apreciados visitantes (algunos fieles lectores)

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...

Y en este extenso, diverso y planetario suelo virtual nos encontramos...
moradores de un mismo país y una misma ciudad

jueves 22 de abril de 2010

TRANSFORMACIONES ( parte 1 )

Efectivamente, una serie de transformaciones han mantenido en silencio a La Cala quebrando el ritmo de publicación con el que habitualmente respira. Han sido y son cambios en mi existir externo pero sobre todo en mi suceder interno que -como todo está unido- me han retrotraído a la vez hacia mi pasado, esa bitácora de viaje a la cual a veces es beneficioso retornar, precisamente para constatar cuanto hemos cambiado, cual ha sido la ruta de ese cambio, donde estamos y somos ahora. Si bien, tras cada escrito -incluidos los pertenecientes a la literatura de ficción-, siempre se hace presente de algún modo u otro y en alguna medida, el escritor o la escritora que se parapeta tras narradores, personajes e inventadas historias; muy distinto es escribir directamente desde lo testimonial sin argucias, subterfugios ni disimulos. Que hoy, mi impulso interior me lleve a comunicarme con mis eventuales lectores desde esta otra plataforma, ya no el relato, ya no la crítica, ya no el artículo de opinión... me habla de una transformación en mi nexo con ustedes y es esto muy curioso por decirlo de algún modo, pues, como ya les anticipaba, de transformaciones precisamente ha estado hecho este último tiempo mio y de transformaciones este tiempo de ausencia.

Amparo, mi nieta, de improviso dice una palabra nueva y yo salto de asombro y de alegría. Ella ríe y siento se siente satisfecha. Aparentemente este nuevo conocimiento surge de pronto, pero sin duda ha habido un complejo y paulatino proceso para la cristalización del mismo y para que llegue a mis oídos ese precioso sonido salido de su boca. Igual sensación yo he experimentado con respecto a mi propia evolución...  repentinamente, he escuchado ese sonido precioso de lo que en mi ha cristalizado apareciendo por si solo como si fuese un prodigioso toque mágico. Esa magia es la posibilidad siempre cierta, siempre abierta, siempre dispuesta a la modificación de la conciencia. Y como la vida y la muerte, hermanas inseparables, son expertas en mutaciones y metamorfosis, se han encargado de ponerme a prueba, sometiéndome a una prolongada reconversión de mi entorno íntimo, una sucesión de hechos, sentimientos, conflictos y crisis, todo ello, ahora lo sé, para que pudiese yo oír la bella melodía de mis propios cambios.  Y este canto, se canta y se escucha en el silencio; allí donde la palabra calla y las publicaciones enmudecen.

Mas, para llegar a este cruce del camino tuvo que suceder lo que sucedió: 
hace cuatro años mi vida llegó a un punto muerto. Ese lugar verdaderamente fue un haz de luz que me permitió el descenso y el ascenso imprescindibles para las transformaciones que me permitieron abandonar mi adicción al alcohol y a otras conductas emocionales destructivas. Mi sed de existencia comenzó a ser saciada con otros "licores" y mi mundo emocional aprendió a vivir sin provocar a la muerte. Amo mi sed y amo mis emociones pues las siento como la sustancia que hace de mi la persona que soy. Pero hay en el inicio de estos cambios un fuerte temor a la pérdida, a ser cercenado, a convertirse en algo que uno no es o no quiere ser pues por muy negativo que haya sido nuestro modo de existir hasta ese instante, es eso lo que se es y despojarse de ello significa quedarse sin nada, en un descampado, a la intemperie, al descubierto. En medio de aquello has parido a tus hijos, los has visto crecer, has amado, has sido amada, has trabajado y creado. Las vicisitudes de estos últimos meses me han posibilitado vivenciar intensamente que dicha mutación nada me quitó, si no por el contrario ha hecho de mi inherente contacto con lo emocional y de mi dipsomanía por el conocimiento y la existencia, un instrumental positivo que puesto en la práctica de los acontecimientos coopera, soluciona, logra, entrega, resiste, es paciente y voluntarioso.  
Mas, para arribar a este cruce del camino tuvo que suceder lo que sucedió: para rehabilitarme, sanar, reaprender y reaprenderme, fue necesario separarme de mis tres hijos y la vida de ellos entonces, también sufrió un giro en 360 grados. A cada cual le tocó lo suyo: de lo bueno, de lo malo, de lo bello, de lo feo, de lo alegre y de lo triste. Mi hijo mayor inició su vida universitaria viviendo independiente, el adolescente rebelde y antisistémico a ultranza, hubo de responsabilizarse de si mismo y a poco andar me encontré con un hombre que no ha perdido la insurrección de su alma y que a la vez estudia, trabaja, paga sus estudios y sus cuentas. Mi hijo menor, con ocho años en aquel entonces, conoció a su padre -asunto que daría para una crónica aparte- estableciéndose allí un vínculo fundamental para él, que ha perdurado añadiendo a sus afectos a otra abuela y a otra hermana. Y mi hija tuvo que irse a otra ciudad a vivir con un progenitor ausente, prácticamente un extraño, frente al cual guardaba mucha rabia y dolor. Allá se enamoró de un joven tan joven como ella al cual  sigue unida hasta el día de hoy.  Y allá se gestó  Amparo,  que con su nueva palabra repentina ha detonado este testimonial post que recién comienza...






