los que se aman sin tiempo
y mudos se hablan sin más
que la sangre y los alientos.



Estemos así y duremos,
trocando mirada y gesto
en un repasar dichoso
el cordón de los recuerdos,
con edad y sin edad,
con nombre y sin nombre expreso,
casta de la cordillera,
apretado nudo ardiendo,
unas veces cantadora,
otras, quedada en silencio.



Pasan, del primero al último,
las alegrías, los duelos,
el mosto de los muchachos,
la lenta miel de los viejos;
pasan, en fuego, el fervor,
la congoja y el jadeo,
y más, y más: pasa el Valle
a curvas de viboreo,
de Peralillo a La Unión,
vario y uno y entero.



Hay una paz y un hervor,
hay calenturas y oreos
en este disco de carne
que aprietan los treinta cerros.
Y los ojos van y vienen
como quien hace el recuento,
y los que faltaban ya
acuden, con o sin cuerpo,
con repechos y jadeados,
con derrotas y denuedos.



A cada vez que los hallo,
más rendidos los encuentro.
Sólo les traigo la lengua
y los gestos que me dieron
y, abierto el pecho, les doy
la esperanza que no tengo.



Mi infancia aquí mana leche
de cada rama que quiebro
y de mi cara se acuerdan
salvia con el romero
y vuelven sus ojos dulces
como con entendimiento
y yo me duermo embriagada
en sus nudos y entreveros.



Quiero que me den no más
el guillave de sus cerros
y sobar, en mano y mano,
melón de olor, niño tierno,
trocando cuentos y veras
con sus pobres alimentos.



Y, si de pronto mi infancia
vuelve, salta y me da al pecho,
toda me doblo y me fundo
y, como gavilla suelta,
me recobro y me sujeto,
porque ¿cómo la revivo
con cabellos cenicientos?



Ahora ya me voy, hurtando
el rostro, por que no sepan
y me echen los cerros ojos
grises de resentimiento.



Me voy, montaña adelante,

por donde van mis arrieros,
aunque espinos y algarrobos
me atajan con llamamientos,
aguzando las espinas
o atravesándome el leño.

(Poema de Chile)


14 comentarios:

Fandestéphane dijo...

Estoy por decirte que me ha gustado más leer tu entrada que el propio poema de Gabriela Mistral.
Será porque aunque la conocía, no he tenido la oportunidad de leerla con profundidad, y siempre me he dejado llevar por otros sentimientos...
En cambio tu escrito me parece de una sensibilidad exquisita y me ha parecido extraordinario.

Un beso Eva, desde Barcelona

Taty Cascada dijo...

Cada vez que visito el Valle de Elqui, visito Vicuña. Me interno entre sus caminos inquietos, me devoro las uvas y me pierdo en los cerros...Cada vez que muerdo las papayas y visito la morada de una grande, me pierdo en todos los destellos de los cerros que lo circundan.
Un beso.

Katy dijo...

Hola Eva, un bello post lleno de colores y sonidos.
Nostálgico , mágico y sentido. Grande gabriela Mistral.
Un placer leerte y a ella también.
Un beso

reltih dijo...

rural, de la tierra. tremendo escrito.
un abrazo

emejota dijo...

Que precioso paisaje. Siento no ser tan sensible hacia el verso como lo soy hacia la prosa, es por ello que estoy totalmente de acuerdo con Fandestephane, lo suscribo. Un fuerte abrazo.

mária dijo...

Me gusta Gabriela Mistral y tambien me gusta lo que has escrito. Maravilloso pais!
Besos desde España.

Neogeminis dijo...

Hermoso homenaje...preciosos paisajes.
Un abrazo.

pelicanopitekus dijo...

Gabriela,un iceberg poético,el cual recién estamos empezando a descubrir.Hermosa,gigante.Un volcán chileno.No pudo ser otra tierra que la de ese valle encantado quien le diera el soplo de vida.
Me siento felíz de ser un habitante de esta franja a la "orilla del mar",en donde nació Lucila,para después sacar desde el alma a esta Gabriela.
Hermoso post.Gran viaje.
Abrazos.

Gladys Pacheco Leiva dijo...

Hola querida Eva que bello
relato amiga y la imagen es fantastica gracias querida
por compartir tanta bellesa.
Un abrazo grande,que estes bien.

MAJECARMU dijo...

Tu introducción nos prepara para recibir el poema de Gabriela con los ojos del alma..

Ella se unifica a esa naturaleza personificada,a la que da voz y sentimiento en sus letras,creándola,sintiéndola y recreándola en un diálogo agradecido,que extiende como inmenso tapiz generoso e infinito.
La naturaleza motiva,nutre y empuja al hombre a ser,dándole su profunda y sabia espiritualidad,mientras el hombre se crece,sabedor de su unidad con el medio natural,que le engrandece y le eleva a su destino,transcendiendo en una comunión de todos los sentidos.

Me ha encantado el poema,Gabriela es pura naturaleza.
Mi felicitación por tu elección,mi gratitud por compartir y mi abrazo de letras cálidas,Eva.

M.Jesús

Silvina Duprat dijo...

Hola, Eva!!! me encanta Gabriela Mistral, es de mis favoritas!!!! muy bueno!!!! el lugar: fantástico, ojala pudiera estar ahí en este momento....Te dejo un abrazo enorme!!!!

Gustavo Figueroa V. dijo...

Eva:

Para empezar debo decirte que tu entrada, lo que has escrito es ya en si mismo pura poesía; qué belleza de metáforas has empleado y qué exquisitez al describir ese hermoso valle. Tu entrada refleja esa capacidad de impresión que tienes y la sensibilidad que te hace asumir el bello espectáculo que ya a Gabriela Mistral inspiró.
El poema de Gabriela es esplendoroso, geográfico, metafórico, pleno de asombro, vital: es Gabriela.
Te cuento que en la ciudad donde yo nací, El Cerrito, en Colombia, allí hay una escuela que lleva el nombre de esta inmensa poeta chilena.
Cariños.

Milo Pratt dijo...

Debo reconocer que tengi una gran deuda (entre muchas otras grandes deudas) con la obra de La Mistral... por donde me recomendarias empezar tu?

Saludos desde la casa del simio!

Matías dijo...

Que paisaje más hermoso!! Al igual que tus palabras! Abrazo!