Ya sea como principio mágico, como objeto utilitario o decorativo, vinculado a las creencias o secularizado, como portador de un canon de belleza o baluarte de anti-cánones y resistencias, ya como fuente de ideales y utopías o como bandera de lucha y contracultura... el Arte es inherente a la genética humana. La presencia de pintores/as y sus obras en nuestra blogósfera, viene a ser la encarnación virtual de dicha constante histórica y vital. En estos meses de correrías por diversos blogs, me los he encontrado por aquí y por allá y este post viene a ser un pequeño reconocimiento a aquella trascendental labor, ejemplificada, en este caso, en Luisa García y en Alex Pérez. (ambos me han autorizado para usar estas imágenes)Calas, óleo (http://deluisa.blogspot.com)
Evidentemente, tengo una especial predilección por las calas. Por tanto, la temática de esta obra me cautiva de por sí. Al observar este ramillete, siento que su autora ha escudriñado a través de las figuras, su composición y la densidad atmosférica que las rodea, en dos lineamientos antagónicos que se instalan como tales en el plano, dándole carácter y contundencia a la pintura. Por una parte se recoge la fuerza expresiva y teatral que estas flores poseen y, por otra, hay un trabajo de contención de esa misma energía. Sin duda, son estas calas muy expresivas. Aguzadas, dinámicas, como a punto de estallar, casi tortuosas en su afán de liberación; exacerbadas en su gestualidad hasta el punto exacto que genere una distorsión elocuente de la forma, imprimiendo tensión y dramatismo al conjunto. Y ese punto exacto lo da, precisamente, la composición que las contriñe y las aprisiona en el tiesto de cobre; parecen pugnar por tener presencia principal en la escena, atiborradas, se nos muestran desde disímiles miradas y ángulos espaciales, permitiendo una penetrante observación que estruja sus posibilidades formales y ellas, posan en distintas actitudes y posturas, reclamando, cada una, especial atención. Y lo logran, cada cala es única, protagonista principal, haciendo honor a ese misterio de la naturaleza (incluida la humana), donde los especímenes de una misma clase poseen una identidad insustituible y diversa.
Un fondo terroso que no distrae la atención, más atmosférico que cromático, al servicio del motivo y que le otorga por contraste, mayor brillantez y realce. El recipiente de cobre, unifica fondo y figura y sirve de pretexto para que la luz se manifieste, una luminosidad tenue y focalizada que casi es apagada por el blanco
pregnante y matizado de las flores contrastadas agudamente con el verde, también perentorio, de las grandes hojas.
La estructura que sostiene a la figura central es tan sólo una seña, sin embargo con un peso más bien escultórico transmite bien la sensación de base y sustento; el drástico cambio de tonalidad acompañado de tenues juegos de luces y sombras generan un contrapunto con el resto de la pintura, la desrigidizan sin que se pierda por completo su sello: cierto hieratismo que deviene en ícono y que convoca al símbolo. En tal sentido, la cala caída, la solitaria, la que sobra, la que escenográficamente yace a los pies del ramo, adquiere una presencia potente. Es un gran signo, grandilocuente, tanto para la estructura composicional de la obra como para su contenido. En una abierta diagonal, como un pequeño cuerpo en escorzo, nos permite descubrir el "invisible" entramado de líneas (diagonales, horizontales y verticales) que sujetan la imagen, así como las relaciones geométricas que se establecen entre los elementos y, sin duda, completa de manera intensa la percepción simbólica del tema. Podrían desaparecer algunas flores del jarrón, pero esta cala no. En cierto sentido, ella es el cuadro.
Naturaleza Muerta, óleo (http://perezart.blogspot.com)
Como toda Naturaleza Muerta, ésta instala la convergencia entre el mundo natural y el mundo de los objetos, hermanando lo dado y lo creado, la mano de la madre tierra y la mano humana; y de muerto, este pequeño fragmento, diminuto detalle de nuestro vasto mundo… nada tiene. La luminosidad liviana y traslúcida en la que este sencillo motivo se encuentra, le toca mágicamente posesionándolo en un espacio-tiempo que escapa de la realidad más contingente, a pesar de ser su más fiel retrato. He aquí una posible clave en esta tela para su salto desde lo real a lo hiper-real, un artilugio que hace de la exacerbación de la realidad más doméstica y cercana, un trance hacia otra dimensión que se intuye y se percibe en una suerte de pálida presencia.
Nota: he decidido no aludir a las nacionalidades de los pintores/as de este post y de los venideros, precisamente para reforzar el sentido de ser "pintores de la blogósfera", hermanados en esa condición universal.
En un próximo post, otros dos pintores bloggeros: J.R. Segura y Manolo López.
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