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lunes, 8 de noviembre de 2010

Naturaleza Muerta y Ella

Taller 5


Ves el cielo tras las copas de los árboles. La luz mudo juego de tiempo y movimiento. Verde el cielo nube verde nido de hojas

expulsado tu cuerpo como un recién nacido se deja ir sin mayores resistencias
estás en lo único embrionario y perpetuo. 

Aquí los dioses se consumen en el fuego de la vivencia
y las cosas
siguen siendo “las cosas” esos otros bultos
siguen siendo “personas” esas otras sombras


Larvada autoría de mis días
nido verde
nube
cielo de hojas

Ovillada en los instantes
suspensa
me gusta sentir como sucedo
nací muerta ceniza fresca, fina y ósea, veo el cielo tras las copas de los árboles, azul mar tijera punzándome la frente, lágrima acerada, ovípara palabra. Ridículamente olímpica voy de la carne al espíritu y del espíritu a la carne, de la garganta cordillerana a los iracundos picachos 

( o de la cólera refleja de los rascacielos hacia los valles mansos y sus ríos)

Se proyectan haces entre las copas
los troncos unidos por las sombras maraña de verdes negros
extraños restos fecundos
recortes
escorzos
arabescos
levemente inclinada la nuca, la boca un poco abierta
vas al cielo vuelves vas a las copas vuelves vas al humus vuelves
vas al númen total y vacua
al jardín de cardenales con la virgen en la glorieta blanca, los pastelones, el maicillo, las sillas de tela rallada. La fotografía esa. Esa que tomé para descubrirme mas tarde. Hay algo entre ella y yo pletórico y sepulto.

Ver nacer mi cabeza descosida rodar hacia su cuerpo
ida en ecos me sueña placentaria y permanece pulpa entumecida en el foso de mi boca
el silbido de su nombre duerme indescifrable
en mi urna vertebral y seca
en el amarillo endurecido de mi cáscara
salgo pujada e inducida
hacerte los trazos faltantes con el dedo de mi forma muerta

vemos las altas copas
los troncos interminables
cielo verde nube de hojas

entre ella y yo
algo que se reúne en este sitio innombrable
enterrado y vivo.


La conozco
la he visto en esos días en que me levanto de fantasma y hurgo


cuando me crece cola de perro y huelo

cuando enciendo el fuego con plegarias de loba
o baño mis alas coleópteras en las cascadas

la he visto en la hora de las alianzas
telúrica
lunática
violetas nocturnos los ojos óseos
de erótico arrebol mejillas y nalgas
huída de un cuento con demonios y hadas.

Su calavera en alto viene
encendida de blanco bajando la cuesta
escoltada por ángeles en rondas macabras

piedrecillas ruedan al despeñadero
y las estrellas lanzan miradas orgásmicas

a su pelo nuevo
a sus pechos lánguidos

viene
a veces dócil
a veces brava
a veces dócil y brava
viene
trayendo el hondo canto

a veces vívida
baldía y vívida
vuelve
uterina y vulvar vuelve
tanática y vulgar viene
en mareas amnióticas
en el claro oscuro del bardo.

Ahora atraviesa sembrados y huertas
un casorio se apresta
una mujer pare
el trigo revienta
corre la sangre

a veces meretriz
a veces madre
meretriz y madre a veces
sacramentan sus pasos
un baile de brujos y un coro de ranas

con extrema unción vuelve

a veces carnal
a veces seca y milenaria.


Matisse