Mis bisabuelos, José Felix y Dolores aportaron a esta tierra con la no despreciable suma de dieciocho seres humanos, nueve hombres y nueve mujeres, mis ancestros. Una de esas hijas, Marta Elisa, en estrecha colaboracíón con José de la Rosa -mis abuelos paternos- permitieron la llegada a este mundo de la Tita, hermana de mi padre. Y casi al unísono de mis dos últimos posts referidos como ya sabemos a insignes cadáveres de la historia del arte, Tita muere. Por ello digo se trata de mi propio Cuerpo Muerto. Ni Holbein ni Mantegna, ni Rembrandt ni Caracci ni David, convirtieron su cadáver en Obra. La Tita dejó su Obra en mi. Y su Obra es el Amor que me dio, leal y permanente, desde el día en que nací. Me amó tal cual soy sin haberme pedido nunca que cambiase, sin jamás reclamarme nada a cambio. Tantos excelentes momentos compartidos, risas y canto. Tantas e íntimas y cómplices conversaciones donde estuvieron presentes sus penas y las mías, también nuestras alegrías y esperanzas. Su confianza absoluta e irrenunciable en mis talentos literarios y todo lo entrañable que no cabe en las palabras.
No es la primera muerte que se agrega a mi vida, le han precedido según la lógica de la naturaleza el Tata Pepe y la Pitita, la Abú y mi Tata Humberto y Raúl y Marina y Alvaro y Diana quienes ajenos a dichas reglas murieron cuando se les dio la gana, o sea según nuestros cálculos terrenales, antes de tiempo. Y tampoco ha sido el primer cadáver del cual soy testigo; sin embargo, la Obra de la Tita en mi, incluía ser el primer cuerpo muerto al cual abrazo, acaricio y beso largamente. Incliné la cabeza sobre su regazo y sollocé no de tristeza ni de sufrimiento si no por pura emoción del alma porque en ese instante sentí de golpe e intensamente todo el Amor que me brindó y que continua entregándome. Mi existencia completa pareció desfilar en ráfagas como si yo misma estuviese muriendo y una paz maravillosa me secó el llanto.
Su Obra incorporó su propia muerte para que yo constatase como en mi ni un ápice de miedo ni de rechazo ni de rebelión, ni una gota de negatividad pervive ante lo perecedero de la carne. Y en este nuevo ciclo que recién inicio donde he vivido la muerte de una relación de pareja, la muerte de una forma de vivir, donde he abandonado el que fue mi departamento y he guardado mis escasas pertenencias, la Tita viene a recalcarme que morir es portentoso pues nos da la libertad de renacer más grandes. Que la muerte no trae más muerte si no todo lo contrario. Y me recuerda lo que todos y todas ya sabemos y que de tanto saber olvidamos a diario: el Amor es el único legado.
Cuando observo entonces lo que está sucediendo en mi vida tengo la certeza que no se trata de meras coincidencias: a las muertes mías a las que aludo, la partida física de la Tita, mis textos sobre los Cristos Muertos y otros cadáveres pintados por célebres Maestros, se añade mi nuevo trabajo: cuidar, acompañar y dar amor a dos ancianos. Siento un bienestar interior que intuyo en algo, aunque sea un poco, se parece al morir.
Abajo de esta Entrada encontrarán un reproductor con la canción "Vanidad", tema que la Tita interpretaba... para ti, Amada Tita, este bolero que tantas veces cantaste junto al piano de Alejandro - mi padre - subida en tus tacos agujas, con tú vozarrón y tú estampa formidables. ¡Tú versión claro está, es insuperable!
Abajo de esta Entrada encontrarán un reproductor con la canción "Vanidad", tema que la Tita interpretaba... para ti, Amada Tita, este bolero que tantas veces cantaste junto al piano de Alejandro - mi padre - subida en tus tacos agujas, con tú vozarrón y tú estampa formidables. ¡Tú versión claro está, es insuperable!