NO SOY LA MISMA PERO TAMBIEN LO SOY. HE AHI LA HECHICERIA DEL CAMBIO. OTRO DE SUS ABRECADABRAS CONSISTE EN QUE NO HAY TRANSFORMACION PERSONAL QUE NO TRANSFORME TAMBIEN A LOS DEMAS.



martes 6 de abril de 2010

Las niñas de Silvina Duprat, nuestras niñas.

La pequeña marinera desde su cielo mar nos mira. Su navegación la lleva a este sitio surreal de aguas-nubes y peces-pájaros. Su compañero de ruta -el pez de la gran bocaza- quiebra rotundamente lo que podría haber sido, solamente,  una escena dulce y fantasiosa ya que el gesto del animal es tan perentorio e incisivo que impulsa a la imagen completa hacia otros significados, aportando además fuerza y expresividad. Esa boca quiere tragarse  lo existente y así saciar el asombro de la vida ante la vida. En este explícito signo se concentra la avidez  y gravidez de la infancia y, en contraposición, el semblante de la niña, su enigmática e  inasible mirada, no se dejan atrapar por ningún concepto que aspire a describirlos por entero, más bien gatilla un cúmulo de turbadoras impresiones que sobrecogen enmudeciendo a la palabra.
El  arte de calidad posee una característica esencial: fundar mundos; y sin duda, la propuesta pictórica-estética que Silvina Duprat plasma en sus obras, lo hace. El universo que erige está cimentado en aquel tiempo que todos y todas llevamos dentro: nuestra niñez; un tiempo que dejamos atrás y que a menudo olvidamos pero que sin embargo pervive en la historia personal de cada cual reflejándose  en  lo que somos actualmente. Esa fuente de la cual beber cuando la sequedad de la vida adulta lo reclama, ese hogar al que podemos retornar para renovar energías y esperanzas, ese espacio donde encontrar respuestas para desatar ataduras que hoy nos aprisionan, la posibilidad de releernos en lo ocurrido y vivenciado. Sus niñas representan dichas huellas pretéritas, sus símbolos y objetos, el sustrato inconsciente que perdura en cada alma, el ser interno de aquella edad.  Mas, esta artista no se limita solamente a la creación de una iconocidad infantil que nos hable nostálgicamente de fantasías y sueños o de espacios maravillosos donde la felicidad es imperecedera; no se detiene en una visión meramente idealizada si no que plantea una búsqueda profunda de las emociones, sensaciones y pensamientos que transmitan los diversos estados del alma de la niñez, desmitificando esos años en los cuales también aprendimos de la soledad, de los roles que se nos imponen, de la incomprensión, la crueldad o del miedo. La travesía existencial de la infancia es también  tan dura y ardua como nuestras navegaciones posteriores. 



En esta pintura, la niñez se despliega en el vasto espacio físico y psicológico de los cuentos y los juegos. Allí donde no hay ruptura ni censura y lo que se imagina es lo que se es, donde lo inanimado se vitaliza fruto del soplo creativo del espíritu y la identidad se busca a si misma fundiéndose con lo que le rodea.  Hondo manantial de enseñanzas para el por venir si dejamos que sus códigos y claves se abran ante nuestros ojos. Silvina lo permite, y  en medio de este paisaje aparentemente  dócil y bondadoso se expande  a su vez  la belleza de lo oculto, su desazón, las otras energías vitales que no se presentan ni afables, ni tiernas ni virtuosas. En la convergencia de lo "bello" y lo "feo", en el cruce de lo "bueno" y lo "malo", en la rítmica secuencia de eros y tánatos hace equilibrios esta pintura, diluyendo fronteras consensuales y mostrando entonces como lo vivo puede estar muerto, como lo muerto, vivo, como al interior de lo lindo está también lo siniestro, como lo que no representa peligro alguno se torna intensamente amenazante. El aprendizaje desde la inocencia, la caída de la ingenuidad, la salvación ante futuras trampas. Y en esta misma línea, pero de manera más cruda...










... el convoy -como la muerte- puede asomar en cualquier instante.  Enfrentada a este juego esencial, sin golosinas ni juguetes ni ensoñaciones, esta niña doble, la misma o la otra, estas dos caras de la existencia; son situadas en la desolada línea férrea con la presencia silenciada del tren a sus espaldas... fuerte conciencia que empieza a develarse en la infancia con los primeros dolores, las primeras inseguridades, las angustias y temores que se entrometen en la dulzura y en la dicha de aquella etapa. 
Silvina Duprat tiene un gran mérito: su percepción de la infancia no es bobalicona y, aunque deje ver los aspectos más duros de este proceso, tampoco pierde ni la dulzura ni el encanto mágico y portentoso de aquellos años. Su pintura nos invita a un iniciático viaje que nos llevará a cruzar el umbral de los misterios. Sobrepasa  también el gran escollo que su propia obra le impone: la inmensa carga simbólica y literaria que la anima. Sabe que no es psicología, no es literatura, es pintura; por tanto el nivel técnico, formal y plástico que ha de poseer tiene que hacer el contrapeso necesario para que su valor estético no se diluya en esos otros ámbitos. Y lo consigue, ya que sus contenidos y mensajes se sustentan en la creación de un estilo que se enraiza en el buen oficio del dibujo y en un colorido atmosférico, de tonalidades oníricas, refinadas y poéticas. Sus niñas poseen una identidad característica y singular y en tal sentido análoga a la conquista del "Yo" (o la individuación) que es, en  suma, el itinerario de la infancia. 




Aquí, desde lo pop y el comics, como en un cartel publicitario, un toque de ironía y crítica: la imposición de los mandatos socioculturales... la más buena, la más bella, la más inteligente, la más capaz... multi-roles, multiorgásmica futura Mujer Maravilla.